• Marcos Alcaraz

Un repaso a... AC/DC (III)

Continuamos nuestro repaso a la discografía de AC/DC adentrándonos ya en el terreno formidable de los álbumes con Bon Scott, un cantante prodigioso e imperecedero en la historia del rock n' roll. Tercera parte de nuestro repaso que acabaremos la próxima semana con el pódium de la banda: Aquí os dejamos la primera parte correspondiente a los álbumes del 15 al 11 y la segunda con los puestos del 10 al 7



(Bonus) 6 y ½ : 74’ Jailbreak (1984)


Antes de continuar el listado “oficial” vamos a ofrecer un pequeño bonus que nos permite introducir a la mayoría de las canciones que nos han quedado fuera del listado cuando hemos decidido seguirlo mediante su orden internacional sin tener en cuenta australiano, un embrollo que vamos a explicar hoy y que hace que el catálogo de la banda sea un tanto interpretable. Este EP de 23 minutos fue lanzado al mercado internacional en 1984, justo entre la publicación de Flick Of The Switch y Fly On The Wall, agrupando varias de las canciones publicadas en el que realmente es el primer trabajo del grupo, aquel HIgh Voltage australiano que inauguraba la discografía de AC/DC: se encuentran la versión Baby Please Don’t Go -la auténtica primera pieza del grupo-, You Ain’t A Hold On Me, Show Business, Soul Stripper y el tema homónimo.


Jailbreak, primer single de Dirty Deeds Done Dirt Cheap que sin embargo acabó fuera de la versión internacional de este, fue un éxito en su lanzamiento en Estados Unidos justo en una época donde la salud comercial de AC/DC estaba en entredicho tras pinchar en buena parte en Flick Of The Switch y hacerlo con todas las de la ley en Fly On The Wall. Sorprende que dejasen fuera en su día a Jailbreak de un mercado internacional que querían comerse ateniéndonos a la adicción que provoca un hit así, pero es habitual en el grupo este trajín de temas y decisiones extrañas a la hora de escoger las publicaciones tanto en un mercado como en otro.

Como EP es divertidísimo, con ese gran tema homónimo apoyado en un estribillo irresistible y en una únión de canciones que nos muestra a los AC/DC más primigenios, aquellos que se encuentran lejos de encontrar su propia huella pero que empiezan a afinar su sonido mezclando influencias claras del rock n’ roll más primigenio, el blues y el boogie rock tan usual en la tierra australiana.


Mejor canción: Es evidente que Jailbreak, otra viva demostración de la capacidad del grupo en esos momentos para entregar temas pegadizos y adictivos.



Gema oculta: Los seis minutos hipnóticos de Soul Stripper, con esa caja tan predominante, la batería haciendo amagos de lanzarse al ritmo tribal y ese diálogo entre las guitarras de Angus y Malcolm Young en una canción que empieza prácticamente por el solo, que se espera instrumental y que termina de alzar un Bon Scott que ya no esperabas teniendo en cuenta que en su aparición nos encontramos en el minuto dos.



6- High Voltage (International Edition) (1975)


La historia de AC/DC os la sabéis todo, y en un repaso discográfico sin orden cronológico tampoco tiene mucho sentido que nos liemos ahora a explicarla, pero hagamos un breve resumen para entender de donde venimos: los hermanos Malcolm y Angus, jóvenes y barbilampiños como ellos solos, quieren hacer buen rock n’ roll y forman una banda con el nombre que les aconseja su hermana una vez mira por detrás de la aspiradora y encuentra ese corriente alterna corriente continua que ya es historia. El primer cantante fue un Dave Evans que duró dos singles: le sustituyó el maravilloso Bon Scott, quien ya había sido vocalista de otras bandas de tercera categoría y que daba tumbos de un sitio a otro, acabando como conductor de la propia furgoneta de los primerizos AC/DC. A los hermanos Young les recomendaron darle una oportunidad a aquel borrachuzo que les pasaba casi una decena de años: lo primero que señalaron los hermanos era esa diferencia de edad con un lacónico “estás viejo para el rock n’ roll”. A Bon Scott también le parecía que esos jovenzuelos estaban un tanto verdes, aunque les vio un destellante potencial: a poco que probaron entre ellos, Bon Scott y los hermanos Young supieron que su destino estaba entrelazado. Ese estilo tan reverente a Little Richard de Bon Scott casaba con ese amor a Chuck Berry de Angus y Malcolm: que los tres fueran escoceses alejados de su patria terminó por estrechar lazos.

Este High Voltage internacional es la unión de los dos primeros álbumes australianos, los que son realmente las dos primeras piezas en el camino de AC/DC y que aquí se unirían en una única colección que es la que tenemos todos en nuestra casa en la actualidad. Más bien recoge el segundo de ellos casi en su totalidad, exceptuando una versión de Chuck Berry y una Rocker que acabaría apareciendo en la edición internacional del Dirty Deeds Done Dirt Cheap (sí, es un tanto lío todo lo que concierne a estas ediciones). Del High Voltage australiano primigenio únicamente se recogen la canción homónima y la bluesera Little Lover: las canciones restantes quedarían, para el mercado global, englobadas en el EP del que acabamos de hablar.

Hemos hablado de cómo se forma el tridente que lidera a AC/DC, pero evidentemente, y ateniéndonos a un grupo que depende en buena parte de su ritmo y cadencia, una base rítmica acorde a la propuesta. En el High Voltage australiano será el tío de los hermanos Young, George Young, productor y mánager en la sombra de la banda junto a Harry Vanda, quien toque el bajo y el músico de estudio Tony Currenti la batería. Será en T.N.T donde ya se unan los habituales Mark Evans (al menos hasta Powerage, donde le sustituirá el ya clásico Cliff Williams) y Phil Rudd, uno de los secretos más claros de la fórmula de AC/DC y que los años demostrarán que es irremplazable para conseguir el sonido perfecto del grupo.

Por lo tanto, no hablamos de un debut al uso, y bien se nota que entre ambos lanzamientos australianos se encuentran cientos de conciertos dados por todos los tugurios de Australia, pues los chicos empiezan a coger tablas y a mostrar una rápida conexión entre todos ellos. De este modo, a pesar de que como en todos los inicios de los grupos de rock, es fácil encontrar las influencias que marcan a AC/DC en esta primera obra, podemos observar que las características esenciales ya se encuentran aquí, teniendo todos ellos claro a qué querían sonar desde el primer momento. Esa seña de identidad, ese boogie rock sudoroso y ardiente tan marcado por el blues que admiraban los ídolos de Angus y Malcolm Young, hace que en este High Voltage encontremos varias canciones que se han convertido en himnos de la banda y que tan solo una producción no tan afilada como van a realizar en posteriores álbumes hace que se diferencien de cualquier otro éxito suyo: desde la inicial It’s A Long Way To The Top a la irresistible canción homónima, pasando por esa T.N.T. que empieza a mostrarnos su facilidad para hacer estribillos coreables en bares. Ya se muestra ese toque único de Bon Scott, alumno aventajado de su amado Little Richard, con sus letras barriobajeras llenas de ironía y chulería; y por supuesto esa conexión única entre las guitarras de un Malcolm Young ofreciendo una de las rítmicas más bárbaras del rock n’ roll ofreciendo soporte a un Angus Young aquí todavía no tan en el papel de líder de la banda pero que ya empieza a mostrar su maestría en la seductora The Jack o en la abrasiva Live Wire. Aún les falta para engrasar del todo la maquinaria, pero que nos enfrentamos a una locomotora sonora sin igual se constata desde esta “primera” obra.


Mejor canción: No se me ocurre mejor forma de empezar un álbum que con It’s A Long Way To The Top. Lo pienso y nada, no hay manera. Nos encontramos frente al intenso rock habitual de la banda en una declaración de intenciones clara en cuanto a sus deseos de aspirar a lo más alto del mundo musical, lanzando mensajes que con el tiempo acabarían convirtiéndose en proféticos, y que llegan a su clímax cuando aparecen unas gaitas -recordándonos la procedencia del grupo- recién terminado el primer estribillo, que crean un ambiente de intensidad y pasión sin igual, dialogando con la guitarra de Angus Young cruzándose el papel protagónico de uno a otro creando algo único en la discografía de AC/DC. Al final, guitarras y gaitas juntas y unidas por una potencia sonora asombrosa, acaban por poner los pelos de punta al oyente: esto, amigos, es puro rock n’ roll. Si además añades un vídeo ya mítico con los miembros de la banda interpretando el tema en un camión por las calles de Melbourne, tan sólo cabe rendirse ante la perfección.



Gema Oculta: Lo normal sería nombrar a Rock N’ Roll Singer, con el riff que acabarían robando sin pudor alguno The Cult en Wild Flower, pero voy a romper una lanza por una canción para nada desconocida pero que a veces ensombrece el éxito de la anteriormente citada It’s A Long Way To The Top, la reverenciada High Voltage o la archiconocida T.N.T: ¿Os habéis fijado todo lo posible en cuán alucinante es Live Wire?





5- Dirty Deeds Done Dirt Cheap (1976)

Pocas bandas más trabajadoras que AC/DC en sus primeros años, dando entre dos o tres conciertos al día y yendo de un lado para otro en su furgoneta, queriendo darlo todo en cada escenario y llegar al máximo público posible. Eso les llevó a dar sus primeros conciertos en las islas británicas, una vez fue lanzada It’s A Long Way To The Top como adelanto. Ahí fue cuando a George Young se le ocurre la idea de sacar un EP que pueda venderse por esas tierras mientras se encuentran en las fechas de la gira, pero al final se desecha quedando únicamente Love At First Steel de aquella tanda de canciones: de otros dos temas potenciales se acabaría creando, meses después, Whole Lotta Rosie.

Aquí nos enfrentamos a un grupo que empieza a mostrar que se encuentra a gusto con lo que están haciendo, lubricando esa maquinaria gracias a sus formidables conciertos donde se comían a todo aquel que teloneaban, sea la banda mítica que sea: en Estados Unidos las bandas sentían pánico de compartir cartel con esos demonios inquietos y vibrantes. Empiezan a encontrar una mayor afinidad como banda y su propio sello propio: lo que ofrecen al mercado no suena a otra cosa que no sea a AC/DC. En Dirty Deeds Done Dirt Cheap, pese a tener menos himnos que en su precedente, dan un salto cualitativo ofreciendo uno de los conjuntos más variados de su carrera, probándose en su limitado espectro para terminar de encontrar su punto perfecto. Podemos encontrar incluso la que durante muchos años fue la única balada de la banda, esa Ride On convertida por ello en una de las favoritas de los fanáticos y donde Bon Scott demuestra todo aquello de lo que es capaz; o también lo más cercano al rockabilly que hayan hecho nunca en esa Rocker añadida del T.N.T australiano para la versión internacional.

Volviendo al tema de las ediciones australianas e internacionales, aquí para pasar de un mercado a otro se elimina el primer single del álbum, la estupenda Jailbreak, y la más discreta R.I.P. Rock In Peace para añadir en su favor Love At First Steel y la ya citada Rocker. El álbum no se publicó finalmente en Estados Unidos en su momento dado a que Atlantic Records no le dio su visto bueno, y años más tarde, cuando la banda se encontraba en su zénit de fama tras la publicación de Back In Black, en la discográfica repararon que contaban con la posibilidad de sacar más dinero de los australianos y decidió sacarlo al mercado pocos meses antes de que se estrenara For Those About To Rock en 1981. Esta decisión no gustó nada a la banda que muchas veces lo ha considerado un claro error, ya que acababan de establecerse con Brian Johnson y el éxito que tuvo el tema titular provocó que las comparaciones con Bon Scott volvieran a ponerse encima de la mesa y que tuvieran que añadir canciones de aquel álbum a la gira de presentación de For Those About To Rock.

El tema homónimo nos empieza a mostrar que AC/DC están dándose cuenta que su camino está marcado por la contundencia, y el sonido de ese riff nos muestra la firmeza y energía que irán alcanzando con los progresivos álbumes: su estribillo, deudor de ese estilo anárquico y borrachuzo de T.N.T, es propio de una banda de trogloditas… Pero esta es nuestra banda de trogloditas, como nos muestran en la divertida Big Balls, con un tronchante Bon Scott haciendo un juego de palabras entre baile y bolas haciendo una sátira de las clases altas sin ninguna delicadeza; en Rocker, una de sus piezas más aceleradas, quitan el hipo con la intensidad que pueden alcanzar y que llevaban todavía más alto en directo -ahí está esa apasionante versión en directo en París con un Angus desatado- la fabulosa Problem Child, con otro riff perfecto que en aquella época se les escapaban de las manos a los hermanos Young; el puro boogie rock australiano marca de la casa de There’s Gonna Be Some Rockin; la ya citada Ride On, con Bon Scott hablándonos de las miserias de una pareja por culpa del alcohol que bebe el hombre; y ese final con Squaler con ese toque tan vacilón y cadencioso que cada vez les sale mejor. Y, por supuesto, esa Ain’t No Fun Waiting Round To Be A Millionaire que paso a explicar en el apartado de gemas ocultas.


Mejor tema: Pocos pepinazos con mejor riff, mayor contundencia, mejor acompañamiento de batería y estribillos más vacilones que Dirty Deeds Done Dirt Cheap.

Gema oculta: Ain’t No Fun (Waiting Round To Be A Millionaire). Un tour de force como pocos se pueden encontrar en la discografía de AC/DC y dividido en tres secciones: en la primera, siguiendo un machacante riff, Bon Scott nos cuenta una historia muy personal y llena de sátira de un aspirante a cantante de rock n’ roll ofreciendo su música a las grandes compañías para conseguir llegar a la cima, con momentos geniales en la letra como ese “Tengo parches en los parches de mis viejos pantalones azules. Bueno, solían ser azules; también solían ser nuevos; también solían estar limpios” y que llega a ese momento de puro clímax donde estalla el estribillo de la canción -la mera repetición de una frase, pero no hay nadie que lo haga como Bon Scott- incrementando su tono boogie rock con unos afilados Angus y Malcolm, para acabar en un tercer acto de desparrame y de repetición -casi roza el krautrock- en una demostración de feeling inaudita. Son los siete minutos más machacones, repetitivos y por lo tanto magistrales del álbum y unos de los mejores de AC/DC.





4- Let There Be Rock (1977)


Es tan curioso como recomendable seguir la discografía de AC/DC partiendo de sus inicios para ir observando cómo van encontrando su fórmula mágica, esa capacidad suya para hacer sentir al oyente dentro de una tormenta eléctrica y levantarlo de su asiento de principio a fin: no en vano esta entrada de hoy ha acabado por estar ordenada siguiendo el orden sucesivo de lanzamientos de los primeros años de Bon Scott - en la última romperemos esa tónica. Y es que el salto cualitativo que dan en este Let There Be Rock, piedra angular para entender el sonido de AC/DC, es considerable, ofreciendo hasta la fecha su álbum más homogéneo. “Queríamos guitarras más ruidosas” asegura Malcolm en el documental de la banda, y vaya sí las encontraron: nos enfrentamos aquí a una absoluta muralla sonora, impregnada de energía, sudor y furia sin precedente alguno. Aquí ya no hay “tanta” variedad de estilos como en sus precedentes, sino un único sonido bien perfilado y desarrollado en algunas de las mejores canciones de la historia de AC/DC. Desde el momento donde insertas el vinilo de Let There Be Rock hasta que la aguja se levanta marcando su final, no existe momento alguno de respiro: es un continuo huracán de rock duro y directo a la médula, sin ofrecer respiro, todo un arranque de furia e ira desatada una vez se enteraron de que la Atlantic Records americana no aprobaba el lanzamiento de Dirty Deeds Done Dirt Cheap.

No exageramos cuando consideramos a AC/DC en una de las máquinas más engrasadas de la historia del rock, y es en álbumes como en Let There Be Rock donde lo demuestran: un torbellino sin igual liderado por un Angus Young ya completamente desatado como líder absoluto de la banda y que da rienda suelta a su virtuosismo guitarrero y a su capacidad para recoger la abrasiva cadencia de la parte rítmica del grupo y arrastrarlo hacia la más alta intensidad. Un álbum que se abre con la visceral Go Down, con Bon Scott contándonos cómo se ha dado al whisky desde que se marchó una Ruby que “bajaba abajo” como nadie y que está inspirada en la controvertida groupie Ruby Lips; su solo es incendiario, y en cualquier otro trabajo, el punto más alto que nos ofrecería el guitarrista de turno. Pero esto es AC/DC, y aquí el orden del día es ofrecer clímax tras clímax.

Le sucede una Dog Eat Dog que nos muestra que nadie es capaz de dominar el ritmo, la cadencia y la intensidad con AC/DC, bien apoyada con una percusión casi tribal, la cada vez más afilada guitarra de Malcolm y un solo vigoroso de Angus Young. Y los coros, claro está, marca de la casa. De la tormenta frenopática del título homónimo hablaremos más tarde; Bad Boy Boogie demuestra que cada vez están más cerca de encontrar tal perfección en el boogie rock que nos va a parecer que ha sido inventado por ellos. Aquí encontramos la que para mi gusto es el único reproche posible de Let There Be Rock: añadir en su versión internacional (aquí estamos otra vez) un Problem Child que ya había visto la luz en la versión internacional de Dirty Deeds Done Dirt Cheap. Pero como no se publicó en Estados Unidos…Sea como sea, poco problema se le puede poner a escuchar un tema tan magnífico.


Que en este tiempo les salían los temas como churros lo demuestra Overdoose, la menos reconocida de la colección y por la que millones de bandas matarían por tener en su colección, con un riff en perfecta sincronización entre las guitarras de ambos hermanos y un desarrollo escandalosamente pirómano. En Hell Ain’t A Bad Place To Be otro estupendo trabajo de Bon Scott y un riff alucinante nos ofrecen otro tema marca de la casa sin agujero posible. ¿Y acabar con Whole Lotta Rosie, con ese riff que entra como una cuchilla, esa introducción que te mantiene expectante, ese desarrollo comandado por un Bon Scott portentoso y ese asombroso final que te empuja a saltar y brincar por toda la habitación en la que te encuentres? ¿Pero cómo es posible ofrecer un nivel así? Reto a cualquiera de los presentes a ponerse este disco de inicio a fin y no acabar golpeando paredes, dando saltos por la casa o entregándose al alcohol, a la fiesta y al desenfreno.


Mejor tema: Siempre recordaré aquel día, con tan solo 13 años, donde acudiendo al colegio en una mañana fría y aburrida de otoño, me puse mi pequeño MP3 con una lista de canciones de AC/DC que me había metido el día antes tras haber escuchado las cuatro o cinco más míticas y conocidas. El MP3 seleccionó, en modo aleatorio, Let There Be Rock tema: todo lo que sentí en esos seis minutos fue lo que al final me llevó a darme cuenta que lo mío era el rock n’ roll. Cada solo me impresionaba más, hasta llegar al último con la carne de gallina y los ojos abiertos de par en par superado por lo que acababa de escuchar. ¿Existían cosas así? Pues yo quería más.

La canción en sí es histórica: Bon Scott contándonos la historia del rock n’ roll en tono bíblico y donde se dedican a galopar por encima de nosotros, pasarnos por encima como si fueran una locomotora llena de carbón y nosotros tristes blandengues sin escapatoria atados a las vías del tren. Acompaña, claro está, ese videoclip en una iglesia -qué engaño debieron dar al cura- con Bon siendo el cura más cool que conozcáis y con un Angus Young desatado, con un cuello como un resorte, que sorprende que acabe vivo. Historia viva del rock cargada de sudor y adrenalina.



Gema oculta: Se ha dicho tantas veces que Overdoose es la gema oculta de este álbum -la canción favorita de James Hetfield- que aunque doy la razón a esa aseveración me decanto por una Dog Eat Dog siempre a la sombra de otras del mismo álbum y que forma parte de las mejores canciones de AC/DC.




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