• Marcos Alcaraz

Star Wars: El Imperio Contraataca o la forja de una obra maestra.

Soy seguidor de Star Wars gracias a que mi padre grabó la trilogía clásica en VHS cuando contaba yo cinco años y entre las maratonianas sesiones de dibujos animados que formaban mis días, colocaba estas películas para darse a sí mismo un respiro. De este modo las vería una y otra vez, como hacemos todos los niños cuando algo nos encanta. Tampoco me considero un fanático de este tipo de films: ni me sé el nombre de las naves, ni de sus personajes, y me importa muy poco quién dispara antes que Han Solo. Analizando con la edad esta pasión, me doy cuenta que realmente soy seguidor de sus dos primeras películas, en especial de de la que hoy vamos a hablar: El imperio Contraataca, una absoluta obra maestra, capital en el cine de aventuras, en el de evasión, en la ciencia ficción cinematográfica y como modernización de la tragedia griega. Las dos horas largas donde una efectiva historia de aventuras pasa a ser un relato tan poderoso que influirá a tres generaciones distintas. La joya de la corona de la saga Star Wars.



Palabra de un sinvergüenza (The Empire Strikes Back, 1980)


“Te quiero” “Lo sé”: las vueltas de un guion perfecto


Hay una cosa que en su momento no se sabía pero que el tiempo nos ha dejado bien claro: George Lucas es un hombre de gran imaginación, pero también un director normalete y, por encima de todo, un guionista pésimo. Las tres precuelas de la saga dan fe de lo incapaz que puede llegar a ser desarrollando una historia. La arritmia narrativa que sufre El Ataque de los Clones, la cantidad de escenas innecesarias de La Amenaza Fantasma y los diálogos de toda la nueva trilogía dan fe de ello. El romance entre Anakin y Padme puede ser el peor visto en pantalla: sí, las mediocres interpretaciones de ambos -sobre todo de Hayden Cristensen, Natalie Portman ha demostrado ser una actriz eficiente en más de una ocasión- y la nula química entre ellos hacía mucho, pero por encima de todo la construcción del guion imposibilitaba que su historia nos esclareciera el carácter de sus personajes y nos fuera influyente en la historia. Aquí, un ejemplo extraído de La Venganza de los Sith:


—Anakin: “Eres tan bella”

—Padmé: “Es sólo porque estoy enamorada”

—Anakin: “No, es porque yo estoy tan enamorado de ti”

—Padmé: “¿Así que el amor te ha cegado?”

—Anakin: “Bueno, eso no es exactamente lo que quise decir”

—Padmé: “Pero es probablemente cierto”


Lo siento si les he revuelto las tripas. Pero volvamos a El Imperio Contraataca. . El guion lo inició Leigh Brackett, habitual guionista de Howard Hawks con obras como Río Bravo o El Sueño Eterno a sus espaldas. Sin embargo no fue del gusto de George Lucas, aunque no tuvo mucho tiempo para discutirlo al morir Brackett al poco de entregarlo. La decepción que le provocó este guion llevó a Lucas a reescribirlo, y ahí se dio cuenta de algo: ¿No sería una opción interesante que Darth Vader fuese el padre de Luke Skywalker, en vez de que Darth Vader matara al padre de Luke tal y como estaba inicialmente pensado? ¿Y si la historia, en vez de iniciarse, fuese la mitad de una historia más longeva que incluyese como Darth Vader pasa al Lado Oscuro de la fuerza? La continuación de Una Nueva Esperanza, que en su inicio iba a ser de contenido episódico a lo James Bond, de repente tuvo razón de ser, y pasó de ser el Episodio II al V. No hagan caso a quienes dicen que Lucas lo tenía todo planeado de antemano… Se le fue ocurriendo por el camino. La historia que marcaría toda la saga se le ocurriría aquí.


George Lucas estaba lejos de saberlo pero le acababa de llegar a la sesera uno de los clímax más intensos del arte cinematográfico. Una vez reconducido la idea principal, le encargó a un joven Lawrence Kasdan, que acababa de terminar el guion de una cosilla llamada En busca del Arca Perdida, que diera forma a la historia con las indicaciones que él había tomado a partir del de Brackett. Y Kasdan hizo una absoluta maravilla. Una obra maestra que deberían empollarse cualquier guionista dispuesto a hacer cine evasivo, ya sea de aventuras como de ciencia ficción.


Hablamos finalmente de un guion de oro macizo. No hay escena en la película que no esté cargada de intensidad, que no contenga aventura a raudales, y no hay diálogo que no sea imprescindible para la historia. Los actores al hablar no citan palabrería de relleno, sino que refuerzan su carácter, su personalidad en cada línea recitada. Buen ejemplo de ello es el desarrollo de la historia de amor entre Han Solo y La Princesa Leia, un romance muy cuidado que en contra de lo que suele suceder en este tipo de films, es de lo más destacable de la cinta. Él es un canalla, ella una mujer de alta cuna que no necesita ni pretende ser rescatada. Ambos se atraen porque chocan: Han Solo se conoce crápula, pero también sabe que así como su mayor defecto es su mayor arma para atraer a la princesa. Y así, se dan diálogos como este:


-Leia: “Eres insoportable”

—Han: “Admítelo, hay veces en que piensas que no estoy tan mal”

—Leia: “A veces, quizá, cuando no te comportas como un sinvergüenza”

—Han: “Te gusto porque soy un sinvergüenza. No hay bastantes sinvergüenzas en tu vida”

—Leia: “Resulta que me gustan los hombres decentes”

—Han: “…yo soy un hombre decente”


Bien es cierto que tampoco estamos hablando de una obra de Lubitsch, pero estos diálogos cumplen su función a la perfección y añaden tensión y picardía además de facilitar la química entre ambos personajes. A los espectadores nos ha quedado claro que Han Solo es un rebelde de buen corazón y que Leia no es tan estirada como parecía en un principio. Y que ambos congenian. De hecho la sinvergonzonería de Solo daría para un par de coñas más, como cuando Solo habla a la princesa de Lando Calrisian por primera vez:


--Han: Lando no es un sistema, es un hombre. Lando Calrissian. Un jugador de cartas, un sinvergüenza. Te gustará.


Y por encima de todo, la despedida de Han Solo a Leia cuando está a punto de ser carbonizado:


-Te quiero.

-Lo sé.


Claro que Han también quiere a Leia, pero tampoco quiere que se derrumbe en ese momento. Incluso a punto de jugarse su vida a la suerte de una máquina de criogenización tiene que dar la sensación de estar dominando todo lo que ocurre a su alrededor. Han Solo es más chulo que tú, más rebelde que tú y más fucker que tú: no puede devolver un te quiero como un cualquiera. Simplemente, se hace conocedor de que es querido y actúa como si no le importase.




La intensidad de una compenetración perfecta


Volvamos a la intensidad. El guion es de oro porque desarrolla una película de aventuras que no deja espacio para recuperar aliento. El inicio en el planeta helado de Hoth es espectacular, presentándonos por qué senderos va a ir la película: Luke empieza a tener la necesidad de usar la Fuerza, cosa que descubrimos cuando escapa de ser devorado por un monstruo de las nieves. Después de una intensa batalla, una de las más espectaculares de la saga, los caminos de los héroes se dividen en dos.


Luke Skywalker es nuestro protagonista y su línea argumental es la principal de la película, aportando la parte más oscura del film. Luke necesita adiestrarse como Jedi y acude al planeta Dagobah a ser entrenado por el maestro Yoda. Yoda enseña, tanto a él como a nosotros, el poder de la Fuerza, que está en todos lados, que hace a un guerrero poderoso independientemente de su tamaño, y que debe usarse de forma noble, porque si no caes en las garras del Lado Oscuro, que aporta un poder material mayor pero uno menor espiritual. Incluso la filosofía de baratillo del primer film está bien desarrollada en este. El espectador poco a poco va introduciéndose en el conflicto que tendrá su golpe final en la batalla entre Fuerza contra Lado Oscuro. Padre contra hijo. El bien contra el mal.


Como hacer una película entera sobre el entrenamiento de Luke hubiera sido demasiado reflexivo para una película de este registro, y algo hay que hacer con el resto de personajes relevantes, la experiencia turbadora y atmosférica de Luke se nos mezcla con la huida sin respiro que sufren Han Solo, Leia, Chewbacca y C3PO, perseguidos por el Imperio Intergaláctico tras huir de Hoth. Una fuga que aportará el mayor componente de evasión a la película, siendo una sucesión de escenas trepidantes, diversión en estado puro. Por el camino, una historia de amor que desborda química y unos cuantos chistes que rebajen la carga dramática a cargo de Chewbacca y C3PO.


Estas dos líneas argumentales están bien ensambladas gracias al trabajo de un director de oficio, Irvin Keshner, un realizador competente que aporta ritmo, eficiencia y respeta el material que le han dado. Y es que el sentido del ritmo es vital en una película de aventuras, y aunque parezca fácil hacer una película trepidante, ahí tenemos el ejemplo de las pocas que han quedado en el recuerdo y el montón de usar y tirar -úsese la trilogía de La Momia como ejemplo superlativo.



The Empire Strikes Back, 1980


El imperio del rock n’ roll: la mayor carga de oscuridad


Hemos dicho dos historias. ¿Dos? En realidad son tres, pues es El Imperio Contraataca la que va a desarrollar con todo lujo de detalles a los “villanos” de esta historia: el título no está escogido en vano. Darth Vader, que en la primera película parecía un poderoso guerrero al servicio de un engranaje político gris y funcional, en esta es un auténtico badass que da la sensación de poder acabar con toda resistencia con solo dos dedos. Ayudado por la mítica Marcha Imperial de John Williams, Darth Vader en esta parte de la saga es puro rock n’ roll. Un villano que ahoga hasta la muerte a uno de sus subordinados por perder de vista al Halcón Milenario y que después le dedica un “Disculpas aceptadas” solo puede ser un verdadero villano, un bellaco para la historia. Si no fuese por el carisma de muchos de sus protagonistas, muchos querríamos que el Lado Oscuro se impusiera sobre cualquier cosa si con eso nos posibilitara ver a Darth Vader caminar con ese porte distinguido al son de la Marcha Imperial.


Las tres líneas argumentales se juntan en uno de los finales más archiconocidos de la cultura popular. Han, Leia y los demás son apresados víctima de la traición de Lando Calrissian, obligado por el poder del Imperio a pesar de su amistad con Han, lo que a posteriori le hará arrepentirse de su decisión. Luke abandona su entrenamiento cuando tiene la sensación de que sus amigos están en peligro. Todo es realmente una trampa: sus compañeros son un cebo para que Darth Vader pueda tener contacto con él y así ofrecerle una negociación: o unirse con él al Lado Oscuro o morir. Esa frase que todos conocemos, que sorprende al máximo al espectador primerizo y da sentido a todo el film es tal vez el clímax más íntimo que se haya dado en un film de estas características. Cuando todas las grandes películas de aventuras y acción apuestan por un final repleto de fuegos artificiales, la mayor explosión de Star Wars está en una línea de diálogo. El aire de tragedia griega que sacude toda la película termina por dinamitar. Cuando Lucas dejó las pautas narrativas a Kasdan y Keshner, estos se dieron cuenta de que con la historia que había detrás no tenía sentido hacer otro western de toques crepusculares en el espacio como había sido la primera. Esta debía ser más adulta, más oscura, porque toda ella acontecía una tragedia de dimensiones bíblicas. Es ese el mayor acierto de El Imperio Contraataca: que no es una simple película de evasión, sino una historia llena de trasfondo, que incita a la reflexión, que deja consternado al espectador. Y todo esto sin tomarse demasiado en serio, sin cargar de melodrama al conjunto. Pura pieza de orfebrería.


Y todo ello, el sentido aventurero, la carga dramática, la parte más atmosférica… si ya el ensamblaje de géneros es absolutamente perfecto, no puedo terminar de hablar de El Imperio sin mentar a quien reconvierte una película ya de por sí sobresaliente en una auténtica obra maestra. Y no es otro que John Williams, posiblemente uno de los mayores genios de la música de nuestro tiempo, que pasará a los libros de historia con el renombre propio de un maestro. El trabajo de Williams es fantástico, aportando tensión, drama, suspense y propio sentido de evasión a cada una de las escenas. Y por supuesto, la ya mentada Marcha Imperial, principal aporte a esta película y principal tema musical. Si en esta película El Imperio iba a patear culos, tenía que sonar como quien patea culos. La Marcha Imperial es el único tema de toda la banda sonora de Star Wars que puede ser tan reconocido, o incluso más, que el tema principal.


En definitiva, si Star Wars es lo que es, es gracias a El Imperio Contraataca. La calidad intrínseca de esta parte de la saga es reconocible tanto por adeptos como por aquellos reticentes al universo de George Lucas. Un pilar en el cine de entretenimiento que deberían mirar más a menudo la gran mayoría de directores que perpetran intentos de cine evasivo en la actualidad, con algunos discretos resultados, pero funestos en su mayoría. La historia de Lucas, el guion de Kasdan y la dirección de Keshner deberían ser obligatorios para descubrir cómo hacer una película intensa, como mezclar géneros de forma efectiva, como no parar de entretener al espectador y como conseguir un trasfondo rico en matices sin sobrecargar de dramatismo la película. Parece simple, pero El Imperio Contraataca logra lo más difícil: la perfección. Y aunque nos sepamos la historia entera, aunque el final pierda sorpresa una vez conocido y reconocido, esta película seguirá absorbiendo al espectador en la butaca y no soltándole hasta su final. Por mucho que se vea, no deja de ser absolutamente entretenida. Las obras maestras nunca cansan.

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Melopea

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