• Marcos Alcaraz

Soul: La chispa de la vida


Cada nuevo estreno de Pixar es un acontecimiento en el mundo cinematográfico. Conforme voy sumando años y voy avinagrando mis opiniones, observo con mayor crítica a las películas con las que nos ha tocado convivir y añorando más aquellas que se alejan en el tiempo, pero siempre tengo anotado en el calendario cuándo toca volver a reencontrarse con la factoría de animación, aquella que nos ha dado varias de las mayores alegrías vividas frente a la pantalla grande. Este maldito año tendremos que conformarnos con vivir alegrías frente a la pequeña, y gritar al cielo qué hemos hecho para que no merezcamos ver el último de sus regalos en la butaca de un cine, su hábitat natural: el escenario donde los sueños se hacen realidad y tanto niños como adultos pasamos una hora y media absortos, boca abierta, fascinados con la lúcida imaginación de Inside Out, la emoción de Coco; las aventuras existenciales de Toy Story o el bello homenaje al cine mudo de Wall-E; librar la última gran hazaña en Up, unirnos como familia en Los Increíbles y luchar por los nuestros en Buscando a Nemo. Mucho tenemos que agradecer a Pixar: nunca será suficiente.


En esta Soul que nos ha tocado conformarnos con visionar en el salón de nuestra casa había generadas unas expectativas enormes. Su planteamiento tenía miga: no es la primera vez que se habían acercado a temas complejos y ya en Inside Out o Coco nos hablaban de cosas tan complejas como el funcionamiento de nuestras propias emociones o del recuerdo de nuestros seres queridos, pero aquí se anunciaba tratar la propia existencia humana como tal. Nuestra vida, el más allá, y el más acá y eso que hemos llamado “alma”. Y lo hacen con suma inteligencia, sin caer en planteamientos religiosos, evitando lugares confusos abiertos a la discusión y con una imaginación desorbitada. Se suele señalar que un buen artesano no es aquel que convierte lo simple en complicado, sino el que hace sencillo lo complicado. Y Pixar ha mostrado, en sus más de 20 años de existencia, que está repleta de buenos artesanos. Pete Docter, responsable tanto de Soul -junto al debutante Kemp Powers-, como de Inside Out, Monstruos S.A. o Up, es un gran artesano, y así nos lo muestra en su última película donde la factoría de animación habla sin tapujos al público adulto de la butaca: como bien señaló Ruben Fernández, si bien las películas de Pixar siempre tuvieron al niño como público principal con un par de regalos para evitar que se aburran los adultos, aquí han realizado una obra para adultos con un par de regalos para evitar que se aburran sus hijos.


Sus primeros 40 minutos son, en esencia, una maravilla, repleta de sorpresas y a toda velocidad, con una banda sonora que raya en la perfección compuesta por Trent Reznor y Atticus Ross, personajes llenos de carisma, hallazgos como los entes abstractos tan picassianos y varios puntos cómicos formidables -esos Knicks-. Soul es una sucesión continua de grandes ideas, ofreciendo sin parar genialidades que impresionan por su capacidad para ofrecer tantas materias abstractas, temáticas que todos nosotros nos hemos preguntado. No todas, sin embargo, rayan a ese nivel, y hay algunas soluciones que no muestran una capacidad de imaginación a la altura de la factoría, recurriendo en exceso a terminología propia del entorno laboral. Hay vida más allá de convertir todo en una tienda Apple, y ese reduccionismo tan falto de chispa acaba repercutiendo en la capacidad emotiva del film, quedando lejos de la amplitud emotiva y vibrante de obras como Inside Out. La pirueta que realiza Soul acaba siendo similar a una fórmula matemática: es perfecta y no se le encuentra tacha alguna, pero se le echa en falta algo más de jazz. Este error logra equilibrarse con su sobresaliente nivel como obra cómica, pero no deja de ser curioso que a un film que hable del jazz y de la chispa de la vida acabe adoleciendo, precisamente, de falta de chispa.


Pero no se equivoquen, pues hablamos de una obra mayúscula de un estudio habituado a ofrecernos genialidades de ese tamaño, al que esa mácula impide ponerse a la altura de sus hallazgos más grandes, pero posee suficientes logros como para destacar por su propia cuenta. Soul sigue mostrando cómo Pixar es capaz de ofrecer luz en nuestra actualidad cinematográfica incluso en años tan convulsos y oscuros como el que nos atañe. Nunca será suficiente lo mucho que debemos agradecer la existencia de Pixar: que el fulgor de sus almas cinéfilas nunca se apague.


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