• Marcos Alcaraz

Un repaso a... AC/DC (IV y final)

Continuamos y finalizamos nuestro repaso a la discografía de AC/DC de su peor a su mejor disco analizando los tres álbumes que suponen nuestro pódium, los tres mejores álbumes de uno de los grupos más importantes de la música rock: tres trabajos indispensables para cualquiera que sepa de qué va este rollo de las guitarras, la distorsión y todo aquello que tanto nos encanta.


Aquí podéis encontrar los anteriores repasos:


3- Powerage (1978)


El disco favorito habitual de los seguidores fieles de la banda, quienes siempre lo tienen en especial consideración mientras que los no tan expertos, aquellos que se quedan únicamente con el conocimiento de los mayores éxitos del grupo, desconocen al no contar con ningún mega-éxito como sí cuenta tanto su predecesor como sus dos sucesores -tres, si contamos For Those About To Rock y su tema homónimo. Lo cierto es que cuando presentaron el tracklist original de Powerage, la compañía intentó persuadir a la banda de que en ese listado faltaba un single claro. Sus integrantes actuaban como si no fuera la cosa con ellos, pero al final fueron convencidos de volver al estudio y grabar algo que fuera fácilmente radiable. En poco menos de una mañana volvieron con Rock N’ Roll Damnation bajo el brazo, tema que abre el disco y que cierto es que es bastante accesible para sonar en una radio: homenajea el rock n’ roll más clásico dándole ese toque pegadizo añadiendo aplausos y maracas. Ni siquiera hay un solo al uso de Angus explayándose con su guitarra.

El resto del álbum es lo que cabe de esperar de unos AC/DC que acababan de engrasar su sonido al máximo en Let There Be Rock y aquí están todavía más cerca de afinar su fórmula hasta el final, encontrar su propio clímax como banda: puede que no encontremos canciones fáciles de sonar en la radio -quizás Sin City es la que más se pueda acercar a algo así- pero lo que sí encontramos son una gran cantidad de momentos memorables, con el listado de temas del grupo que igual el público general no tiene en cuenta, pero que se encuentran entre lo más granado de su repertorio: bombas absolutas de relojería que muestran a una banda en pleno esplendor, cada vez ofreciendo riffs más impresionantes que el anterior.


Powerage será el álbum donde despidan a Mark Evans del puesto de bajista para incorporar a Cliff Williams, un tipo experimentado que ya había dado el callo en bandas como Home y Bandit y que engrasará todavía más la sala de máquinas del grupo, formando un dúo impecable con Phil Rudd a la batería -ahora mismo el único nacido en Australia de sus componentes- y que se convertirá en el gran secreto de AC/DC, además de contribuir elevando el nivel de unos coros que llegaron para quedarse y que son claves para entender el futuro de la banda. Además, este será el único álbum producido por George Young y Harry Vanda, una vez consideren en el posterior Highway To Hell que para terminar de aspirar a los cielos necesitan una producción más comercial.


Rock N’ Roll Damnation sirve como apertura perfecta para el álbum y sin embargo se siente como un punto y aparte de lo que está por llegar: no dejo de tener la sensación de que Powerage realmente se pone en marcha cuando escuchamos la guitarra distorsionada de Angus en Down Payment Blues, antes de que tanto él como su hermano pongan una marcha ascendente en un riff estratosférico que desarrolla un tema que se convierte en un artefacto explosivo, muestra perfecta del dominio absoluto del grupo de la cadencia y la intensidad; le sigue una Gimme A Bullet que nos demuestra hasta qué punto es un privilegio contar con Bon Scott a las voces y tener a un tipo como Malcom Young en la guitarra rítmica. De Riff Raff, claro está, hablaremos cuando nos refiramos al mejor tema de este trabajo. Le sucede la estupenda Sin City, la hermana pequeña de Problem Child y quizás un buen ejemplo de que han cometido un gran acierto incorporando el bajo de Cliff Williams; el riff de What’s Next To The Moon es uno de los mejores de su galería, francamente minusvalorado, siendo una de las principales gemas ocultas de la discografía de la banda; lo mismo va para el ritmo vacilón de Gone Shootin, joya cada día más destacada y que vuelve a mostrar que tener a Cliff Williams repitiendo la misma nota durante un minuto ha sido una de las mejores ideas posibles. Clif Williams hace que todo funcione como un tren en marcha del que es imposible bajarse.


Que estamos hablando de un álbum casi perfecto lo muestra una Up To My Neck In You que aquí quizás quede como el tema menos trabajado y que sería un absoluto martillo pilón en cualquier otro disco no ya de la banda sino de cualquier discografía que dispongamos del rock n’ roll. Powerage cierra con una demostración brutal de la capacidad interpretativa de Bon Scott, una Kicked In the Teeth que cabalga por encima de la estampida de guitarras de los hermanos Young en un tema preparado para ser puesto lo más alto posible, hasta que los cuadros empiecen a caer de las paredes y los vecinos acaben asumiendo que no vas a mover un dedo por volver a bajar el volumen, porque después de esto va a caer otro disco de AC/DC. Tú lo sabes, y ellos también.


Mejor tema: Quizás Riff Raff sea el mejor tema anárquico y descontrolado del grupo, una maravilla donde Bon Scott tarda dos minutos en aparecer, el esquema compositivo no tiene sentido alguno, la introducción se alarga hasta el infinito sin que eso sea problema alguno y el riff es uno de los más antológicos que se hayan hecho nunca. Aunque es una pieza de puro desenfreno guitarrero, todo el mérito está en la espectacular aportación de Phil Rudd a la batería, un metrónomo como patas que hace que todo se compenetre y funcione Una canción que el propio Malcom Young se refirió a ella como la más pluscuamperfecta de la banda, en la que mejor podríamos definir todo lo que a esta misma le rodea y que es imposible de escuchar sentado como si nada. Yo mismo, haciendo este repaso, en que ha empezado a sonar me he levantado como un resorte de la silla para hacer el tonto por la habitación y acto seguido me he dirigido a la cocina a coger una lata de cerveza. Es un poder superior a mí y no voy a ganar nada haciéndole frente.

Gema oculta: ¿En este disco? Todas: Kicked In The Teeth, What’s Next To The Moon, Gone Shootin, Down Payment Blues… el disco entero es una gema oculta.






2- Back In Black (1980)


La tragedia nos la sabemos todos, y tampoco tiene mucho sentido que nos pongamos a analizarla ahora: un terrible accidente producido por una ingesta elevada de alcohol provocó que Bon Scott, durmiendo la mona en la parte de atrás de un coche, se tragara su propio vómito muriendo ahí, de forma tan miserable. El golpe rompió a una banda que acababa de llegar a lo más alto y veía como la vida les pagaba con una hostia sin precedentes: sus integrantes pensaron en dejarlo, viendo que tampoco tenía mucho sentido seguir sin Bon Scott ni sería posible sustituirlo con tal bagaje detrás. Sin embargo, la mujer y familia de Bon Scott fue quienes les convenció de seguir adelante, asegurándoles que él mismo sería el primero que querría que siguieran dándolo todo por y para el rock. Así que los hermanos Young se lanzaron a la aventura de encontrar un nuevo cantante, y tras auditar a un buen número, encontraron al idóneo en un vocalista al que justamente Bon Scott había recomendado en su día: Brian Johnson, cantante de Geordie y de amplísimo registro que sorprendió a todos los integrantes de la banda cuando ensayando con él se lanzó a un berrido que no había realizado en gran medida en su banda precedente. Era idóneo, así que no dudaron en escogerle a él.


Sobrevivir a la muerte de un cantante es uno de los mayores desafíos a los que se puede enfrentar una banda de rock y ya el simple hecho de salir lo más indemnes que sea posible es un grandísimo éxito. Lo que pasó con AC/DC se escapa bastante de todo eso y crea un hito que todavía no tiene un ejemplo similar, pues el mayor de todos los éxitos de una banda muy acostumbrada al éxito llega aquí, en el trabajo realizado con el nuevo vocalista que venía a sustituir a un tipo insustituible como era Bon Scott, marca esencial de la casa y del propio sonido realizado por el conjunto. Y eso que antes de que saliera este Back In Black nadie daba un duro por su futuro: los críticos veían negra una posible continuación y todos daban por finalizada la carrera de AC/DC. Porque no se podía intercambiar a Bon Scott: no existe otro Bon Scott. Lo que no esperaban es que el timbre de Brian se mezclara tan bien con una banda que, inevitablemente, tuvo que cambiar para adecuarse a su nuevo vocalista: al fin y al cabo, la voz era muy distinta, por la que tuvo que haber cambios para que todo pudiera funcionar. En cierto modo, en Back In Black suenan como a otro banda muy diferente a la que había grabado HIghway To Hell: las guitarras eran menos cortantes, se jugaba más con armonías y desaparecía en buena medida el boogie blues que había marcado los años de Bon Scott. Pero poco importaba, porque el resultado es impresionante: en Back In Black, AC/DC obraron un señor milagro.


Todo el proceso de construcción de este trabajo tiene su aquel: lo primero que decidieron fue homenajear al difunto intentando que la portada fuese completamente negra en luto por el fallecimiento de Bon, cosa que a la discográfica no gustó, ya que un disco negro al completo es un error fatal de márketing. Al final la disputa entre unos y otros acabó con las letras blancas por encima del fondo neegro en una portada que sin ser gran cosa se convertiría en leyenda viva de la música. Porque resulta que las diez canciones que componían Back In Black eran colosales. Desde la inicial Hells Bells con esas campanas tocando a duelo en una canción oscura pero que se convertía en una de las aperturas más fascinantes que había realizado hasta la fecha un grupo cuyas aperturas de disco eran siempre estupendas, presentando el carisma de Brian Johnson, no tan arrebatador e intenso como el de Bon pero bastante bien puesto en lo suyo -con ese look de camarero de pub tan suyo- en una pieza antológica; pasando por ese trallazo total que es una Shoot To Thrill, que sí que mantiene buena parte de ese boogie rock tan suyo y por ello mismo cuenta con un Angus Young pletórico -nota personal: una de mis canciones favoritas de la banda, nada me gusta más que lo que ocurre en el interludio y su posterior in crescendo final. Nada.


A What’s Do You Do For Money Honey, que fue single en su día, tiene el único inconveniente de convivir en un álbum con tanto single: en todos los posteriores, sería el hit principal. ¿Cómo puede darse en un único trabajo tanto hit antológico? Givin The Dog a Bone repite fórmula y muestra cosas más en la onda de lo que harán en los ochenta; Let Me Put My Love Into You es lo más cercano a una gema oculta que vamos a encontrar en tamaña colección de exitazos y también otra de mis favoritas. Lo que sigue a continuación lo vamos a comentar en el mejor tema del álbum; You Shook Me All Nigt Long tiene el estribillo más melódico de todo el conjunto, uno irrepetible que todos conocemos y coreamos por muy explotada que esté, en un claro acercamiento al pop que les salió estupendo; Have A Drink On Me tiene las señas de una típica pieza de AC/DC con Brian Johnson y es de nuevo colosal. Aquí es que simplemente les está saliendo excepcional. El comienzo de Shake A Leg nos retrae a la aquí nada lejana etapa de Bon Scott para después sin embargo explotar con un claro ejemplo de lo que supone una construcción por y para Brian Johnson: también es un buen ejemplo de lo que llegaría a posteriori con él al frente.


Y para acabar, esa declaración de intenciones absoluta que es Rock N’ Roll Ain’t Noise Pollution, creada para ser coreada por miles de personas en un estadio y que cuenta con un Brian Johnson estratosférico en la que puede ser una de sus mejores interpretaciones, al menos donde más se muestra tal y como es: un cantante estupendo, en especial cuando explora su amplio registro más allá del chirrido estridente que después hará en demasiada cantidad. Si conocéis algo más molón que ese “Yes it will” acompañado de una burlona carcajda que realiza una vez finaliza el primer estribillo, decídmelo ya por favor. Yo todavía no lo he encontrado.



Como ya sabéis, estamos hablando del segundo álbum más vendido de la historia, un éxito sin precedentes que convertiría a AC/DC en los colosos que son ahora. Lo cierto es que, aunque he colocado a Back In Black en el segundo puesto, es perfectamente intercambiable con el primero, siendo ambos dos obras maestras inimitables y obligatorias.


Mejor tema: Está explotada hasta el delirio, pero no es ni medio normal lo de Back In Black tema. Damas y caballeros, el mejor riff que jamás haya hecho la banda está aquí. Es inmediatamente reconocible, quita el hipo, es bailable y te levanta del asiento: lo tiene todo. Si además tienes a un espectacular Brian Johnson con ese fraseo que por momentos parece que estuviera rapeando, un desarrollo completamente ilógico en el que me parece la mejor construcción del grupo, y ese tono vacilón causado en buena parte por un Phill Rudd que todo el rato arrastra con él al resto creando esa cadencia irresistible que tanto se echará en falta en su ausencia… Pues te quedas con uno de los mayores melocotonazos que se hayan hecho nunca. La canción para ponerte antes de hacer cualquier actividad y hacerte molar al instante. No en vano uno de sus himnos más reconocibles y escuchados: al revés que Highway To Hell, nunca en mi vida me cansaré de escuchar algo tan inolvidable como Back In Black.

Gema oculta: Para mí, Let Me Put My Love Into You. Antes de que Iron Man la pusiera de moda y a día de hoy sea uno de los temas más conocidos de la banda por las nuevas generaciones: Shoot To Thrill.





1- Highway To Hell (1979)


Lo único que le faltaba a AC/DC para terminar de conseguir la fórmula perfecta de su sonido era darle un leve toque más radiofónico, el punto comercial que potenciase las melodías y que terminara de convertir a cada uno de sus temas en posibles hits creados para arrasar tanto con su público potencial como con todos aquellos alejados del género. Pues bien, es en Highway To Hell donde AC/DC dan con la tecla final: la producción de Robert John “Mutt” Lange, quien llega después de que la discográfica les convenciera de cambiar de sonido a uno más accesible, algo que intentan con el reconocido Eddie Kramer -el productor de Kiss- pero a quien mandan a tomar por saco a poco de empezar a colaborar con él. En cambio, Mutt Lange ensambla bien con la banda, ambas partes muy trabajadoras y dedicadas y con el claro enfoque de sacar el mejor álbum de rock n’ roll posible.


¿Qué es lo que terminará de hacer encontrar la tecla al grupo? Pues que lo mostrado en Powerage, ya cerca de su zénit compositivo, se acaba potenciando. En primer lugar los hermanos Young encuentran aquí varios de los mejores riffs de su carrera, alguno tan mítico que incluso ha definido la misma música rock -todos sabemos a cuál nos referimos- y con un sonido tan afilado como cortante; lo de tener a un tipo como Cliff Williams haciendo coros es un descubrimiento para el grupo, que empezarán a explotarlos a lo grande: nunca antes un álbum de AC/DC tendrá tanta tendencia a los coros, especialmente en sus estribillos, lo que terminará de rubricar esa búsqueda de un sonido más melódico. Y por otra parte, es hasta ese momento el trabajo más controlado de la banda, ya que Mutt Lange puso orden entre la habitual anarquía y descontrol del grupo consiguiendo que todas sus partes terminaran de equilibrar mejor. Aquí no hay un desarrollo más largo de lo debido ni tampoco una sola nota fuera de lugar; todo está donde ha de estar.


Por eso mismo cuando hablamos de Highway To Hell hablamos de una obra maestra que define la propia música rock, compuesta por diez temas cada uno más alucinante que el anterior y donde nunca antes contarán con un número tan considerable de canciones preparadas para romper las radios: aparte del que todos sabemos, encontramos piezas como Touch Too Much -que oposita a ser el mejor tema del grupo- Shot Down In Flames, Girls Got Rhythm o If You Want Blood que podían ser a la perfección el adelanto principal y llevar este Highway To Hell a lo más alto. Pero no, todos sabemos cuál de estas genialidades se convirtió en el gran himno que es todavía a día de hoy y en una de las canciones más reconocidas de todo el género, ahí ahí junto a las caderas de Elvis Presley, el comienzo de Smoke In The Water y el Satisfaction de los Rolling Stones. Porque sí, Highway To Hell álbum contiene ese tema que se convertirá en el megaéxito que terminará por coronar a la banda en lo más alto, antes de que llegase esa terrible desgracia que estuvo a punto de terminar con su carrera. Aquí AC/DC llegaban a lo más alto del olimpo del rock. Un olimpo del que nunca bajarían.



El tema homónimo no es lo más destacado del conjunto, pero sería de necios negar su perfección formal, siendo la pieza perfecta y refinada de lo que supone un tema de AC/DC. Su riff es olímpico, histórico; el ritmo que marca Phill Rudd haciendo que todo comience a funcionar; un estribillo diseñado para que cante todo el mundo desde Estados Unidos a Filipinas… y su aire lúdico-festivo, que la convierte en una de las mejores obras para poner a aquella gente que está con ganas de celebrar cosas en un bar. Es una pena que millones de grupos terribles de adolescentes recurran siempre a ella o que Rock FM como así el resto de radios de música semejante la acaben radiando 250 veces a lo largo del día, porque como hit, es pluscuamperfecto. Al César lo que es del César.


El resto de temas no están ni mucho menos por debajo de Highway To Hell y por eso mismo hablamos del mejor álbum de una banda histórica: si alguna vez se te atrofian las piernas, ponte Girls Got Rhythm y será cuestión de tiempo que vuelvan a funcionar, un divertidísimo rock n’ roll bailable donde empezamos a ver ese predominio de los coros potenciando a Bon Scott en el estribillo; Walk All Over You nos recupera a los AC/DC de Let There Be Rock y Powerage en una pieza que nos demuestra hasta qué grado llegaba su poderío: todavía a día de hoy es de las más celebradas. Ni un segundo de respiro con el que quizás sea el single perfecto del conjunto, esa Touch Too Much que encandila incluso a aquellos que no soportan a los australianos y con un estribillo que es para colgar en un museo; Beating Around The Bush nos vuelve a recordar que Angus y Malcolm viven bien en la anarquía musical, un terreno donde se pueden permitir copiar el riff de Oh Well a Fleetwood Mac sin que a ninguno nos importe nada; Shot Down In Flames sería sin duda el single del disco -y de cualquier otro precedente, y por el que todos los posteriores matarían por tener- si no fuera porque, claro, está en Highway To Hell; aún así sigue siendo de las habituales en el repertorio en directo y no es para menos, porque nos encontramos otra vez con un estribillo magnífico y un solo arrebatador.


Get It Hot es una debilidad personal, un tema tan catchy que es imposible borrarlo de mi cabeza; la explosión de testosterona que es If You Want Blood (You’ve Got It), otro de los momentos demoledores de este trabajo y de nuevo sustentado en un estribillo coreable -con sus coros respectives- y quizá uno de los mejores riffs que hayan realizado hasta la fecha en uno de los claros highlights de su repertorio: nunca existe un sonido suficiente para ella, está hecha para poner los altavoces al 11 y dejar que tus oídos mueran llenos de placer. Que siguen siendo los reyes del boogie lo demuestra una hiperactiva Love Hungry Man, con un bajo descomunal que impone un ritmo sexual que invita a mover la cadera de un lado a otro.


Y qué decir de que, con la mayor de las tristezas, la carrera de Bon Scott en AC/DC finalice en estudio con esa demoledora Night Prowler, un retroceso al blues que ha marcado toda la carrera de la banda y que ayuda a Bon Scott a hacer una absoluta exhibición, demostrando que estaba en el punto álgido de su carrera como cantante, punto truncado por un estúpido accidente dentro de un coche y que cambió al completo esta historia. Pero no se me ocurre mejor forma de poner un obligado punto final a su aportación al grupo terminando de demostrar que nos encontramos ante uno de los cantantes más talentosos que haya dado el rock, el sucesor con todos los méritos posibles de Little Richard y una pieza imposible de sustituir, lo cual enfatiza más la gran labor de Brian Johnson cuando recibió la dura tarea de hacer olvidar al bribón más adorable de toda una generación. Larga vida a un tipo inimitable y que, cuarenta años después, sigue marcando a todo joven que recurre a la música para encontrar su lugar en el mundo y le encuentra, con su sonrisa vacilona, sus ojos picarones y su prodigiosa e inimitable voz.


Mejor tema: ¿Cómo que mejor tema? Todos ellos, sin excepción.

Gema oculta: Me cuesta mucho pensar que existan gemas ocultas en Highway To Hell, pero de decir una, me decantaría por esa Night Prowler final, la única pieza no radiable del conjunto y sin embargo a la vez totalmente fundamental.





Melopea

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