• Marcos Alcaraz

El guerrero eléctrico

Llamamos vampirización en la música al proceso de absorber un artista las cualidades o las señas de identidad de otro artista a imitar. Y cuando queremos dar un ejemplo de músico vampiro, siempre recurrimos a David Bowie. Bowie siempre se ha rodeado de aquellos músicos a los que él adoraba y de quienes intentaba adaptar algunas de sus principales virtudes. De esta forma se rodeó y apoyó a músicos como Lou Reed (al que le produjo su disco Transformer), del que había absorbido muchos de los puntos más característicos de la Velvet Underground; a Iggy Pop, al que relanzó a la fama produciendo y coescribiendo sus dos primeros discos en solitario ,además del último trabajo de los Stooges. Podríamos decir que este proceso era bilateral: Bowie relanzaba la carrera de sus principales ídolos a cambio de adoptar alguna de sus características. En los 90 lo volvería a hacer con Nine Inch Nails, con quienes colaboró en directo y que fueron la principal influencia para que Bowie se marcase un álbum de música Industrial, completamente volcado a la electrónica.


Aunque el mayor proceso de vampirización de Bowie -aunque esta vez fuese únicamente unilateral- fue a Marc Bolan, más conocido por ser el líder y principal componente de T. Rex. Siendo explícitos, Marc Bolan era T. Rex. Pongámonos en situación: estamos en 1971 y David Bowie acaba de sacar uno de sus mejores álbumes, Hunky Dory, claramente influenciado por la Velvet Underground y que contendría algunas de sus canciones más reivindicables, como las inmortales Changes o Life On Mars, o la aclamada Oh! You Pretty Things o Quicksand. Hasta la fecha, el álbum más redondo de Bowie. No pasarían más de seis meses desde el lanzamiento de Hunky Dory hasta la aparición de la por todos considerada obra maestra The Rise And Fall Of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars. Un disco que se convertiría, junto al personaje ficticio Ziggy Stardust, representado por el de Londres, en los mayores iconos de su carrera, y el mayor símbolo de un nuevo género, el glam rock.



David Bowie y Marc Bolan, 1977


El glam rock consistía simplemente en mezclar el rock n roll cincuentero, el más primitivo y sucio posible, con el pop británico, con esas melodías tan pegadizas y tatareables. Su cadencia era muy marcada y destilaba sensualidad. Contaba además con unas normas de vestuario: a cuanto más estrafalario y amanerado, más glam sería. Sin embargo, aunque Bowie se ha convertido en el principal referente del estilo al menos para la gran masa, no fue el creador, ni mucho menos quien lo popularizó. Y aquí es donde volvemos al proceso de vampirización, y concretamente, a Marc Bolan, a T. Rex: el guerrero eléctrico.

Marc Bolan, originalmente Marc Winifred Feld (Bolan es una contracción del nombre de su mayor ídolo, BOb DyLAN) nacido en el este de Londres, de mezcla de sangre judía e irlandesa, empezaría desde muy pequeño dos pasiones: el rock de los años 50 y la literatura de Tolkien. Sin embargo, empezó a conseguir nombre haciendo folk rock: creó la banda Tyranossaurus Rex junto al baterista Steve Peregrin Tuk (colosal nombre) y acabaron los 60 haciendo folk rock psicodélico de, eso sí, marcada cadencia. Sin embargo, a Bolan le tiraba más el lado eléctrico y poco a poco va introduciendo guitarras eléctricas en sus temas, algo que al otro miembro de la banda, Peregrin Tuk, no le hace demasiada gracia, por lo que termina abandonando el grupo.

Es el inicio del cambio: T. Rex se queda sólo, únicamente apoyado por su productor Toni Visconti (al que luego volveremos) y con Mickey Finn supliendo a Peregrin Tuk en la percusión. Tyranossaurus Rex, como nombre, queda obsoleto para Bolan, lo que da pie a la abreviación T. Rex (hay estudios de marketing que tratan sobre esto, cuidado). En su quinto álbum, ya con la abreviación T.Rex como nombre, comienza un marcado camino hacia parajes más eléctricos, manteniendo la cadencia y el cortado minutaje que predominaba en la música de Bolan cuando hacía folk rock. Música simple, breve, pero muy rica en matices y, algo que sería muy importante en la creación del glam: de marcada sensualidad.


En 1970, en la promoción de este quinto álbum, llegaría la primera canción puramente glam y la primera que marcaría el particular sonido de T. Rex, Ride a White Swan, que se posicionó en lo más alto de las listas inglesas. Sería solo el aviso de lo que llegaría en 1971, únicamente nueve meses después: el 24 de septiembre de ese año se publicaría Electric Warrior, el disco que marcaría un antes y un después en la música inglesa de la década de los 70. Llegaría precedido por otro éxito, Hot Love, carta de presentación del álbum que, sin embargo, quedaría fuera de él.


No hace falta sino oír los primeros acordes de Mambo Sun para saber que nos hemos introducido de lleno en el glam. Aquí está todo lo que representa al género: guitarras sucias, pero sexys: una cadencia rítmica muy marcada, ayudada por una predominante base de percusión y una melodía de guitarra apoyada en la repetición de uno o varios riffs, y en varios momentos, sección de cuerda o coros para aumentar la grandilocuencia y el contagio del estribillo. Esa atmósfera sexy, ese tono erótico y pegadizo que contiene el álbum… no se había oído nada igual.


Aunque la calidad musical de Marc Bolan queda fuera de una sola etiqueta: Electric Warrior muestra una gran riqueza musical a la par de sonar tremendamente innovador. No en vano Bolan se había rodeado de una buena banda acompañante. Al ya citado Mickey Finn se les uniría el bajista Stevie Currie, el batería Bill Legend y los coristas Howard Kaylan Y Mark Volman, añadidos a la ya habitual producción de Toni Visconti, uno de los principales realizadores del sonido de Electric Warrior.





¡Y qué disco Electric Warrior! Lo componen once temas, tan llenos de matices que piden a gritos una disección individual. Aunque quizá lo podamos resumir todo en un único tema: Get It On, el principal hit del álbum y quizá la canción más reconocible de T. Rex. Todas las virtudes de la banda se concentran en el mismo tema: un riff inapelable, un estribillo brillantemente pegadizo, guitarras sucias y la marcada cadencia incitadora del sexo más lascivo. La música de Bolan no deja de seguir una marcada fórmula: la cosa es, ¡qué formula! A pesar de que Get It On es el punto más álgido del disco, el resto no mira atrás: se abre con Mambo Sun, el tema que básicamente resume los mandamientos del glam; tenemos Jeepster, el mayor éxito de T. Rex en Inglaterra y una de sus canciones más pegadizas; nos podemos encontrar con glam rock en su máxima expresión en temas como The Motivator, Planet Queen (que a no conocedores de la banda les sonará extrañamente semejante a David Bowie) o Lean Woman Blues, o la ya puramente cruda (y casi punk) Rip Off. ¿Y qué pasa cuando Electric Warrior baja el ritmo? Que nos encontramos al clásico Cosmic Dancer (que la película Billy Elliot hizo extrañamente famosa), el medio tiempo Soul Monolith, la pegadiza Life a Gas (quizá con las mejores estrofas del largo) o la preciosa balada Girl. Once temas inapelables, muy compactos entre sí, con temas que a día de hoy también serían increíble éxitos.


El secreto de Bolan fue adaptar bien una época: fue el primero que vio hacia donde iba la corriente musical de inicios de los 70 y que entendió la vestimenta como un instrumento de marketing: marcado es el día en el que T. Rex apareció en la televisión británica cantando Get It On con el pelo cardado, zapatos con plataforma, maquillaje, brillantina y una boa de plumas sobre los hombros. Fue el primero en hacerlo, aunque sin duda aquí el lector habrá hecho un paralelismo con Bowie. O más concretamente, con Ziggy Stardust. Y aquí volvemos al proceso de vampirización.


No sólo hay que reconocer a Marc Bolan de ser el creador de un subgénero, el susodicho glam rock, que después seguirían bandas como Sweet, Gary Glitter, Slade… y sobre todo, Bowie. Otro gran reclamo de Electric Warrior es el hecho de ser el germen de uno de los discos más importantes de la historia de la música contemporánea: el ya citado Ziggy Stardust. No en vano Bowie contaba con el mismo productor que T. Rex, Toni Visconti, que le acompañaría intermitentemente desde aquellos días al más reciente The Next Day (2013), también producido por Visconti. Aunque Ziggy Stardust no es producido por Visconti (fue producido por el mismo Bowie) si cooperó con él y en numerosas entrevistas admitió que el punto base del sonido del álbum era Electric Warrior. Fue el álbum que hizo que el genio de Londres se decidiese completamente por el glam rock, adoptase todos sus mandamientos y crease su propia figura, la del marciano Ziggy, llegado a la tierra y que acabaría formando un grupo de rock con The Spiders From Mars.


Fue el inicio de una excitante carrera discográfica que durante unos pocos años tuvo un gran éxito: a la obra maestra que es Electric Warrior le siguió otro disco al nivel, The Slider (1972), que contendría temas tan representativos como Metal Guru o Telegram Sam. Cerraría la trilogía principal de T. Rex el álbum Tanx (1973), si bien menos comercial que los dos anteriores, también sobresaliente. O los reconocidos singles Children Of The Revolution y 20Th Century Boy. Sin embargo, una etapa de deserciones en la banda, acompañada de una menor calidad musical, llevarían a T. Rex a una rápida etapa en la sombra, de la que se recuperaría tres álbumes después de menor relevancia con los reivindicables Futuristic Dragon y Dandy In The Underlword, que le acercarían a los éxitos de antaño. La explosión de la música punk ahogaría a muchos grupos de los setenta, sin embargo T. Rex, muy idolatrado por los músicos punks, se vio marcadamente favorecido por ello. Y cuando más estaba recuperando su éxito, cuando llegaría el álbum que le devolvería finalmente a los números 1, el proyecto Jack Daniels, llegaría la fatídica fecha de su muerte, tras un accidente de coche con su mujer tras ingerir grandes cantidades de alcohol. Ella salió ilesa, pero Marc Bolan murió en el acto, dando por finalizada la carrera de una de las mayores estrellas del rock n’ roll. Tenía sólo 29 años (cumpliría 30 ese 1977), impidiendo que pudiésemos disfrutar de los álbumes de madurez del artista.


La estrella de Bolan no murió: es más que clara su influencia en numerosos grupos venideros (cito aquí algunos que han admitido la influencia de T. Rex: Sweet, Suzi Quatro, Kiss, Cheap Trick, REM, Suede, Smashing Pumpkins, Sex Pistols, The Smiths, Guns N’ Roses, Motley Crüe, Gary Numan, Def Leppard, Blondie…) y su música sigue estando vigente en nuestros días. Si bien es cierto que no forma parte, en la concepción de la música en la actualidad, del nivel de David Bowie, algunos de sus discos, como el aquí tratado, forman parte del olimpo musical y deben ser reivindicados constantemente. No es descabellado pensar en que Electric Warrior sea una de las obras magnas de la música contemporánea, por lo que le deberíamos agradecer a Marc Bolan tanto su creación como posterior legado: y que vivan los músicos vampiros.

Melopea

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