• Marcos Alcaraz

Fontaines DC. - Dogrel (2019)


Empieza a haber una clara tendencia en la juventud de las islas británicas hacia el post-punk más contestatario y desencantado. Es cierto que la situación actual más arriba del Canal de la Mancha es propicia para ello: el auge de los populismos y nacionalismos en tierras anglosajonas, con el Brexit no ya por medio sino capitalizando cada acto y momento, está formando a una generación visiblemente descontenta con los líderes y estamentos de su sociedad, que ve como sus problemas ni tienen solución ni a nadie que medie por ellos, con los principales estamentos centrados en batallas aparentemente más grandes como también más vacuas.

Este descontento, esta búsqueda de identidad propia se refleja en el grupo líder de esta ola de grupos, los británicos Idles, que cantan, recitan y berrean contra la sociedad del brexit que les rodea y contra las masculinidades tóxicas y también se ve reflejado en grupos como Shame, o estos Fontaines Dc, llegados de tierras irlandesas y que con sólo su álbum debut se colocan en la vertiente de este movimiento con un álbum loado por la crítica y que les ha puesto en el punto de mira de todo el mundo.


Como Idles, en Fontaines se canta y se recita. De hecho, se recita mucho: su cantante Grian Chatten expulsa las letras como si las escupiera, con su característico tono irlandés. La lírica y la poesía son muy importantes en la banda, como ellos mismos citan en su propia página, recogiendo como influencias a Brendan Behan, Allen Ginsberg, Patrick Kanavagh o James Joyce. En sus letras se recoge ese malestar propio de la juventud actual y se respira una actitud contestaría y con leves asomos de esperanza, un homenaje a su tierra irlandesa y a todos aquellos que la forman con un estilo simple, repetitivo y cotidiano de fácil dispersión en tabernas.

Dichas palabras cabalgan sobre la energía que transmiten todos sus miembros desgañitándose con sus instrumentos, ya sea en las piezas más enrabietadas o en aquellas más reposadas siempre hay personalidad, garra, energía y mala leche: pues si de algo pueden presumir Fontaines DC es de saber transmitir lo que quieren, y lo que tienen.


También cuentan con la capacidad para hacer un álbum homogéneo con canciones muy diferentes entre sí: en ocasiones pueden recordar a The Fall o a Stiff Little Fingers, como pueden parir un par de temas muy The Clash o acabar el álbum cantando a Dublín con una tonadilla muy deudora de The Pogues. También pueden ofrecer devaneos guitarreros de calibre como los mostrados en Hurricane Laughter o Chequeless Reckless, que les emparentan más con sus coetáneos Idles. No son estos la única referencia más contemporánea: en Too Real podemos encontrar a los primeros Bloc Party y Boys In The Better Land la podría firmar el mejor Pete Doherty. Y no es únicamente una labor de cohesión, pues no son un mero corta y pega: como buen álbum primerizo, reflejan todas sus referencias pero siempre bajo su propia mirada y estilo, llegando al punto álgido de Liberty Belle, un tema nada propio de bandas noveles y que es un claro reflejo de lo lejos que pueden llegar.

Sorprende la solidez que muestran para ser el álbum debut y ser también una banda con únicamente dos primaveras de existencia, que en cuestión de 24 meses han pasado de dar conciertos para cuatro amiguetes a dar la vuelta al mundo de escenario en escenario. Con este Dogrel ya se colocan entre lo más florido del año, aunque su mayor virtud es el aparente prometedor futuro que les espera a ellos y a nosotros como sus beneficiados oyentes.




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