• Marcos Alcaraz

St. Vincent - Daddy's Home



Ha costado poder enfrentarse a esta crítica y no en vano se realiza una semana después del lanzamiento del disco, tras unas cuantas escuchas para poder establecer un veredicto claro. Siete días de desafiar a las propias expectativas, al deseo subjetivo de qué preferías escuchar y qué es lo ofrecido finalmente; aquí el que escribe este análisis esperaba algo que no ha terminado de ocurrir y por eso mismo ha sido complicado lidiar con sus propias ilusiones.

No obstante, hablamos de Annie Clark, de su seudónimo St. Vincent, y por tanto de una artista diferente, incapaz de caer en el acomodo creativo, siempre dispuesta a dar un salto y transgredir musicalmente, a cambiar de tercio y de imagen en en cada paso -ahí está su pelo, que ha visto ya unos cuantos colores adaptándose a cada época- intérprete bárbara, guitarrista sublime. Hablamos al fin y al cabo de la que puede ser -dejémonos de posibilidades: es una certeza- una de las discografías más sólidas de los últimos años. Tras la brillantez de Actor (2009), St. Vincent perfeccionó su sonido en Strange Mercy (2011) y lo terminó por explotar puliéndolo y acercándolo a las masas en su disco homónimo, para el que aquí suscribe una de las obras capitales de la pasada década. Una vez llevó su propio estilo a lo más alto, la decisión más lógica era pervertirlo, tal y como pasó en Masseduction (2017) donde robotiza su música añadiendo capas sonoras muy deudoras del Scary Monsters de su ídolo David Bowie -con quien ha sido muy comparado, y pocos halagos semejantes se me ocurren- para presentarse como una dominatrix musical. Otro hito, todavía mayor apreciación del público y una buena demostración de cómo ser más accesible sin concesiones comerciales. Y ahora, cuatro años después, otro salto al vacío.

Daddy’s Home es el primer álbum de St. Vincent que no mira al futuro, sino al pasado. Tras el regreso de su padre a casa después de pasar una temporada en la cárcel por fraude, Annie Clark ha querido encerrarse en aquellos discos que formaron parte de la biblioteca de su progenitor, todos ellos establecidos entre los primeros años de los setenta. La serie de referencias es tan clara como admitida por la propia artista: en el abanico sonoro encontramos el soul de Sly & The Family Stone; los Pink Floyd más espaciales del The Dark Side Of The Moon; las melodías más sensuales del Talking Book de Stevie Wonder; la sotisficación de los primeros álbumes de Steely Dan; algo de Yes, algo de War y, por coincidencias en la exploración musical, el Young Americans de Bowie. Influencias todas ellas más sotisficadas, lo que presenta a este nuevo trabajo con una bajada de revoluciones respecto a sus precedentes en su discografía. Por primera vez en su carrera, un largo de St. Vincent no juega a la vanguardia artística sino que intenta retraer una época, un momento y un aprendizaje: por lo tanto, nos enfrentamos a una colección de temas llena de nostalgia, donde St. Vincent se desnuda como persona, canta a sus inquietudes, a sus relaciones familiares y, finalmente, a la propia relación consigo misma y a su entorno y mundo global.

Hacía referencia a las dificultades de enfrentarme a esta crítica porque como oyente y seguidor de la propia artista, uno esperaba una característica propia de este álbum que finalmente no ha sido así: cuando apareció Pay Your Way In Pain, mis esperanzas estaban depositadas en un largo donde el desquicie, los sonidos más robóticos de Masseduction se fusionaran con las sonoridades setenteras más propias de la etapa cocainómana de Bowie. Daddy’s Home no juega a eso, y es difícil lidiar con las propias expectativas de lo que querías escuchar y lo que al final se te ha sido entregado. Al fin y al cabo, todos somos espectadores subjetivos y nuestras ilusiones priman por encima de la objetividad. Pero St. Vincent no es una artista lógica, sino una creadora inquieta, que nunca sabes por donde saldrá y que te obliga a poner un poco de tu parte para apreciarla como tal, así como exigen los mejores autores, tal y como obligaban los músicos que le han influenciado y con los que ha sido comparada. Los más grandes siempre están un paso por delante de ti. Una vez aceptado y puesto de mi parte, se ha abierto ante mí una obra mayúscula: quizá no la que quería escuchar, pero sí la que agradezco haberlo hecho.

Daddy’s Home es un álbum reposado, sofisticado y sensual, donde cada nota está en su sitio, la producción resplandece dejando apreciar cada arreglo, descubriendo capas y reconvirtiendo las canciones según el momento donde se reproduzca su escucha, y donde St. Vincent se nos muestra como una intérprete mayúscula. Cada regreso a Daddy’s Home ofrece una perspectiva distinta, cada acercamiento otorga un obsequio distinto. Ahí está Down And Downout, una obra tan compleja que prácticamente cambia en cada escucha y dónde la guitarra y los coros provienen de un lugar muy, muy lejano; la propia canción homónima, muy deudora de Sly & The Family Stone ,donde el funk emerge justo cuando se le necesita; imposible no evocar a Pink Floyd en la astral Live In The Dream, incluyendo un solo conocedor de que las más brillantes orfebrerías de guitarra no son las más virtuosas, sino las que más transmiten; la conexión entre esta Live In The Dream y la posterior The Melting Of The Sun, una melodía muy cercana a los medios tiempos de Stevie Wonder, tan solo es una demostración de la fluidez con la que desarrolla esta obra. Con momentos de semejante calidad artística, sólo queda sentarse y disfrutar.

Tras un onírico interludio, The Laughing Man rememora a una Annie Clark que llevábamos años sin escuchar y que más de uno ha echado de menos; en un álbum de revoluciones tan bajas, el instante donde explota el dinamismo de Down es más que bienvenido en uno de los mejores momentos de este trabajo, valoración igualmente válida para la estupenda Somebody Like Me, de nuevo digna del mejor Stevie Wonder; haciendo un remake del 9 To 5 de Sheena Eaton, My Baby Wants A Baby se presenta casi como una ceremonia de éxtasis, punto álgido de embeleso que no decae en la más serena At The Holiday Party, otra filigrana que se expande en cada segundo. Quizá nos encontremos en este punto en el espacio culminante de este Daddy’s Home; tres canciones seguidas que quizá sean las que mejor lo definen, el recorrido más satisfactorio de un viaje ya provechoso de por sí, y que se despide con una Candy Darling que cierra este trayecto como la apacible luz del amanecer.

Puede que al final la transgresión artística de alguno de sus trabajos precedentes les ponga por delante en su discografía, pero Daddy’s Home es una obra capital en la carrera de St. Vincent, otra demostración de sus cualidades musicales que con serenidad y sofisticación se descubre ante nosotros, incapaces de aceptarlo en su totalidad. Otro logro de una artista por encima de sus coetáneos, que como los mejores creadores no busca aclimatar su arte a su seguidor, sino que este tenga que adaptarse a ella. Una vez eliminado el horizonte de expectativas, Annie Clark hace contigo lo que quiere. Y qué mejor que dejarse hacer.

Veredicto: Otro brillante trabajo de una gran artista, un ejercicio sofisticado y sereno del que es muy difícil salir una vez se introduce uno en él. Un 8´5. ¿O tal vez un 9?




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