• Marcos Alcaraz

Tenemos que hablar del concierto benéfico de Prince



Existen posibilidades de que estas líneas se estén escribiendo bajo horas límite: desde el pasado 14 de mayo se encuentra disponible en Youtube un concierto de Prince and The Revolution íntegro, grabado en Syracuse, New York el 30 de marzo de 1985, remasterizado por el ingeniero de sonido habitual de Prince, Bernie Grundman, y disponible también para plataformas como Spotify o Apple Music. En principio el concierto fue subido a la red para tres días por motivos benéficos, ya que lo que recaude irá a parar a la Organización Mundial de la Salud, pero bien porque está logrando su cometido o bien porque han querido alargar este regalo todavía está operativo en Youtube.


Bueno, hasta este punto todo parece correcto. El caso, y por lo que hemos de hablar seriamente de semejante concierto, es que no es correcto, sino antológico. Porque no han escogido un show al uso: tenemos disponibles casi dos horas completas de Prince en la mejor época de su carrera. Rodeado de la banda con la que llegó al estrellato, The Revolution, con un elenco que tira de espaldas -Wendy Melvoin, Lisa Coleman, Dr. Fink, BrownMark, Eric Leeds y Bobby Z, casi nada- y en la gira de presentación de su álbum más conocido y también posiblemente el mejor de una imponente discografía, Purple Rain, lo que convierte al setlist del concierto en un sueño hecho realidad al interpretar íntegramente dicho disco más grandes éxitos anteriores, especialmente de 1999, trabajo justamente anterior.


En la definición de “animalada”, en cuanto a su uso coloquial utilizado para exagerar la cantidad total de una cosa, podríamos poner a este directo como un ejemplo gráfico. Las dos horas de duración están plagadas de grandes momentos, de los cuales es imposible quedarse con solo una: la re-interpretación de Let’s Pretend To Be Married al piano a lo Little Richard; el duelo de guitarras -con simulación de sexo oral incluida- de Computer Blue o los 16 minutos finales de Purple Rain como colofón a semejante fiesta, un cierre acorde a la exhibicición dada. No es ninguna sorpresa ni secreto la capacidad de Prince Rogers Nelson encima de un escenario y sus habilidades como artista, músico, cantante, guitarrista y frontman en general: no en vano estamos hablando de una figura que podría ostentar el galardón de mejor artista escénico del siglo XX sin que nadie pudiese poner objeción. Pues semejante deleite está a nuestro alcance, en todo su esplendor y a disposición de cualquiera.


Es posible que mañana desaparezca semejante documento. Es probable incluso que por la diferencia de horarios con Estados Unidos pueda hacerlo en algún momento del día de hoy. Al no saber cuál será la fecha límite, cualquier punto puede ser una lucha contrarreloj para visionar un artefacto de tal calibre. Ruego a los lectores de este artículos interesados en el bueno de Prince que no pierdan la oportunidad de disfrutar de la infinita calidad musical de uno de los más grandes justamente en la cima de su carrera, cuando no tocaba el cielo, sino que era parte de él.




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