• Dario Blanco

La lista de la Rolling



Lo han vuelto a hacer. La Rolling Stone se ha vuelto a meter en el fregao de hacer la lista de los 100/200/500/1001 mejores discos de la historia. Lo hizo ya en 2003, en una lista plagada de pollaviejismo rockero, que actualizaron en 2012. Obviamente, las críticas y los desacuerdos no se han hecho esperar. “¿Qué coño hace What´s Going On por encima de Pet Sounds?”, fue lo primero que pensó un servidor, pero uno se encuentra desde quejas a que esté el último disco de Harry Styles (¡por encima de Funeral!) a gente flipando con que Lauryn Hill esté en el top 10. Eso y todos locos porque Sgt. Peppers, antiguo número 1, haya caído más de 20 puestos.


La verdad es que no voy a convertir esto en una rajada sobre la injusta posición del debut de la Velvet Undergound o de Remain in Light; o sobre que, gracias al cielo, se reivindica Blood on the Tracks como el mejor disco de Dylan. Porque realmente tampoco quiero hablar de ello, mis discos favoritos son los que son y los tipos que encumbraron thank u, next como mejor disco de 2019 mi opinión no la van a cambiar, eso seguro. Pero sí que hay una cosa que destacar en la lista: que dice mucho más de lo que somos en 2020 y éramos en 2003 que de la música.


Se habla mucho de la nostalgia estos años, del revival ochentero, pero lo cierto es que la lista de 2003 es el ejercicio más bestia de nostalgia, un salto a la piscina del “cualquier tiempo pasado fue mejor” de cabeza, una cena de lujo para viejos rockeros que pensaban que el último disco bueno que salió fue en 1991. La Rolling Stone es la revista pollavieja y blanca por excelencia, la revista de la nostalgia, de la gente que querría haber nacido en 1950 para ir a Woodstock sin darse cuenta de que probablemente estarían muriendo en Vietnam. Por eso es sorprendente ver un pequeño esfuerzo por actualizarse ¿Pero es realmente sorprendente?

En 2003, una revista de música podía permitirse hacer una lista en la que el top 5 tenía tres discos de los Beatles y otro más en el top 10. Pero, señores, estamos en 2020, y muchas cosas han cambiado. El feminismo y la lucha antirracista, junto al ecologismo, son la veleta que indican la dirección en la que sopla el viento. Hoy en día What’s Going On es, a nivel político, tan relevante como cuando salió. Hoy en día encontrar en cualquier red social a un imbécil insultando a los Beatles por ser el paradigma de la banda para blancos heterosexuales no es raro. Hoy en día, reivindicar la música negra o hecha por mujeres es una necesidad ante una injusticia histórica. Por todo esto y mucho más, insisto, la lista dice mucho más de lo que es la vida en 2020 que de la música en sí.


No nos engañemos: este era el único resultado posible. Los gustos y las ideas de la gente cambian con los años y con el devenir de la historia. No se puede entender el subidón que han tenido en la lista tantos discos de rap, el debut de Lauryn Hill o Rumours sin considerar las reivindicaciones que, desde hace unos años, han tenido lugar en Estados Unidos. Es imposible entender que en tres lustros los gustos de la gente hayan cambiado tanto sin ver todo lo que ha pasado estos últimos años. Sin embargo, ¿Dónde deja a la Rolling Stone esta lista?


La lista de la Rolling Stone es divertida, porque es como si una persona que se tira en un incendio a la colchoneta de los bomberos fallara y se estampase contra el suelo. Es un esfuerzo por actualizarse, por plantarse frente a la gente y decir “miradnos, seguimos siendo relevantes, ¡nos gustan las mismas cosas!”. Pero, a la vez, es un grito a los de siempre, intentando mantener su esencia clásica, intentando demostrar que son los de siempre. Es un fracaso en ambos sentidos.


La lista de 500 mejores discos de la historia que la NME hizo en 2013 era una llamada de socorro a un mundo que cada vez pasaba más de la música del país (y del país en general). La lista de la Rolling Stone es también un SOS. Pero es un fallo estrepitoso. Los de siempre nunca van a perdonar que Bad Bunny, Rosalia y Shakira estén en la lista; o que haya 4 discos de rap en el top 20. Para los detractores, la Rolling Stone siempre será la biblia del viejo rockero blanco que insiste, año tras año, en que U2 realmente han hecho el disco del año, en que faltan grupos con guitarras y en que en los 70 había más libertades. Y, tras un par de semanas de debate e indignación, todos nos olvidaremos de esto hasta que en diciembre salgan las listas de mejor álbum del año.

Y espero que todas digan que es el de Fiona Apple.

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Melopea

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