• Marcos Alcaraz

The Black Keys - Delta Kream



Afirmaba una afamada banda australiana que para llegar a la cima hace falta un largo camino. Faltaba también acompañar ese dicho recordando que, una vez instalados en lo más alto, lo más complicado es mantenerse. Los últimos pasos de la carrera de The Black Keys son un gran ejemplo de que mantener un estatus es una ardua tarea y que hay que saber escoger bien tus movimientos: el éxito conseguido con Brothers llegó a otro nivel con El Camino (2011), con esa Lonely Boy que sonó en cada casa del planeta, puso sintonía a cada programa deportivo; hizo que en algunas discotecas se bailara tal y como se nos mostraba en su original videoclip; puso melodía a la mitad de los anuncios televisados. Las también reconocidas Gold Of The Ceiling y Little Black Submarines terminaron por poner a Dan Auerbach y a Patrick Carney en lo más alto. Y a partir de ahí, llegaron los problemas.

La continuación de El Camino, aparecida tres años después de este con el nombre de Turn Blue (2014), no consiguió ni por asomo el éxito arrollador de su precedente a pesar de las tremendas expectativas depositadas, en una gira en la que, apoyados en sus triunfos anteriores, el dúo llegaron a ser considerados cabezas de cartel de festivales de tamaño considerable. En un álbum que buscaba de forma continua la aceptación de un público mayoritario, su búsqueda de celebridad fue un fracaso: únicamente remitiéndose a su calidad musical, Turn Blue desdibujaba a un grupo que tenía bien marcado su estilo y sus directrices. Las continuas disputas entre ambos les alejaron hasta su regreso, terapia de pareja mediante, en Let’s Rock, donde confirmaban haber errado en su toma de decisiones recuperando el rock n’ roll que siempre les había caracterizado. Sin embargo, algo faltaba en su fórmula que siempre había estado presente y que en dicho último largo se presentaba de forma descafeinada, lejos de las más granadas obras de la banda.

Esa búsqueda por recuperar un sonido muy característico que no deja de ser el suyo propio les ha llevado a volver a las raíces, a recuperar la música que más les ha influenciado y que marcó sus comienzos como banda: en una serie de grabaciones acometidas en un par de días a finales de 2019, The Black Keys se lanzaron a realizar versiones tributo al Hill Country Blues, blues autóctono del MIssissipi, con una tipología muy característica donde prima un tono repetitivo, un fraseo de guitarra muy sencillo y en sí la continua repetición. Un reto difícil y complicado no a la altura precisamente de cualquiera y que, para añadir todavía más presión, Dan Auerbach y Patrick Carney han realizado acompañados de dos músicos que habían participado en las grabaciones de algunos de los artistas referenciados: el guitarrista Kenny Brown, el bajista Eric Deaton, el teclista Ray Jacildo y el percusionista Sam Bacco.

Delta Kream supone de este modo un regreso a las esencias que retrae a la banda a sus propios inicios: la misma ópera prima del dúo, The Big Come Up, ya incluía versiones de Junior Krimbough o RL Burnside, artistas aquí referenciados y de los que vuelven a reinterpetar algunos de sus clásicos. Un nada disimulado intento de retraerse en los orígenes para volver a recuperar su propia identidad. Y en buena parte de Delta Kream The Black Keys lo consiguen, ofreciendo su sello característico en las letras y música de artistas distintos: ahí están Poor Boy Long Way Home o Coal Black Mattie para demostrarlo, imán para todos aquellos que echaran de menos el sonido de sus primeras obras. Aunque las características intrínsecas del propio blues reverenciado crearán dificultades a muchos de sus seguidores: no están buscando la comercialidad en este trabajo, despojados de todo intento de agrado más allá de contentarse a sí mismos. Sin embargo, sí que afloran tics de sus últimos tiempos -lo cual, admitámoslo, no es virtud alguna- no ya únicamente de su vertiente más desmejorada sino también de las carreras en solitario de sus dos componentes: en Going Down South Dan Auerbach canta como en uno de sus discos en solitario, no para un largo de Black Keys.

El ejercicio es interesante, adictivo por momentos, y se hará más o menos ameno según la familiaridad que tenga el oyente con el blues: no obstante su excesiva duración lastra incluso a aquellos más predispuestos. Un trabajo tan monotemático, tan monótono -al fin y al cabo como el blues que buscan reverenciar- se excede al llegar a la hora de duración. No ayuda que, mostrando la propia espontaneidad de haber sido grabado en dos días, no todas las partes tengan la misma creatividad e ingenio que otras, y algunos desarrollos no están a la misma altura. En todo caso, Delta Kream recupera en no pocas ocasiones a unos Black Keys que se habían perdido por el camino, lo cual, para aquellos que les daban por perdidos, será reconfortante.

VEREDICTO: Ejercicio de estilo no siempre lúcido y de duración excesiva que deja en buen lugar a una banda que por momentos vuelve a encontrarse a sí misma. 6´5/10.


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