• Marcos Alcaraz

Another Round: la causa y la solución



Ya lo decía Homer Simpson, ese hombre en otra vida tan acostumbrado a decir verdades: “El alcohol, causa y a la vez solución de todos los problemas de la vida”. Nunca le faltó razón: hablamos al fin y al cabo de la droga más consumida en todo el planeta a la par de la más tolerada y popular. Sus efectos secundarios son más peligrosos que algunas sustancias a día de hoy prohibidas, y sin embargo es indivisible a la propia vida del ser humano: ahí está Díaz Ayuso hablándonos de las bondades de poder salir de trabajar e ir a tomar un par de cañas; también está Boris Johnson dejando bien claro que lo primero que hará nada más comenzar la desescalada en Reino Unido será acudir a un pub a “llevar una pinta de cerveza a mis labios”. El cine se ha encargado de enseñarnos sus peligros, la peligrosa espiral que sucede una vez nos dejamos caer en sus redes: en Días Sin Huella -maravilloso título- Billy Wilder nos llevaba por una espiral de autodestrucción que llegaba al clímax en la imagen sombreada de una botella; Días de Vino y Rosas nos llevaba por un descenso sin paliativos en una pareja que empezó en el frenesí y acabó en el infierno. También en el averno acabó la carrera de Nicholas Cage, pero antes de hundirse al completo en el fango nos regaló una de sus mejores actuaciones en Leaving Las Vegas, una visión del alcoholismo cruda y áspera.

En Another Round también asistimos a la espiral autodestructiva del alcohol, pues realizar una mirada sobre su pronunciamiento en nuestra sociedad sin mostrar sus peligros y consecuencias no sería una visión completa. Pero Thomas Vinterberg se guarda un as en la manga: nos muestra sus riesgos, pero también, y esto es menos usual, nos muestra sus bondades. Porque sí, existen bondades en el alcohol: ahí está la desinhibición que provoca, el aumento de confianza en uno mismo y su capacidad para aumentar la extroversión de cada persona. Por lo general, las miradas al alcoholismo en el cine han quedado ancladas al personaje secundario bufonesco y a la destrucción: no todas se han despojado de moralismo para realizarnos una visión más certera, con sus claros y oscuros, aunque pesen más unos que otros. Ese es el secreto de Another Round: el camino de estos cuatro profesores está desprovisto de moralidad aunque nos lleve a todas las travesías que abre el alcohol, llegando a ese maravilloso final donde nosotros acabamos bailando en motivo de celebración, pese a todo aquello por lo que hemos pasado.

Thomas Vinterberg, director de obras mayúsculas como Celebración o La Caza, nos cuenta con notable acierto la historia de estos cuatro aburridos profesores, sepultados en la rutina y en la falta de emociones, que deciden realizar un estudio donde prueban los efectos del alcohol en su vida diaria. Comienza así un viaje apasionante, bien relatado y ameno de ver y donde nos podemos sentir reflejados con facilidad. Comandados por un siempre memorable Mads Mikkelsen, asistimos al cambio en la vida de los cuatro maestros mientras Vinterberg nos pincela la imagen de una Dinamarca adicta al alcohol, con su juventud desatada jugando a juegos etílicos. Hay miradas al mundo etílico que se olvidan de un detalle principal por poco ético que pueda parecer contemplarlo: en buena parte de su recorrido, el alcohol da felicidad. Son los instantes más burbujeantes los que hacen de Another Round una gran película, una vez vemos esas clases perfectas, conocemos a Anteojitos y la desinhibición nos lleva a la alegría. Acierta también cuando pincha el globo, pero más acierta aún Vinterberg cuando no nos hace descarrilar, sino que nos deja en el camino del medio, considerando las dos partes de la balanza.

Cabe esperar que este domingo Another Round se alce con el premio a la Mejor Película de Habla no Inglesa en la gala de los Premios Óscar. Vinterberg ha sido también nominado a la Mejor Dirección, pero ahí quedará su reconocimiento. En todo caso, una vez lo gane -y será bien merecido- tocará celebrarlo alzando una copa frente a la pantalla, mientras nos llega a la cabeza la melodía de esa “What A Life” y pensemos en ese baile caótico, anárquico y festivo, en la imagen destilada por un filtro de burbujas, en la celebración de la propia vida.


Entradas Recientes

Ver todo