• Marcos Alcaraz

Un repaso a... Pearl Jam: 2- Ten (1991)


Continuamos con nuestro repaso a la discografía de Pearl Jam de su peor a su mejor disco: hoy vamos con el álbum que lo originó todo y que es leyenda dentro de la propia leyenda. Hoy toca un disco irrepetible. Hoy toca Ten (1991):


Por si acaso te los perdiste, aquí están los repasos anteriores:

10- Lightning Bolt

9- Backspacer

8- Riot Act

7- Binaural

6- Pearl Jam (“El Aguacate”)

5- No Code.

4. Yield

3. Vitalogy


TEN: EL DESLUMBRANTE INICIO DE UNA LEYENDA



Todos nos sabemos la historia: Seattle, 1990. Jeff Ament y Stone Gossard eran componentes de un grupo llamado Mother Love Bone liderado por Andrew Wood. un carismático y talentoso cantante. Sin embargo, cuando tenían absolutamente todo para triunfar, Wood fallece pocos meses después de haber sacado al mercado su debut. Todo se ha ido al garete. Sin Andrew, Mother Love Bone no tenía sentido y el grupo se vio abocado a su fin.


Sus integrantes, destrozados, entran en una espiral de negatividad: tanto Ament y Gossard querían vivir de la música pero sin embargo ven como todos sus sueños desaparecen cuando más cerca lo tenían. Varios meses después, como lo de la música lo llevaban de dentro, siguieron con el gusanillo de querer juntarse y tocar. Gossard se reúne con un viejo amigo, Mike McCready, uno de los guitarristas más reputados de toda la ciudad, y empiezan a tocar en la casa de los padres de este. Decididos a hacer algo, McCready convence a Gossard de recuperar a Ament, y ya con él engloban un nuevo proyecto que nace con el nombre de Mookie Blaylook, en honor a un jugador de los New Jersey Nets -los ahora conocidos como Brooklyn Nets- que era el perfecto ejemplo del eterno perdedor, lo cual reflejaba a la perfección cómo se sentían Ament y Gossard: como los eternos fracasados condenados a no cumplir sus sueños, pero al menos conscientes de ello mismo. Desafortunados, sí: pero orgullosos de serlo.


Este proyecto nace a la par que intentan realizar un álbum en homenaje al bueno de Andrew Wood, proyecto que compartirán con los muy buenos amigos de este Matt Cameron y Chris Cornell, compañero de piso de Wood, y que será Temple Of The Dog. Pero claro, para dar el remate, falta lo más importante: cantante. Chris Cornell les convence de mover un par de demos por los alrededores. Jack Irons, exbatería de Red Hot Chili Peppers -y como sabemos, si has estado atento a este repaso, miembro de Pearl Jam del 94 al 98-, porta una de ellas consigo y que llega a un colega suyo de San Diego que en ese momento trabajaba en el turno nocturno de una gasolinera. A este le gusta lo que escucha, se va a surfear, vuelve y con los pies todavía manchados de arena graba algo por encima y lo manda dirección Seattle. Ese “algo” eran tres temas: Footsteps, Once y Alive. A los pocos días, Gossard recibe una llamada de Ament: “Estoy escuchando la cinta de un tal Eddie”, le dice. “Tienes que venir, tío. Tienes que escuchar esto”.


Rápidamente invitan a ese tal Eddie Vedder a unirse al grupo. Una vez llega a Seattle, se encierran en un estudio improvisado en el sótano de un taller y empiezan a tocar y componer. A los cinco días ya estaban dando un concierto. Vedder es un chico tan agradable como tímido y reservado al que le está costando hacerse valer en una ciudad completamente nueva para él. Cornell quiere conocer a ese nuevo cantante y le invita a que se una a las grabaciones de Temple Of The Dog: allí le invita a cantar juntos una de las piezas del álbum, Hunger Strike. Lo que salió de ahí es, simplemente, historia.




Escucharse en estudio termina de convencer a todos los implicados y le quita parte del miedo escénico a Vedder, quien también muy buenas migas con un Cornell que hará las labores de mentor. Apoyado por un cantante excepcional, Vedder se va soltando mientras las canciones van saliendo solas en el estudio tras largas jams. En uno de los ensayos con el resto del grupo, con una tonadilla de únicamente dos acordes creada para ir tonteando con los instrumentos, Eddie se pone a cantar una misteriosa letra sobre un chico que extraña a su padre. El chico, evidentemente, es el mismo Vedder, que perdió a su padre de joven y creció pensando que el nuevo novio de su madre era, en realidad, su padre biológico. Esta sensación de pérdida, de no haber conocido a su verdadero progenitor, inspira a un Vedder en trance que expulsa Release de lo más recóndito de su alma. Al acabar, se marcha rápidamente del estudio sin mirar atrás. Este es un ejemplo de cómo nace el habitual proceso compositivo de la banda: Gossard y Ament ponen la música y Vedder la moldea poniendo la letra.


En directo también parecía algo cortado, hasta que tras un concierto donde los miembros de seguridad se llevaron con malas artes a un fan demasiado borracho, Vedder, quien contemplaba la escena, empezó a rabiar. Y empezó a hacerlo cantando. De repente, aquel chico tímido y cortado se había convertido en una fiera escénica mientras se desgañitaba cantando al lado de la oreja del agente de seguridad. La bestia estaba suelta.


Posiblemente Eddie Vedder no se haya enfrentado jamás en su carrera a un reto tan complicado como reemplazar a un cantante tan carismático como Andrew Wood, en un grupo tan unido en una ciudad tan entrelazada entre sí. Quizá otros hubieran tratado de homenajearlo imitando a Wood o buscando ser una nueva versión de éste. Vedder, sin embargo, desde el primer momento fue Vedder: con esa voz tan potente llena de emoción y garra que era posiblemente todo lo contrario a lo que Wood hacía y representaba. Una mezcla que podía haber chocado pero que sin embargo encaja perfectamente con lo que buscaban Ament y Gossard en ese momento de seguir teniendo su sello personal pero hacer algo distinto a Mother Love Bone. Gracias al trabajo letrístico sus propuestas toman el cuerpo justo que necesitaban y las convierte en lo que acabarán siendo para toda una generación y gran parte de las siguientes: en absolutos himnos que poder cantar hasta desgañitarte.



Parece que el nombre de Mookie Blaylook tiene un pequeño problema de derechos: que el nombre está en posesión, justamente, del propio Mookie Blaylook. Así que hay que buscar un nuevo nombre, llegando al Pearl Jam que todos conocemos. Se colará de todos modos como homenaje al jugador de los New Jersey Nets que su número de camiseta será el título del álbum debut de la banda, Ten.


Quedándonos ya únicamente con el álbum, la principal diferencia de Ten con los otros debuts de los grupos aparecidos en Seattle es su más que sorprendente madurez, tal vez espoleada por la experiencia ya vivida en Mother Love Bone. Mientras sus coetáneos giraban hacia sonidos más duros -Nirvana o Mudhoney al punk, Soundgarden y Alice In Chains al metal- Pearl Jam, aunque tienen toques del punk y el rock alternativo de los 80, son puro rock de estadios de los 70 despojándose, eso sí, de la habitual pretenciosidad de estas bandas y tan solo dejando las ganas, la garra y la intensidad de cinco muchachos amantes de The Who, Ramones, Neil Young o Led Zeppelin. Ten es, simplemente, rock en mayúsculas, por eso se diferenciará al resto de lo que hoy denominamos grunge en forma -no tanto en fondo- gracias a que sus temas se realizaban en largas jams, lo que posibilita la aparición de largos desarrollos, un mayor dominio a la hora de bajar el ritmo como así también la aparición de solos de guitarra, algo nada común en su generación, a cargo de un McCready que se coronó desde su aparición como uno de los guitarras esenciales de los 90.


Se ha cargado alguna vez contra la producción de este trabajo, críticas que han llegado desde la propia banda que incluso acabó remeclándolo en su aniversario: señalaban que era un disco pasado de reverberación. Aunque algo de razón tienen en que se excede de reverb, como así también podemos señalar que es el largo de Pearl Jam que más suena a una determinada época, es la madurez musical que muestran en Ten lo que provoca que no haya perdido actualidad alguna. Es un disco que jamás parece un debut, nunca atolondrado, siempre sabiendo cómo y hacia dónde dirigir lo que quieren transmitir. Hablando además de temas con los que es fácil sentirse identificado como son la pérdida, la sensación de no entender el mundo actual o la incomprensión, lo que facilita que sea uno de los álbumes que mejor haya envejecido: muchos años después sigue provocando lo mismo que consiguió cuando se disparó su popularidad en 1992: llevar a jóvenes de todo el mundo a la emoción más pura. Una de las principales virtudes de Pearl Jam es ser siempre un grupo honesto con ellos mismos y con el mismo oyente, y en esa emotividad sincera que supuran todos sus temas logran que cada escucha del oyente sea siempre personal. Esa mezcla de emotividad y garra, de intimidad y grandilocuencia, relatando historias de gente maldita con la que es fácil epatar, sería el secreto del éxito de un conjunto que llegaría, como también todos sabemos, a lo más alto.


Esta es, como ya sabemos, una historia mil veces contada: la historia de un grupo maravilloso que lograrían un álbum que ya forma parte de la leyenda de la música rock, un trabajo clave para entender el sentir de toda una generación, de una época muy determinada que daría de qué hablar en los años venideros y de la que se convertiría, para su desgracia, en sus máximos representantes -pero no nos adelantemos. El curso de los acontecimientos unió a un grupo dolido por la pérdida de un compañero y amigo con un muchacho atormentado que resultó ser todo un torbellino, y esa unión quedará siempre inmortalizada en la portada de un álbum donde los integrantes de estos Pearl Jam alzan las manos juntos hacia el cielo que siempre les pertenecerá.


TEN, TEMA A TEMA


No tiene mucho sentido repasar tema a tema un álbum que nos conocemos todos de principio a final, así que intentaré ser breve: ritmos tribales nos dan paso a la entrada de la guitarra de McCready en el inicio de Once, parte de una mini-ópera que conforma junto a Footsteps y Alive sobre la conflictiva infancia y madurez de un muchacho que acaba convirtiéndose en un asesino en serie. Musicalmente, un gancho en la mandíbula. Y si nos quedaban un par de dientes bien puestos tras semejante derechazo, Even Flow se ocupará de quitárnoslos todos: aquí nos relatan la historia de un sin techo a ritmo vertiginoso y que cuenta con uno de los mejores estribillos que jamás hayan compuesto, todo estupendamente orquestado en un tema lleno de rabia, intensidad y coronado por un grandioso riff. Por Even Flow no pasa el tiempo: es capaz de provocarte ganas de saltar cada vez que suene, sea donde sea.



No voy a decir nada de Alive que no se haya repetido hasta la saciedad: simplemente estamos ante uno de los himnos definitivos de su década, con un riff tan perfecto como reconocible que acompaña a ese canto a la maldición de estar vivo -que con los años se ha ido convirtiendo en un “carpe diem” vital- mientras Vedder nos narra cómo una madre le anuncia a su hijo que su verdadero padre está muerto. Quizá su mayor virtud es ser una canción donde es imposible evitar ponerse a cantar. Quizá porque es la definición más categórica de himno posible. Le sigue Why Go, de ritmo trepidante marcado por la batería y que nos muestra la potencia de un cantante irrepetible. Es difícil aparecer tras Even Flow y Alive en el tracklist -y preceder a Black- y no salir mal parada: estamos, pues, ante otro tema formidable.


Donde la leyenda toma finalmente forma, donde todo se origina y explota para llegar hasta el día de hoy en es Black: el baladón del disco muestra todas las virtudes que definirían a Pearl Jam durante toda su carrera, con ese ejercicio vocal de Vedder contándonos una historia que podemos sentir como nuestra, erigiendo cada pelo de nuestra piel y que acaba haciéndonos cómplices de ese final tan desgarrador. No sé qué más decir de un tema con el que he llorado escuchándolo en directo. Que le suceda otra canción capaz de adentrarse en lo más profundo de tu corazón con Jeremy ya acaba definitivamente con el oyente: es, sin embargo, otra historia que todos nos conocemos. La del chico que se suicidó en frente de sus compañeros de instituto tras sufrir acoso y que leyó Vedder en un periódico, recogiendo el testigo y componiendo un himno para la posteridad.



Llegamos así a una de mis debilidades del álbum, la maravillosa Oceans, donde Vedder canta al surf, a las olas y al amor mientras las guitarras nos representan perfectamente qué es sentirse perdido en medio del mar. Un tono marcadamente melancólico de aires folk y que resuena por ello mismo a Led Zeppelin, debidamente espoleada por un trabajo de batería sustentado especialmente en el tambor y que termina de darle ese toque místico. También se habla de amor en Porch, que recupera la rapidez y la rabia y que es imposible escuchar sin pensar en Vedder tirándose de una grúa televisiva en el Pinkpop Festival holandés. Tras tal cañonazo, Garden baja tanto las revoluciones como, inevitablemente, el nivel: siendo una muy buena canción, como lo que acabamos de vivir es sencillamente histórico, palidece ante la inmensa calidad de sus precedentes. Pero no exageremos: es muy destacable este canto triste sobre la alienación de la sociedad.


Algunos de los riffs más destacados del álbum están en Deep, tan sólo dejando reposo para dar paso a la voz de Vedder en las estrofas. En cualquier álbum de sus coetáneos, Deep sería de los puntos más valorados: aquí es otra estupenda canción más. De Release ya hemos hablado antes, y también hablaremos después, así que finalizar con ese regreso al ritmo tribal que iniciaba el álbum, que tiene como nombre Slave y que entrelaza todo el conjunto.


VEREDICTO


Qué veredicto posible va a haber aquí: si esto no es una obra maestra, está muy cerca de serlo.


MEJOR TEMA DEL ÁLBUM


Era más o menos sencillo elegir un mejor tema de álbumes como Lightning Bolt o Backspacer para destacar alguna joya en trabajos menores, pero cuando tenemos que seleccionar solo uno de Ten pierde totalmente su sentido. Para no romper la dinámica del resto del repaso, decir que esos dos acordes que se repiten continuamente en Release mientras la voz de Vedder nos va nublando hasta finalmente estallar pidiendo libertad es un momento mágico sin igual propio de un grupo irrepetible. Pearl Jam es un grupo honesto, que nos habla de corazón de cosas con las que podemos sentirnos identificados, y esta historia sobre un padre perdido no deja lugar a la indiferencia, cabalgada por uno de los mejores cantantes que haya pasado por el recorrido de la música rock dejando al descubierto en nuestros altavoces lo más profundo de su alma. Release es una de las razones por las que estamos escribiendo/leyendo aquí.




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