• Marcos Alcaraz

Tenemos que hablar de Like I Used To



Sharon Van Etten siempre se ha considerado una de esas voces idóneas para el laborioso trabajo de la intimidación. Como si cada nota que fuera expulsada de su garganta tuviera la tarea de romper en añicos el corazón del oyente, estremecerle y recubrirlo de un halo de nostalgia. Cantautora atípica que ha bebido más del rock y del folk de cuantos coetáneos que le rodean, la música de Sharon fue ganando pulso en cada disco culminando en un Are We There (2014) donde descubría el poder de la intensidad para afligir almas. Haciendo gala de ese flamante descubrimiento, Sharon daba un giro de 180 grados tan pensado como coherente en Remind Me Tomorrow (2019), donde cubría de capas electrónicas su arte y creando una obra pensada para sonar a la misma vez en el pub etéreo de Twin Peaks, aquel Bang-Bang donde siempre se finalizaba capítulo con actuación musical, y en una gira norteamericana de Bruce Springsteen, ejerciendo como brillante telonero que va caldeando el ambiente antes de que el estadio se venga abajo. Justo en ese intermedio estaba la que hoy día puede ser su himno, Seventeen, el resultado inmisericorde de lo que pasa cuando una cantautora desgarra almas intenta hacer su Dancing In The Dark.

Angel Olsen es poseedora de una de esas voces tan poderosas que no precisan rodearse de mucha instrumentación para llenar el espacio sonoro. De hecho, en la mayoría de su carrera su principal acompañamiento ha sido una guitarra algo desgarrada, tocada en su mayoría con nostalgia y lamento, pero a la que no le importa mostrar rabia vital siempre cuando fuera necesario. Olsen no es tan lacónica como la mayoría de sus compañeras de profesión: es fácil imaginarla en la puerta trasera de un dinner estadounidense, con el delantal llena de manchas y el pelo recogido, rasgando las cuerdas de una guitarra mientras recuerda a todas aquellas personas que han pasado por esa carretera y que, al revés que ella, han seguido su camino. Después de alcanzar el cénit de su obra en My Woman (2016), Olsen reparó en que sólo quedaban dos caminos: la reiteración o la exploración sonora. Y así finalmente llegó a los sintetizadores, a bandas como The Cure o Cocteau Twins y bañar sus lamentos y su rabia interior en la piscina del dream-pop en All Mirrors (2019), dicotomía musical en su carrera producida por Mark Ronson y que lleva a su voz a unos nuevos derroteros donde, por fin, puede aplastar lo que se proponga con su potencia.

Partiendo de lugares distintos, de sonoridades diferentes y de influencias remotas entre sí, en estos momentos vitales la carrera de Sharon Van Etten y Angel Olsen había encontrado conexiones claras. Podríamos decir que yendo cada una por una carretera distinta de las profundidades de Estados Unidos, después de un largo viaje ambas hubieran decidido visitar los mismos parajes. Y de este modo, se han encontrado. Aunque ya se conocían de cruzarse en muchas giras, ni Sharon ni Angel eran cercanas, pero ha sido recorrer un similar espacio sonoro para acabar reflejándose entre ambas y observar que tenían más puntos en común de lo que pensaban. Sharon, la que se nota más lanzada, no dudó en aprovechar la oportunidad y le ofreció a su compañera una canción en la que estaba trabajando. Y de este modo nació Like I Used To, canción que hoy nos ocupa y que, dos semanas después de su lanzamiento, bien merece tanto una reflexión como así también que nos detengamos a contemplarla.

Like I Used To refleja todas las conexiones musicales entre ambas artistas siendo uno de esos pocos duetos donde todas las decisiones acertadas, incluso el orden de aparición de cada una de las artistas: primero la melancólica Sharon Van Etten, después el portento vocal de Olsen, todo en orden para que la intensidad sonora tenga tono ascendente. Ambas voces casan de forma idónea en un preestribillo más difícil de lo que parece a primera vista y explotan a la par en un estribillo perfecto, poderoso y que sirva de clímax a uno de esos temas que acaban agarrándote de las solapas, sacudiéndose y quedándose así contigo de por vida. Las guitarras suenan donde han de sonar, los teclados están puestos donde han de estar. Si encima acompañamos el resultado final con un vídeo bien planteado y que potencia la personalidad de ambas artistas, estimulando la fusión producida por la mezcla, tan sólo nos queda observar que hemos sido testigos de la que sin duda pertenece a la lista de las grandes canciones del año. Es de agradecer que Sharon Van Etten y Angel Olsen se hayan encontrado entre medias de sus recorridos musicales, pero más es de agradecer que hayan decidido compartirlo con nosotros, afortunados y dichosos de haber decidido repostar gasolina en el mismo paraje y contemplar así el brillo simpar de esta canción tan mayúscula.





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