• Marcos Alcaraz

Greta Van Fleet - The Battle At Garden's Gate



Como aficionado del Real Madrid llevo toda la semana acostumbrado a debatir acerca de temas controvertidos y/o odiosos, así que me considero con bastante capacidad para afrontar la crítica al último álbum de Greta Van Fleet, quizá de las bandas que mayor división crean en el mundo musical actual: contamos con la crítica, que les repudia, y sumamos aquellos que les acusan de ser un mero plagio de Led Zeppelin, un cosplay de los años 70 que viene a ser algo similar a lo que representa Stranger Things en la parrilla televisiva actual. Sus aficionados se escudan en cuestionar dónde está el inconveniente de volver a escuchar algo tan bello como el hard rock épico de la década dorada en pleno 2021: qué más da a quién suenan o dejan de sonar mientras lo hagan bien. Nos enfrentamos a uno de esos debates donde todos sus componentes llevan razón y todos los alegatos suman entre sí, provocando el fenómeno de una banda que ya a estas alturas es amada, y a la misma vez, bastante odiosa.

Porque los motivos para rechazar a Greta Van Fleet no se quedan únicamente en el remedo que realizan a la música de Led Zeppelin: está en buena parte de su presencia escénica, recreando una moda tan arcaica como hortera, como así también en los gorgoritos de un cantante que empieza a convertirse en el eslabón débil de la formación. Cada día más alejado de Robert Plant y más próximo a Geddy Lee, los continuos gorgoritos, chillidos y grazneos de Josh Grizka le dan un protagonismo exacerbado y en ocasiones innecesario, cuando la música que realizan el resto de componentes puede valerse por sí misma. En cualquier caso, los motivos para el rechazo están ahí, pero Greta Van Fleet han acertado en su camino: qué más da quién te nieguen, si puedes asegurarte la confianza de quienes te aprecian.

Porque The Battle At Garden’s Gate es un disco de confirmación. Nos confirma que hay banda para rato, que sigue sumando buenas canciones a su repertorio y que empieza a labrar su propio camino, aunque todavía les queda apartar cierta maleza para allanarlo. Y eso que hablamos de un álbum con errores clamorosos, empezando por su desproporcionada duración, la cual provoca que se vuelva un tanto reiterativo y nos demos cuenta con mayor celeridad que hay cierta repetición de esquemas en su propuesta: nos cuentan en una hora lo que se podría haber realizado en 40, 45 minutos. También se les achaca cierta ausencia de temas contundentes, tales como aquellos Highway Tune o Safari Song con los que les vimos nacer, y cierto exceso de medios tiempos que se tornan más redundantes con la ya comentada extensa duración. Y por mucho que nos juren y perjuren haber dejado atrás la estela de Led Zeppelin, es imposible no acordarse del cuarteto londinense en ese Stairway To Heaven de baratillo que es Broken Bells, quizá el momento más repelente del álbum para todos aquellos que no les puedan soportarlos, con toda seguridad el motivo por el que está colocada como tercera pista del tracklist: para realizar criba entre los oyentes.

Y con todos esos fallos evidentes, The Battle At Garden’s Gate es hasta la fecha el álbum más certero de Greta Van Fleet, donde empiezan a mostrar un mayor combinado de referencias que les empieza a llevar a su propio carácter: un sello más espiritual a la par de épico, que recoge sonoridades de bandas más allá de Led Zeppelin como es el caso de Rush, Yes o Boston. Los jóvenes muchachos suenan más engrasados, con una química palpable, y eso se constata en las canciones, varias de ellas de lo mejor que han realizado hasta ahora. Hay algo bello y épico en la forma en la que las guitarras acústicas entran en medio del caos en Heat Above, tema de apertura y desde ya uno de los puntales del repertorio del cuarteto; fascina la contundencia de Age Of Machine, siete minutos de pura epopeya donde no falta ni sobra nada; se incrusta en el cerebro el poderoso riff de My Way Soon, un tema rock como mandan los cánones; y nos encontramos buenos temas de álbum, aquellos que mejoran el contenido y endulzan el camino como es el caso de una sorprendente Stardust Chords o Trip The Light Fantastic. Y por si fuera poco, se la juegan al término del largo con una The Weight Of Dreams de nueve minutos que es una pirueta con doble mortal de la que logran salir airosos, e incluso con brillantez, como es el caso de ese magnífico solo de Jake Kiszka.

Se pueden dar por tanto Greta Van Fleet vencedores de esta batalla, que les confirma en la actualidad, les coloca en la rampa de salida de cara a tener su propio espíritu como grupo y que les moldea, pese a los clamorosos errores víctima de no saber todavía bien escoger sus propias decisiones -ahí está el exceso de minutaje para demostrarlo- pero con The Battle At Garden’s Gate ganan tiempo para terminar de pulir sus defectos. Con ellos, con sus vicios y vicisitudes, han logrado entregar un puñado de temas que los que ya pueden considerarse como sus seguidores aplaudirán. Y seguramente no convenzan a ninguno de los que les rechazaron en su abrupta aparición, pero no les necesitan, pues con este álbum aseguran a todos aquellos que sí les defendieron. Ellos bien saben que queda camino, pero la dirección es la correcta.

VEREDICTO: A pesar de los pesares, Greta Van Fleet entregan un buen puñado de canciones que les consolidan como grupo y les abre la posibilidad de forjar su propio destino. 7/10



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