• Marcos Alcaraz

King Gizzard & The Lizard Wizard - K.G.



Es tan habitual para King Gizzard & The Lizard Wizard, teniendo en cuenta lo prolíficos que suelen ser, el sacar varios álbumes en tan solo doce meses que casi podríamos considerar como noticia que en este año 2020 se hayan limitado a una única publicación, más aún teniendo en cuenta la pandemia y su consiguiente confinamiento de por medio. Quizás el próximo año batan su récord de cinco largos publicados en doce meses, en concreto en el año 2017: esa fecundidad discográfica ha provocado que, con menos de diez años de carrera, estemos hablando de un grupo con 16 discos de estudio. Una locura que algunos de sus coetáneos también conocen -ahí están Ty Segall, Thee Oh Sees y por supuesto los 314 de Buckethead- pero que en King Gizzard ha causado menos deterioro y agotamiento a sus fieles dada su capacidad para saltar de un género a otro, lo cual han mostrado en cada uno de ellos. Siempre claras sus señas de identidad, con esas repeticiones tan heredadas del krautrock de los setenta y la voz doblando la melodía de las guitarras, hemos escuchado a King Gizzard realizar rock progresivo, garage, hard rock, jazz fusion, psicodelia… Incluso en su anterior último referente probaban con algo tan a priori alejado como el thrash metal: y con muy buena fortuna.


En este K.G. que hoy reseñamos, publicado el pasado viernes 20 de noviembre, King Gizzard vuelven a tonos y estilos que ya reconocemos sus fieles al no ser precisamente sus primeras incursiones en ellos. Lo que hacen en este álbum ya lo han hecho anteriormente, lo cual puede llegar a sorprender dada su fama de ser una banda capaz de estar en un continuo paso hacia adelante en su carrera, fama un tanto exagerada ya que no es precisamente nuevo en su carrera recuperar tonos y estilos: en Nonagon Infinity, por ejemplo, perfilaban lo que ya habían mostrado en I’m In Your MInd Fuzz. Aquí, similar a ese modelo, se revisita aquel Flying Microtonal Banana recuperando para la ocasión la microtonalidad para hacer énfasis en aires árabes y psicodélicos. Y lo que es realmente curioso de este K.G. es que, bajo esa revisión de lo microtonal, King Gizzard hacen un resumen de lo que ha supuesto toda su carrera entrelazando todos los palos dados hasta el momento. Podemos decir que K.G. no falta a título -las siglas del propio grupo- ya que suena a ellos mismos, a sonidos ya realizados antes, pero esta vez bajo una única e interesante mirada: la propia, la de quien observa sus logros para lanzarse a crear algo nuevo. Seguramente toda esta colección de temas nazca de un bloqueo creativo -aquí me estoy aventurando, es una sensación personal- y de querer desarrollar una de sus facetas han acabado reuniendo todas ellas, dando lugar a un estupendo resultado.


Porque lo que muestra K.G. es que King Gizzard no necesitan estar en un continuo salto de trapecista para mostrar su inmenso talento, todavía en expansión por muchos discos que hayan sacado hasta la fecha. En este repaso de los propios sonidos de la banda, los australianos empiezan a mostrar señas de madurez como compositores, destacando su talento para ser capaces de cohesionar un conjunto repleto de sonoridades tan diferentes entre sí, aproximándose a tantos lugares distintos consiguiendo que todo quede bien trazado bajo un estilo uniforme pero abundante de matices: en otras manos todo esto llegaría a desbarrar, pero en este trabajo sin embargo todo se siente parte de una entidad única. Es mágico como pueden llevarte por caminos comunes en su trayectoria y terminan arrastrándote a direcciones inesperadas, como en esa barbaridad llamada Intrasport, donde mezclan la microtonalidad con el sonido Madchester de los 90 creando la rave turca donde querrías bailar durante dos noches seguidas sin necesidad de pasar por casa a avituallar. O en la estupenda Honey, quizás su hit mejor acabado hasta la fecha; o en esas exploraciones del sonido microtonal tan estimulantes como Minimum Brain Size y Ontology que te hacen recordar cuán excitante es escucharles; incluso cuando vuelven a su sonido más común como en Automation o Some Of Us son capaces de seguir estimulando al oyente, en especial con el cañonazo de inicio que supone la primera de ellas. Y qué decir de Straws In The Wind: solamente ellos pueden salir indemnes de una disertación de seis minutos como ésta, tan injustificada como apasionante.


Todo ello perfectamente hilado entre sí, en un delicioso auto-viaje de revisión que cimenta su propio estilo y vuelve a encumbrarles como uno de los grupos más relevantes de nuestro tiempo: impresiona la discografía que han conseguido en tan solo nueve años, una explosión de creatividad a la altura de los más grandes de todo esto. La fórmula King Gizzard, lejos de mostrar signos de agotamiento, empieza a mostrar señales de encontrarse en edad de madurez. Terminando de perfilar su propio sonido, King Gizzard muestran estar terminando de entenderse a sí mismos.


VALORACIÓN: 8/10



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