• Marcos Alcaraz

AC/DC - Power Up



Estar en 2020 y enfrentarse a un nuevo álbum de AC/DC no ha sido sencillo. Cuesta imaginar que una banda ya instalada en el olimpo, superados ya desde hace tiempo mil y un baches e instalados en la tranquila seguridad de su estatus, ofrezca en su decimoséptimo lanzamiento una intrahistoria detrás tan potente: entre el anterior trabajo de la banda, aquel mediocre Rock Or Bust que más bien parecía una colección de demos, y el día de hoy contamos con la terrible y significativa baja de Malcolm Young, que nos dejó en 2017 dejándonos huérfanos de su alucinante rítmica; Brian Johnson tuvo que retirarse debido a un proceso de sordera que obligó a abandonar la gira a medias, siendo sustituido por un Axl Rose más en forma que en su propia banda; Phil Rudd fue procesado a arresto domiciliario y regresó Chris Slade en su lugar; y Cliff Williams, un señor de 70 años que veía como todos sus compañeros iban cayendo por el camino, anunció que había llegado el momento de poner punto y final. Una vez repasado todo lo ocurrido, la sola concepción de este Power Up se antoja como un milagro. Y frente a él estamos reunidos hoy aquí.


Después de tal sucesión de catastróficas desdichas, Angus Young comienza a trabajar sobre riffs sueltos y temas inacabados que habían dejado él y su hermano sueltos por algún rincón; Brian Johnson se recupera por asombro de su sordera y vuelve a la que es su banda -y con ganas de demostrarlo; Phil Rudd termina su arresto y se une al club, y el regreso tanto de Rudd como de Johnson estimula a Cliff Williams a volver a reunirse con sus viejos amigos. Con la ayuda del ya habitual Stevie Young, sobrino de Angus Young que reemplaza al irremplazable Malcolm, y de nuevo con Brendan O’Brien en la producción, el grupo de “siempre” logra reunirse para volver a hacer lo de siempre.


Existe cierto retintín a la hora de recibir un nuevo álbum de AC/DC que apunta a que siempre hacen exactamente lo mismo, como si esto fuera algo negativo o restara puntos a su valía, cuando deberíamos congratularnos de poder seguir contando con música nueva antes de que el inevitable paso del tiempo nos lo impida: Motörhead o los Ramones también realizaban siempre el mismo sonido y bien que se les echa de menos en la actualidad. Hay que valorar lo que se tiene, y que en pleno 2020, 45 años después de que aquellos muchachos cruzaran las calles de Melbourne en un camión anunciando proféticamente su largo camino en el rock n’ roll, que nos encontremos frente a una colección de once canciones de AC/DC perfectas para estimular la evasión, el divertimento, la camaradería y en definitiva, alegrarte una tarde en tiempos donde más hace falta, es para todos nosotros un privilegio.


Y bien sea por el cúmulo de desdichas o por las ganas de homenajear al hermano perdido, en este Power Up (Columbia, 2020) AC/DC recupera parte de la frescura y potencia que se había perdido por el camino, siendo sorprendente la chispa mostrada en buena parte de sus 41 animados minutos: si bien es imposible rescatar el brío de su juventud como también no sería coherente exigir aquellas ganas de comerse el mundo y esa inspiración, sí que recuperan ese dominio de su propio sonido amparado por una madurez compositiva mostrado ya en Ballbreaker y Stiff Upper Lip, trabajos del que este Power Up se siente sucesor aún a pesar de mantener la misma producción radio-amigable mostrada de Black Ice y Rock Or Bust. No en vano vuelve a producir Brendan O’Brien, que muestra más tino aquí acortando de nuevo la duración y consiguiendo así que se retenga más fuerza; sabiendo cuándo apuntalar la capacidad melódica y comercial del grupo y donde tienen que volver a sonar como lo que fueron en sus mejores tiempos: una locomotora a pleno funcionamiento, totalmente engrasada y llena de energía.


Power Up nos muestra a un Brian Johnson exuberante para sus 73 primaveras. No ya es que dé el nivel en todas sus canciones como acostumbra, sino que muestra un poderío vocal que no siempre ha mostrado y por el que nadie apostaba que aguantara a estas alturas. Además ofrece varios trucos que, por poco usados, se sienten novedosos, recreándose más en sus registros graves que en sus habituales y estridentes chillidos. También nos demuestra que Phil Rudd y Cliff Williams son de las mejores bases rítmicas del rock, el absoluto secreto de la fórmula de la banda y lo que les convierte en irresistibles. Nos convence de que Stevie Young ha estado a la altura del puesto. Y también nos confirma que Angus está culminando su transformación en guitarrista blues, dedicándose más a realizar adornos y a cubrir de arpegios momentos donde antes ofrecería eléctricos y anárquicos solos de guitarra.



Si algo caracterizaba a los buenos AC/DC era su capacidad para hacerse sentir en medio de una tormenta eléctrica, y ese poderío se muestra en una Realize que recupera buena parte de ese brío característico en un tema inicial que se siente como un cañonazo, una explosión de dinamismo como hacía -mucho- tiempo que no mostraban; Rejection es una de las sorpresas más agradables del conjunto, un muestrario de lo mejor de su colección con unos coros muy juguetones que se recrean por encima de los tics habituales de la banda, mejorando progresivamente en cada escucha y sintiéndose como una gran canción de álbum. Shot In The Dark no convenció del todo en su aparición pero sí que gana en el contexto del disco, ofreciendo más de lo mismo pero con gancho y pegada: ya es suficiente. Through The Mist Of Time es otra de las grandes sorpresas, un himno pop de marcado carácter épico que por lo visto es de la era Stiff Upper LIp y que es reutilizado aquí para convertirse en una gran canción de estadios. Se puede entender además como un homenaje a Malcolm Young dados sus aires nostálgicos. Es además una muestra de que no todas las canciones accesibles del grupo tienen que recordar a You Shook Me All Night Long y una joya que será rescatada en el futuro, cuando echemos la vista atrás. También tiene marcados aires pop la vacilona Kick You When You’re Down, con varios tics vocales inesperados y un riff muy pegadizo; Witch’s Spell retrae enérgicos ecos del pasado; le sucede Demon Fire, una actualización de Caught With Your Pants Down que se convierte en uno de los momentos más vigorosos del conjunto, con ese inicio con Brian Johnson introduciéndonos en su tono más grave, un riff cortante que se convierte en una catarata de progresiones de notas aceleradas y cuyo estribillo pide a gritos ser coreado por multitudes.


Hemos sumado siete canciones y hasta aquí nos encontramos sin duda alguna ante una de las mejores sucesiones de temas que podamos encontrar en la época Brian Johnson, sin ser descabellado colocar a la altura de sus álbumes de madurez como Ballbreaker o Stiff Upper Lip, lo cual parecía una absoluta locura a estas alturas. Buena parte de ese fuelle se pierde en una segunda cara donde el ramplón estribillo de Wild Reputation arruina su interesante desarrollo; Systems Down nos retrae a los momentos más esquemáticos de aquel irregular Black Ice; Money Shot sí que llega a ciertos niveles de corrección, aunque ahí se estanca. Destacan en esta segunda mitad una No Mans Land con aires sureños y un notable punto final al álbum llamado Code Red, con Brian especialmente juguetón, coros marca de la casa y un Angus que eleva un tanto la media de la calidad de sus solos: un cierre acorde a las circunstancias. Se echa en falta, para que podemos elevar el producto a la capacidad de algunos de los mejores trabajos con Brian Johnson, un single más potente que se convierta en el representante del trabajo y que se convierta en el santo y seña de muchos de sus seguidores: para estar a la altura de Stiff Upper Lip, a Power Up le falta, exactamente, Stiff Upper Lip.


De este modo, solo queda alegrarnos por este revival que nos ofrece Power Up, el mejor álbum de la banda en 20 años y un fresco y entretenidísimo ejercicio de puro rock n’ roll. Es cierto que su música es simple y siempre sigue los mismos patrones, pero es esa celebración del buen y básico rock primario, hecha para festejar el momento, dar botes por el salón golpeado por una repentina pero contundente euforia; ser coreada en un bares en los momentos de comunión y verbena, alzando la cerveza el cielo si el ritmo de tus pies te lo impide: AC/DC es un ritual triunfal y animoso, un golpe de euforia y vitalidad que da un subidón de energía siempre necesario. El día que no estén y observemos aquellas explosiones de intensidad que son sus discos clásicos, esa energía se envolverá en el color de la nostalgia. Por suerte, todavía no es así, y en pleno año 2020 nos entregan una muy divertida colección de canciones, con alguna de las mejores que han realizado en los últimos años. Celebrémoslo. Porque es para celebrarlo.


VEREDICTO: 7/10


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