• Marcos Alcaraz

The Killers - Imploding The Mirage

Actualizado: nov 4



Cuando aquella avalancha de indie-rock aparecida en la década de los dos ceros se encontraba en la cresta de la ola, The Killers siempre fueron, tanto para gran parte de la prensa especializada como también inclusive para los entendidos en el subgénero musical, los últimos en consideración de una clase superpoblada. Idolatrados por el gran público a la par, amantes de su capacidad para entregar hits con pegada, en su aparición con Hot Fuss (204) muchos llegaron a acusarles de chiste al que pronto se le vería el cartón. No tenían mucho que ver con sus coetáneos, más allá de algunos trucos de producción: a The Killers, como a The Strokes, les encantaban The Cars, pero desde el primer momento se notaba que su enfoque era otro, más cercano a la new wave o a grupos como Duran Duran o U2. De este modo, a partir de Sam’s Town (2006) comenzaron su camino para abrazar lo que siempre quisieron ser, y en el fondo, siempre fueron: un grupo de pop-rock de estadios por y para las masas.


Siendo claros: horteras, The Killers lo son un rato. Y desde el primer momento. Puede que adoren a Bruce Springsteen y U2, pero no a los de sus inicios, sino a los que ya reunían masas. Cada vez sin menos ataduras en el discutido Day & Age (2008) -que contaba con buenas piezas, entre ellas aquel Human que de tan sonado acabó por ser odiado- y patinaron cayendo de forma aparatosa en Battle Born (2012), que parecía marcar su final como banda -al menos en estudio- y daba finalmente la razón a sus detractores. Precisamente por ello sorprendió que, cinco años después de hundirse compositivamente, llegara un Wonderful Wonderful (2017) que, aunque irregular, presentaba cuatro singles incontestables, resaltando la desvergonzada The Man, donde se aceptaban de pleno como banda de pop-rock hortera que hace botar a grandes aglomeraciones, o temas como Rut o Tyson Vs Douglas. Dando una vuelta a sí mismos a la misma vez que siendo ellos hasta las últimas consecuencias, cuando más simplista es su propuesta mayores virtudes presenta: diversión pura, sin alardes, tan ingenua como efectiva, quedando en la punta de lanza su capacidad para hacer melodías irresistibles. The Killers, al fin, eran autoconscientes de ser puro AOR: gracias a ello, siendo siempre los últimos de su graduación pese a su popularidad, habían sobrevivido a todo mientras más de la mitad de sus compañeros no sobrevivían una vez salidos del instituto.


Es precisamente el abrazo de esa desvergüenza autoconsciente la que consigue que Imploding The Mirage se convierta en su trabajo más disfrutable en unos cuantos años. Si, dada su habitual irregularidad, medimos sus álbumes en calidad según la cantidad y calidad de los singles que presente, Imploding presenta cinco pelotazos de un pop-rock tan sencillo como coreable. Su primer adelanto, Caution, es un ejemplo perfecto de Heartland rock imbatible que podría colarse en la programación de M80 no ya sin desentonar, sino incluso destacando. Y cuando la guitarra del invitado estrella Lindsey Buckingham acaba por llevar todo hacia el éxtasis, el oyente se ha quitado de forma definitiva su careta y acepta ser embadurnado en chicle, brillantina y epicidad gratuita.




Cerca de ese nivel se encuentran el resto de adelantos: My Own Soul’s Warning, un artefacto explosivo preparado para ser detonado en festivales y que provoca el alzamiento de tus brazos hacia el cielo como si activaran un resorte; la irresistible mezcla de Duran Duran y Talking Heads que es Fire And Bone; o una Dying Breed que reformula el clásico single de The Killers recubierto de AOR y que hace referencia a Can o NEU!. También está muy atinada My God, quizá el momento del disco donde lo hortera acaba por estallar perdiendo al completo los papeles, con Weyes Blood colaborando con un alocado falsete y un estribillo que golpea tu cerebro con fuegos artificiales. Y si bien la capacidad para elaborar singles de la banda está fuera de toda duda, Imploding The Mirage se revela como el álbum más cohesionado de la banda en más tiempo del que deberían. De las cinco canciones restantes, los ecos a Bruce Springsteen convierten a Blowback en una composición muy interesante; When The Dreams Run Dry podría ser un desastre y sin embargo, funciona; Running Towards A Place reúne a Adam Gramduciel para que terminemos de relacionarlo todo con The War On Drugs; tampoco desentona el tema homónimo como cierre. La única canción que no tiene claro hacia dónde ir y queda un tanto descompasada es Lightning Fields, que nunca encuentra el tono ni siquiera con la ayuda de K.D. Lang.


Producido por Jonathan Rado de Foxygen, este salto con doble tirabuzón a la piscina de los 80 nos deja a solas con las mayores virtudes de la banda de Las Vegas: buenas y pegadizas melodías espoleadas por la cristalina voz de Brandon Flowers. Con el único propósito de divertirnos, Imploding The Mirage nos presenta algo impensable años atrás: que en pleno 2020 estemos hablando de uno de los mejores trabajos de The Killers y el que les otorga su regreso a la actualidad musical. Un trabajo siempre entretenido, en especial si dejas tus vergüenzas fuera y aceptas que a veces disfrutas más con M80 en el autobús que con los CDs que medio escuchas en el coche.


VEREDICTO: 7/10

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