• Marcos Alcaraz

Un repaso a... Pearl Jam: 10- Lightning Bolt




Aprovechando que con motivo del lanzamiento de Gigaton he abrazado de nuevo a Pearl Jam y con ello repasado toda su discografía, ahora con este último compuesta por once álbumes, y para celebrar que una banda a todas luces legendaria sigue en activo con sus espectaculares directos y ofreciendo de vez en cuando canciones a la altura de la leyenda, vamos a repasar aquí en Melopea la carrera de Pearl Jam ordenada de su peor trabajo al mejor. Una carrera que se acerca a los 30 años de duración, con altibajos, pero que empezó desde cotas inimaginables incluso en una generación de músicos de ya elevado nivel.


De ese modo, para empezar por su peor trabajo, hay que echar la vista atrás y viajar a 2013, año de lanzamiento de Lightning Bolt. Nota: todavía es pronto para valorar Gigaton en esta escala, aunque sí que podéis encontrar la crítica que realizamos hace un par de semanas.





LIGHTNING BOLT: NADANDO EN AUTOCOMPLACENCIA


A pesar de que vamos a realizar un repaso de peor a mejor y eso conlleva a ir prácticamente hacia atrás en el tiempo con cada paso, es necesario que pongamos contexto. Cuatro años después de Backspacer, donde cambiaban un poco el paso ofreciendo un largo más directo y conciso, en Lightning Bolt volvemos al esquema que viene esperable en este grupo desde Yield. Con sus más y sus menos, un álbum de Pearl Jam cuenta con sus canciones de punk rock rápido que mezclen The Who con Ramones; las baladas marca de la casa y un par de medios tiempos. Desde la llegada del nuevo milenio llega también un nuevo aporte: lo que Vedder podría haber sacado en solitario pero que sin embargo y sin venir a cuento ha decidido publicar aquí.


Aunque tampoco es que su precedente fuera un álbum de categoría, sí que era de agradecer cierta cohesión a la hora de ofrecer una idea de álbum. Sin embargo en el que nos encontramos adolece de una intención distinta a ofrecer lo que todo el mundo espera de ellos. Todos los esquemas de la banda están en el resultado final. Y precisamente esta esquematización es la que define Lightning Bolt: si bien es inevitable cierto piloto automático una vez llegados a este punto de sus carreras, aquí prevalece sobre prácticamente todo el contenido.


No ayuda tampoco que si contamos con todos los tics propios y esperados de los de Seattle, la producción los gigantiza y coopera para que luzcan más fuerte borrando todo aquello que pudiera suponer una diferencia. Brendan O’Brien, el que siempre está ahí y del que rajaremos a menudo como elogiaremos cuando lleguemos a los noventa, lleva de la mano al grupo a ese círculo vicioso donde se encuentran U2: ofrecer lo mismo de siempre, con el sonido de siempre, y además buscando el camino más fácil.


Con todo, Lightning Bolt no empieza mal: Getaway, sin ser tampoco uno de los habituales grandes inicio de disco a los que nos tienen acostumbrados, es cuanto menos prometedor en primera escucha. No sería tampoco descabellado considerarla la mejor canción del pack: una entrada enérgica, recubierta de todo lo que funciona en la banda. Algo más genérica es su posterior Mind Your Manners, aunque vuelve a ser efectiva sin abandonar el molde de clásica canción punk-rock que tanto prolifera en sus últimos trabajos.


Se agradece escuchar cierta pulsión en My Father’s Son, con la suficiente variación para que no sea más de lo mismo sustentada en una buena línea de bajo de Jeff Ament. Tras tres temas a piñón fijo es momento de pausa, y de este modo llega Sirens, single principal del álbum y canción con tantos apasionados como detractores: es cierto lo que afirman estos últimos cuando señalan el sonido AOR algo edulcorado del tema, como también es cierto que las virtudes del tema son incontestables. Y por muy azucarado que sea, ese estribillo funciona a las mil maravillas. Gustará más o menos, pero que nos encontramos con un buen tema es innegable.


Empezar con guitarra pisada es marca de la casa, y en el tema homónimo no iba a ser menos: un intento de clásico que se agradece pero al que se le nota forzado. También es apreciable la búsqueda por ofrecer algo diferente en Infallible, pero el resultado final se queda a medio camino, lastrado por un estribillo poco imaginativo. Sí que dan con la tecla en Pendulum, seguramente el mejor tema aquí contenido, donde por fin cuentan con algo nuevo que ofrecer y la producción no se come sus intenciones, sino que las mejora. Últimamente es una elección regular para empezar sus directos. Elección acertada.


Hasta ahora nos hemos encontrado con un álbum digno. Sin embargo a partir de aquí vamos a perder el hilo y nadar en la segunda parte de un álbum de Pearl Jam de menor nivel. El descenso a la mediocridad lo inicia Swallowed Whole, tan genérica que asusta en manos de un grupo de estas dimensiones. Cuesta creer que llegase a conseguir la aceptación de todos para entrar en el álbum. No hemos tocado suelo: si aquí hemos tocado la mediocridad, en Let The Records Play podemos permitirnos nadar en ella: un homenaje al vinilo en forma de rock n’ roll soso y por momentos hasta estresante. Nada lleva la calidad implícita de un tema de Pearl Jam. ¿Podemos estar ante el tema más flojo de su carrera? Ciertamente cuenta con muchas papeletas. Asusta que sea la única composición que aporta Stone Gossard en totalidad: el compositor de Even Flow o Alive incapaz de ofrecer algo mejor que esto.


Si no es entendible que dos productos tan flojos aparezcan con el sello Pearl Jam, menos comprensible es que Brendan O’Brien convenciera a los cinco integrantes para adaptar un tema que Eddie Vedder ya había sacado en solitario acompañado de su ukelele y publicarlo de nuevo pero esta vez con la compañía del resto de la banda. Y no suena mal Sleeping In Myself, ya que su original es de valor, pero el apelativo innecesario acompaña cada nota. Después de visitar el averno compositivo, recuperamos cierta categoría en Yellow Moon, influenciada por Neil Young como mandan los cánones de la casa y que, sin ser excelente o siquiera notable, sabe a gloria después de todo lo precedente. Menos inspirada está el cierre Future Days, que si que sigue el patrón habitual pero con el piloto automático en límites insospechados. Un tema puramente Vedder que no tiene prácticamente poso.


VEREDICTO


Una vez cerré el repaso, al acabar Future Days empezó a sonar un tema del Vs, Dissident, que no es siquiera el mejor de ese álbum pero que parecía pertenecer a otra banda completamente diferente a la que había estado escuchando en este momento. Mucho más inspirada, con garra, energía… Cuesta creer que los cinco miembros de un grupo de este nivel crean en las canciones ofrecidas en este Lightning Bolt, sin duda alguna el punto más bajo de su carrera lastrado por una segunda mitad terriblemente insulsa y sin gracia alguna, perdiendo todo destello de chispa que sí se puede constatar en sus primeros minutos.


Se entiende que la banda intentaba recuperar el proceso creativo de Yield y Binaural., pero el resultado queda muy lejos de ambas referencias. La fórmula en una banda no es como la Coca-Cola: no siempre funciona, hay que darle cierta variación, un tanto más de mimo que aquí brilla por su ausencia.


Si hay que valorarlo numéricamente, estaría entre el cuatro y el cinco sobre diez.


MEJOR CANCIÓN DEL DISCO


Supongo que estaría entre Getaway, Sirens y Pendulum, decantándome sin pensarlo mucho por la segunda: cuenta con muchos detractores por su evidente toque comercial, pero cuando fue lanzada como single todos esperábamos mucho más de este Lightning Bolt. En todo caso y como ya habéis podido leer, no es un álbum donde los buenos temas se prodiguen.





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