• Marcos Alcaraz

Michael Scott o el espejo de Homer Simpson




La primera temporada de la versión americana de The Office fue un sonoro fracaso. La adaptación de la ácida y cínica comedia británica dirigida por Ricky Gervais y Stephen Merchant a los cánones norteamericanos había sido completamente literal, y el parecido a la homónima sobrepasaba las caracterizaciones y personajes, copiando los guiones de la serie inglesa. Si en el primer capítulo se habían registrado ocho millones de espectadores, en el sexto capítulo el número de televidentes había bajado por debajo de los cinco millones.


El problema radicaba en la adaptación literal del humor inglés. La serie original era una parodia muy ácida de la sociedad inglesa tomando como ejemplo una oficina cualquiera de papel. El personaje de Michael Scott inglés, caracterizado por el mismo Ricky Gervais, era un jefe inepto, mezquino y aborrecible, y por tanto el personaje que caracterizaba Steve Carell en la adaptación era igual. Nadie quería ver a un personaje tan despreciable durante tanto tiempo.


Por tanto, la serie estaba cerca de su cancelación. Pero tuvo un golpe de suerte: al término del estreno de la primera temporada, Steve Carell protagonizó Virgen a los 40 y con esa película consiguió una fama que ya se barruntaba con sus apariciones en Como Dios o Anchorman. Los ejecutivos de NBC se fijaron en que no necesitaban firmar a la nueva estrella porque ya tenían a la nueva estrella. La revalorización del casting principal, sumado a la insistencia de uno de los mandamases de la cadena, que tenía una confianza inusitada en la serie, llevó a la NBC a renovar The Office por una segunda temporada de 22 capítulos.


Pero lo que no funciona en un inicio no empieza a funcionar por insistencia, así que algo debía de cambiar. Y ahí entra la figura de Greg Daniels, showrunner de la serie. Daniels había dado sus primeros pasos como guionista como tantos otros en Saturday Night Live, dando desde ahí el salto a Seinfeld. Ahí pasó a englobar la lista de guionista de los Simpson en su quinta temporada, donde realizó varios de sus mejores capítulos -Bart vende su alma, Homer y Apu o aquel episodio donde Homer era acusado de abuso sexual- abandonando a la familia amarilla al término de su séptima temporada yéndose a King Of The Hill. El paso por los Simpson le mostró el camino a Daniels: para salvar a Michael Scott, había que recurrir a Homer.


Daniels reunió al resto del equipo para dar su visión: la The Office original era una de las mejores comedias que había habido, pero se podía permitir su visión desalentadora y un personaje protagonista negativo y triste al durar únicamente una temporada. Si ellos querían durar más, era obligatorio hacer cambios. Y el principal era convertir a Michael Scott en un personaje más empático, dando un final optimista a cada episodio. Daniels estaba mirando al espejo de Homer Simpson: Homer puede equivocarse de manera garrafal durante todo un capítulo, pero al final de este se redime enmendando sus errores, consiguiendo así el cariño del público y el equilibrio que le convierte en un personaje fascinante. Y había que hacer lo mismo con Michael Scott.


La propuesta no fue bien recibida -”Vas a arruinar algo estupendo”, le dijo su compañero Michael Schur- pero fue finalmente aceptada. Y el tiempo demostró que fue el más grande de los aciertos. Michael Scott seguía dando vergüenza ajena, pero esta vez de una manera más entrañable. Steve Carell llevó a un personaje de lo odioso a lo excéntrico, consiguiendo que el espectador pasase de una escena donde soñara con ahogarlo con sus propias manos a otra donde quisiera abrazarlo con fuerza. Era un jefe inepto, pero por infantil, y se mantenía como jefe gracias a su talento como vendedor. Una vez encontraron el tono para Michael Scott, los guionistas fueron encontrando el tono para el resto de los personajes, y una vez empezaron a desarrollar a los secundarios The Office pegó el estirón.


El resto es historia: ahora que han pasado quince años desde el estreno de la serie, The Office se ha convertido en un emblema para muchísimos seguidores, que no paran de aumentar a pesar de que acabara en 2013. Un hito cómico de la televisión que partió del hecho de mirarse en el espejo de Homer Simpson.


Melopea

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