• Marcos Alcaraz

Derby Motoreta's Burrito Kachimba - Hilo Negro



En una de las primeras críticas que dieron lugar en esta página web, escribíamos acerca del debut de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba lo siguiente: “No sé sabe qué deparará el futuro para una banda: tan pronto se huelen las mieles del éxito pueden quedarse en el mero espejismo, como tantas y tantas bandas que prometían llegar a la excelencia y se han quedado en el cajón del olvido, en un mero intento. Pero sí que se pueden encontrar ciertos posos en grupos que indican que, si nada se tuerce, la energía encontrada puede alumbrar muchos caminos”. Ha llegado el día de valorar cuál ha sido su siguiente paso: Hilo Negro, continuación de aquel esperanzador debut, se publicó el pasado viernes 23 de abril y nos revela que, después de ver nacer el fenómeno, estamos ante su confirmación.

Derby Motoreta’s Burrito Kachimba continúan estableciendo su propio sonido, más allá de las habituales referencias a las que se les suele emparentar: a Triana, porque ya hicieron algo similar en el pasado; a King Gizzard, porque era fácil considerarlos seguidores. En Hilo Negro, despojados del espejo de uno y del reflejo de otro, podemos decir que la motoreta corre por sí misma, espoleada por la estupenda voz de un cada día más confiado en sí mismo Dandy Piranha y por un trabajo instrumental cada día más cohesionado y engrasado: si en el debut había gasolina de sobra, en Hilo Negro prácticamente rebosa. A medio camino entre la trascendencia y lo trivial, entre la seriedad y el chiste, en Hilo Negro confirmamos las estupendas maneras presentadas, reafirmadas en un trabajo que suena más potente a la misma vez que introduce influencias más progresivas a su flamenco electrificado.

Y es paradójico que el álbum que confirma a la banda, que supera con creces los logros realizados en su primer largo, comience a la misma vez de forma dubitativa: El Valle, carta de presentación del trabajo, se hace corta, y las reminiscencias a Rage Against The Machine de 13 monos no acaban de cuajar en su propia sonoridad. Entre medias, la segunda pista, Porselana Teeth, una muestra espléndida de su frescura y de las influencias más progresivas que vamos a encontrar. Es en RGTQ cuando Hilo Negro despega hasta tocar el cielo, una estupenda muestra de lo mejor que saben hacer antes de llegar a la que pueda ser la obra cumbre hasta la fecha del grupo: Gitana tiene aroma a clásico, desde su sinuoso y épico inicio hasta esa explosión cercana al doom metal de su final, pasando por una explosión guitarrera en una progresión ascendente como solo ellos saben hacer.

Seguimos en un viaje alucinante en Somnium Igni Pt.2, que conecta con su debut y que sirve como reflejo de la expansión sonora que vive la banda respecto a sus inicios: las influencias progresivas, incluso del metal alternativo, se hacen notorias, e incluso recurren a una pizca de electrónica en una de las mejores odiseas que ofrece este álbum. Vuelve la intensidad pura en Turbocamello, cañonazo absoluto que corre a lomos de una magnífica línea de bajo; no decae la potencia ni el desmadre en Caño Cojo, bomba de relojería para sus conciertos, o en Dámela: y como los buenos caminos han de tener siempre su recompensa una vez lleguemos a su final, el medio tiempo La Cueva es un cierre sorprendente, y ante todo, brillante.

Después de una aparición fulgurante, que les colocaba como presente y futuro del panorama nacional, podemos presumir de estar viendo en directo la confirmación de una banda que ya no se olvidará. Sumando dinamita a su ya poblado cancionero, Derby Motoreta’s Burrito Kachimba mejoran lo ya mostrado y se revelan como ente propio, como una banda alejada de reverberaciones pasadas: cada día es menos adecuado decir que suenan como Triana o acordarse de Smash. El tubo de escape de la Motoreta es único y resuena por sí mismo, propio de un motor de gran cilindrada al que le quedan muchas sorpresas por dar.


VEREDICTO: Es un orgullo ver cabalgar a este caballo. 8/10





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