• Marcos Alcaraz

Phoebe Bridgers - Punisher



He de admitir que no conocía de nada a Phoebe Bridgers hasta que ha llegado este Punisher del que hoy estamos aquí hablando, lanzado en junio de 2020 siendo sin embargo una publicación idónea para estos tiempos otoñales en los que ahora vivimos. Una vez intrigado, he descubierto que me enfrentaba a una artista joven, cuyo debut se remonta a únicamente tres años atrás (Stranger In The Alps, 2017), y que no difiere mucho del que nos acaba de ofrecer en este año; que junto a Connor Oberst, otro talento innato en crear intensidad dramática, formaron el proyecto Better Oblivion Community Center en 2019, como así colaboró con Julien Baker y Lucy Dacus en un proyecto llamado boygenius del que admito que acabo de descburrir su existencia una vez me he propuesto documentarme para este amago de crítica. Como digo, no la conocía, como así también señalo que sus evidentes referencias no son precisamente las mías, pues Surfjan Stevens, a quien se acerca en los momentos donde abraza la epicidad en Punisher, no es precisamente mi taza de té predilecta. Y mi desconocimiento casi absoluto de la discografía de Neutral Milk Hotel me impide saber cuán cerca o no está Phoebe de ellos; también confieso que ha sido en los últimos días cuando he escuchado mis primeras canciones de Nick Drake, otro referenciado continuamente para hacer entender este Punisher y al que sí parece aproximarse cuando realiza folk intimista, línea angular de todo el trabajo y que es la parte continuista en cuanto a su predecesor, que también he escuchado recientemente una vez tuve que afrontar que sí, que estaba atrapado en este nuevo disco. Porque, por muy alejado que esté de mi zona de confort habitual, Punisher está siendo uno de mis compañeros habituales en este año, especialmente una vez ha comenzado el otoño, el frío ha llegado, las hojas caído y las nubes pueblan el cielo invitándonos al cobijo de la melancolía.


No tengo del todo claro qué me ha llevado a colgarme de este disco. Puede que sea ese refinamiento en las melodías respecto a su predecesor lo que ha acabado por impregnarme, o porque me gusta su apertura de sonidos más allá del folk experimental casi lo-fi que venía realizando hasta el momento: en canciones como Kyoto o ICU se enfanga en el pop más claro o conciso, quizá también indie rock -si es que esa etiqueta significa algo- que le acerca a algunas de sus coetáneas como Angel Olsen. Puede que también haya sido la belleza que desprenden canciones como Halloween, con esa historia de una pareja que, pese a estar en un día pleno de diversión, viven en tal estado de tedio que en una fecha donde podrían ser lo que quisieran, sin embargo no lo son; seguramente sea la afinadísima Chinese Satellite, sobresaliente pieza con ese transcurso de instrumentación casi hipnótico y que te arrastra de un lado a otro conforme van entrando la percusión o las cuerdas; también ayuda Graceland Too, la que más se adentra en el folk americano dejando a un lado el británico, hasta el momento más predominante. Y, por supuesto, me ha enamorado desde la primera escucha la descomunal y trepidante I Know The End, cierre donde se entrega a la épica retrayendo sonidos del Illinois de Surfjan Stevens para crear un in crescendo emocionante y abrasivo, un final que deja al oyente absorto y alucinado en la que sin duda es una de las mejores canciones del año, y que posibilita que Punisher deje al oyente con sensación de abundancia, de haber recorrido un camino con inicio y final que, sea o no el tuyo, merecía la pena recorrer.


Sea como sea, no puedo salir de este álbum, compañero de fatigas en estas mañanas estacionales y que me ofrece cobijo en su languidez, en su belleza y en sus contemplativas melodías repletas de sentimiento.


VEREDICTO: 8/10



Melopea

  • Ivoox
  • Twitter
  • Facebook icono social
  • Instagram

© 2019 by La Fuga De Alcaraz. Proudly created with Wix.com

Newsletter

  • Negro Icono RSS
  • Instagram - Negro Círculo