• Marcos Alcaraz

The Deep y el espejo de la farándula



Creemos que lo sabemos todo acerca de la vida de los famosos teniendo en cuenta el considerable número de revistas de la prensa rosa que asolan nuestros kioscos y nuestra red. Pero en realidad no somos ni remotamente conscientes de cuán extravagante es la vida de nuestros ídolos: los rumores acerca de los actores y actrices del Hollywood clásico apuntaban a rituales satánicos, travestismo, homosexualidad reprimida -o no reprimida, pero sí escondida- orgías, drogas y demás tendencias que realizar cuando eres extremadamente rico y ya ningún placer banal es suficiente para saciarte. Por eso mismo la imagen que se nos intenta vender en los medios presentándonos a los ilustres de la gran pantalla, de la música o de la farándula general actuando como si fueran cualquiera de nosotros son una falsedad a la altura de la literatura de ciencia ficción. ¿Quién conservaría su mismo modus operandi cuando contara con una lluvia de millones en el banco? No es de extrañar entonces que, cuando lo tienes todo, has acudido a las mejores fiestas y te has codeado con lo más selecto, acabes metido en algo tan caótico como la Iglesia de la Cienciología.


También es natural que, cuando ganas semejantes millonadas, vivas completamente separado de la realidad, creando una burbuja donde tu estatus te permite acceder a todo lo que solicites, una no-tan-falsa sensación de superioridad que ha metido a muchos de ellos en aprietos cuando han equivocado con quien realizar sus fetichismos extraños. El dinero permite hacer muchas cosas, entre ellas aquellas que te despiertan un placer interior que jamás habrías buscado sin tener la ocasión de vivir despreocupado. Esta era la línea principal del personaje de The Deep (Profundo en la traducción española) en la serie The Boys en su primera temporada: personaje intrascendente en el comic que es adaptado a la pequeña pantalla, aquí de repente convertido a ser el trasfondo cómico de la adaptación utilizándolo como un Caballo de Troya para ahondar en el complejo mundo de las celebridades de la actualidad. En los primeros capítulos de la serie, este trasunto de Aquaman, ya hilarante en cuanto a su inutilidad fuera del agua o a su extraña habilidad para hablar con cualquier habitante del mundo marítimo, es aprovechado para hacer una incursión en Hollywood en los años del #MeToo, incorporando en él las excusas baratas que hemos visto usar a aquellos involucrados en acusaciones y los ademanes que, con toda probabilidad, realizan los famosos cuando no alcanzan a comprender qué está mal en su conducta.


Viendo el filón que tenían entre manos -el mismo creador de la serie se refiere al personaje como “el Forrest Gump de las gilipolleces de Hollywood”, los guionistas han aprovechado en la segunda temporada de la serie para realizar una burla más aguda al star-system con un tema que ni siquiera está en los temas de rabiosa actualidad de nuestro día a día: las sectas en las que se ven envueltos estos personajes y que buscan involucrarse en las inseguridades de los famosos con la intención de capturarles para engrandecer su culto, y por tanto, sus cuentas. Mezclando un par de iglesias aparte de la consabida Cienciología, en The Boys se realiza una hilarante demostración de cómo es el comportamiento de una estrella como The Deep en una religión que finge querer ayudarlo para realmente utilizarlo para su interés propio. Llega a un grado de confianza con la susodicha Iglesia del Colectivo que llega a dejarles al mando de su cuenta del banco, para incredulidad de todos los espectadores, que nos reímos por descreimiento sin ser conscientes de cuán afilada está siendo la parodia realizada. Si Tom Cruise dejó que la Cienciología organizase su boda -y según las malas lenguas, también escogió a su pareja- ¿tan raro es que les deje el dominio de todas sus cuentas?


Bien es cierto que The Deep es, al fin y al cabo, un completo gilipollas y mi intención no es señalar que todo el mundo en Hollywood lo sea, pero en la forma de confrontar la mierda de persona que es y el por qué lo es, los guionistas de The Boys han encontrado una forma de ridiculizar el comportamiento de un mundo al que no tenemos acceso y que siempre nos intentan vender humanizándolos, haciéndonos entender que los astros son uno más que nosotros, seguramente conscientes de que se encuentran tan alienados que si les viéramos tal y como son sería imposible sentirnos reflejados con todos ellos. The Deep, ese “Forrest Gump de las gilpolleces de Hollywood”, es donde más se afila la hilarante y estupenda crítica de la serie a cómo sería nuestro mundo si las estrellas e influencers tuvieran superpoderes: seguramente más de uno acabaría hablando con sus propias branquias.


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