• Marcos Alcaraz

Amyl & The Sniffers - Amyl & The Sniffers (2019)

Attitude. La palabra que más ha rodeado al punk-rock desde que se erigieron sus cimientos,

tan demandada a la par que sobreexplotada. Y especialmente, falseada, pues el carisma

impostado ha sido norma dentro del género. Es por ello celebrable encontrar un conato de

verdad, un intento puro de sonar a lo que piden las extrañas. En definitiva, mostrar la famosa

actitud. Y Amyl And The Sniffers lo hacen sin complejos.




Su sola presencia es ya una declaración de principios. Al frente, la viva reencarnación de Cherie

Curie, con las maneras de una joven Debbie Harry hasta el culo de anfetaminas. Detrás de

semejante todoterreno, tres australianos con mullet, directos del rancho a tu casa,

imponiendo su condición australiana al sonido que sale a trompicones de sus instrumentos.

Sólo hace falta un primer vistazo para saber que Amyl y sus husmeadores no engañan a nadie

con su apariencia de verdadera clase obrera porque su condición no es otra sino esa. Como

tantos otros, son cuatro veinteañeros cargados con guitarras, energía y vocación que supla las

evidentes carencias.


Tampoco cuesta mucho descubrir que en directo la vigorosa Amy Taylor lo tiene. Esa chispa,

ese golpe arrebatador lleno de emoción y carisma que provoca que tirarse al suelo, al público,

al altavoz o a lo que sea parezca lo más natural y evidente del mundo. Amy Taylor sabe que lo

suyo mola, pero principalmente lo hace porque le sale hacerlo. Se necesitan tres meros

segundos de Youtube para comprobar que estos australianos encima de un escenario han de

ser un torbellino.



Es difícil trasladar la energía del directo al estudio y muchos grupos pierden fuerza por el

camino. Era un peligro para su debut y pueden decir sin miramiento alguno que lo han evitado.

También es cierto que no es un debut al uso. Desde que en 2016 Amy y sus compañeros de

piso cogieran un puñado de instrumentos y grabasen en pocas horas cuatro temas para su

primer EP “Giddy Up”, donde la influencia de Blondie es más que evidente, editaron otro EP en

2017 (“Big Attraction”) y juntaron ambos en un álbum que une ambos nombres. Pero el debut

oficial es este largo homónimo, editado este año, y que les presenta como una de las

propuestas guitarreras más interesantes del curso.


Es fácil encontrar la influencia de muchos grupos de punk setenteros, así como también

reconocer ecos de AC/DC o Rose Tattoo y, en general, del punk rock australiano. Es fácil

reconocer también que han dado un salto cualitativo en su paso a una producción más limpia,

gracias a la labor de Ross Orton, productor del AM de Arctic Monkeys que da consistencia a su

sonido sin que pierda un ápice de fuerza, y es también fácil reconocer que no inventan

absolutamente nada en su propuesta. Pero sin duda, lo más sencillo es darle al play y dejarse

apisonar por 29 minutos de furia, braveza, rabia y orgullo. Amyl y sus Sniffers están aquí y

prometen darnos unas cuantas alegrías en el futuro. Les sobran ganas de demostrarlo. Y, por

encima de todo, attitude.

Melopea

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