• Marcos Alcaraz

Taylor Swift - Folklore




Con únicamente 25 años, el cantante Justin Vernon, mejor conocido como Bon Iver, se marchó a una cabaña perdida en medio del bosque de Wisconsin que tenía su padre en posesión. El pobre Justin había pasado por una serie de catastróficas desdichas que se habían sucedido a la par: cierto descontento general con su capacidad para crear canciones, una neumonía y una mononucleosis que le mantuvieron alejado de su vida habitual y por ello provocaron su salida de la banda musical en la que formaba parte, y el final de la relación con su pareja, todo ello sumado a que gustaba de dejarse buenas cantidades de dinero en póker online y formando de esta manera un cóctel explosivo que quiso dejar atrás como hubiésemos hecho cualquier otro. De este modo, Vernon pasó meses en una cabaña perdida de la mano de Dios con la guitarra como única compañera, sin contacto alguno con el exterior. Tras tres semanas holgazaneando y compadeciéndose de sí mismo, decidió espabilarse forzándose a componer: lo que realizó en aquella cabaña conformaría su aplaudido debut como Bon Iver, el alabado For Emma Forever Ago que todavía a día de hoy sigue siendo el mayor hito en su carrera.


Vernon se apartó de todo por su propia voluntad, y fruto de ese confinamiento dio a luz a una obra musical, así que era cuestión de tiempo que ahora que vivimos tiempos donde el confinamiento no es una elección voluntaria, sino obligatoria, algún artista aprovecharía estos momentos de reclusión para agarrar algún instrumento y ponerse a componer. Y no deja de tener cierta característica humorística que el primer álbum que ha salido al mercado fruto del período de epidemia contenga precisamente una colaboración con Bon Iver, está claro que quien mejor sabe sobre estar apartado del mundo y centrarse únicamente en tratar de ordenar su vida mediante partituras. Y también tiene su gracia que dicha colaboración pueda ser la mejor canción donde ha participado Vernon desde aquel entonces. A la luz está que los recuerdos de la cabaña le sientan bien.


Porque ante este nuevo trabajo de Taylor Swift hay que dejar claro que nos encontramos ante un álbum de cabaña: aquel que huele a otoño, madera, whisky caro y jersey de lana. Para ello se ha rodeado de su colaborador habitual Jack Antonoff -quien rompe la pana en el pop actual, quién dice qué café has de comprar, cómo has de prepararlo y hacerle caso a pies juntillas- y de Aaron Desner, miembro de The National y que produce junto a Antonoff este Folklore, disco aparecido de la noche a la mañana -al revés del resto de sus publicaciones, publicitadas a bombo y platillo, esta ha sido anunciada con tan solo un día de antelación- y completamente anticlimático al caluroso verano que hemos sufrido hasta ahora. Pues, como buen cancionero de cabaña, invita a ser escuchado bajo el calor de una manta y con el apoyo de una bebida fuerte, mientras se contempla el paso continuo de las nubes por la bóveda celeste: tendremos que volver a Folklore una vez bajen las temperaturas. Y es donde Taylor Swift, esa aparición celestial siempre impecable, aparece súbitamente en la taberna donde andas tirado para pedir dos tragos de lo más fuerte que haya en la licorería.


Porque Folklore dista mucho de ser el capricho indie que buscan muchas estrellas -como bien apuntó Javi Sancho en El País en una crítica que me hubiera gustado escribir, no es algo que necesite- y se confirma como su trabajo de madurez, dicho esto con pinzas al referirnos a una artista que ya ha madurado varias veces pero que aquí sorprenderá a sus propios seguidores y encandilará a muchos de sus extraños, como es el caso de este servidor que aquí os escribe, que se ha enfrentado a su primer álbum que ha terminado de escuchar con gusto. Es gracias a que Taylor Swift no ha buscado la cabaña sino que más bien la ha encontrado por lo que se respira la naturalidad propia de realizar únicamente lo que pedía su cuerpo, y debido a esto nos encontramos ante su producto más natural y contenido, con Taylor únicamente confiada a su capacidad como artista, como compositora y como relatora de historias, virtud que sobresale especialmente en varios de los 16 temas que conforman este lanzamiento. No habla, como ha hecho hasta la fecha, sobre pequeñeces que conforman su propia vida -como bien apunta Sancho, sobre “con quién ha estado ayer”- sino sobre su propia vida, sobre sus claroscuros y los personajes que le rodean, menos centrada en sí misma esta vez -o mejor dicho: en lo que representa ser ella misma. Ese talento como narradora sobresale especialmente en The Last Great American Dynasty, para aquí quien suscribe la mejor composición que ha realizado jamás, una canción de pop simplemente pluscuamperfecta.


Recordando inevitablemente a la última Lana Del Rey, tan sólo su excesiva duración perjudica a Folklore, el trabajo menos circunstancial de la carrera de Taylor Swift, donde gracias a esta búsqueda de desnudez muestra a quienes la admiran y a quiénes la reniegan -aquí levanto la mano- sus virtudes como compositora de melodías. Y son excelentes las melodías que podemos escuchar en canciones como Cardigan -la que más recuerda a Norman Fucking Rockwell del conjunto-, la estupenda Invisible String, esa rememoración de Regina Spektor que es The 1 o la ya mencionada colaboración con Bon Iver, un dueto que quizá sea la mejor canción en la que este último se ha visto involucrado. Todo viene bien hilado por una producción idónea que resalta la honestidad del largo y que logra hacer llevadero un álbum homogéneo en sí, que termina de levantar la interpretación vocal de Taylor Swift, que a sus 17 años de carrera cuenta con un registro más amplio del que había tenido que echar mano hasta la fecha y que sobresale especialmente aquí.


Es una pena que conforme avance el minutaje de Folklore acabe aflorando su parte de eterna postadolescente -la mujer que quiere convencernos de que no es perfecta mientra lo es y que parece componer para la tercera parte de Frozen- y desperdiga sus logros en una segunda mitad que acaba perdiendo fuelle: redueciendo el número de canciones, nos encontraríamos con uno de los álbumes mejor acabados de lo que llevamos de año. Pero seguramente muchos de los que se acerquen a Folklore perdonarán esa pequeña tara que no desluce el encontrarnos ante el trabajo más interesante de una autora que gana en cuanto más contenida está, quedando así únicamente una realizadora de buenas melodías sostenidas por historias bien contadas y que en varios momentos de este Folklore toca su techo creativo. Un giro a su discografía que seguramente acabe siendo circunstancial, pero que si hubiera algo de suerte, daría forma al resto de su carrera.




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