• Marcos Alcaraz

Un repaso a... Pearl Jam: 3- Vitalogy (1994)

Continuamos con nuestro repaso a la discografía de Pearl Jam de su peor a su mejor disco. Hoy nos adentramos en un álbum que implicó muchos cambios, que abre nuestro podium personal y que envejece como el buen vino: Vitalogy (1994).

Por si acaso te los perdiste, aquí están los repasos anteriores:

10- Lightning Bolt

9- Backspacer

8- Riot Act

7- Binaural

6- Pearl Jam (“El Aguacate”)

5- No Code.

4. Yield



VITALOGY: LA GENIALIDAD SURGIDA DEL CAOS


Es una conversación recurrente con amigos míos afines musicalmente la relevancia del tercer álbum en la discografía de los artistas que adoramos: el álbum debut es donde presentan su propuesta, su continuación donde se rubrica y el tercer lanzamiento es el momento de abrir la fórmula a otros elementos para asegurar la longevidad de su carrera. Puede que los Pearl Jam de Ten podrían haberse mantenido cierto tiempo en el candelero sin cambiar un ápice su estilo musical -teniendo en cuenta que con los descartes de esa época podríamos hacer un álbum de sobresaliente, no es descabellado- pero lo más seguro es considerar que es gracias a las puertas que se abrieron en Vitalogy por lo que este listado se ha alargado hasta los diez discos, once contando su nuevo trabajo, Gigaton.


No deja de ser curioso que digamos esto de un álbum fruto de los años más convulsos de la banda, donde su enfrentamiento contra el mundo -incluyéndose a ellos mismos- en la época de este trabajo y de No Code casi les cuesta la propia existencia como banda. También fue el momento donde Eddie Vedder dio el definitivo paso al frente como líder absoluto de su música; donde se abrieron las puertas de la experimentación; donde las reminiscencias al sonido de Neil Young se hicieron más que notorias… Hablamos, en definitiva, de un trabajo vital para entender la carrera de Pearl Jam como así también a ellos mismos.



Realmente el álbum se grabó antes de que comenzara 1994, pero fue una pieza más de un año especialmente marcado para Pearl Jam: aquí fue donde tuvo lugar su lucha contra Ticketmaster, una batalla convulsa aunque bienintencionada contra el gigante de la industria norteamericana para exigir un mayor control en los precios de las entradas a sus conciertos y que pondrá a la banda en el foco mediático de un público muy alejado -siquiera interesado- de su propuesta musical. Se convirtieron en la comidilla de programas de debate televisivos, fuente de chascarrillos para late nights y destacados en los sucesos de los informativos. Es curioso el breve montaje de diversas opiniones de tertulianos televisivos que nos muestran en el documental Twenty, que nos hace comprender hasta qué tipo de interlocutores llegó el nombre de Pearl Jam. Este combate retrasó el lanzamiento de Vitalogy hasta finales del mismo año.


Inevitablemente, también 1994 está marcado por la triste noticia del fallecimiento de Kurt Cobain, acto que marcaría el final del movimiento grunge y que conmocionaría a los integrantes de Pearl Jam como afectaría así a su posición protagonista en la música global: si sus miembros trataban de rebajar la presión mediática que conlleva la fama, ahora será todavía más complicado. Los medios trataron de crear rivalidad entre ambas bandas, espoleados por unas declaraciones de Cobain cargando con desprecio contra la música de Vedder y compañía en los tiempos de Ten: pero realmente ambas bandas acabaron llevándose bien -Kurt Cobain relataría en 1993: “Me he dado cuenta que a nuestro público le gusta su grupo también, así que: ¿Para qué enemistarnos? Hemos hablado varias veces por teléfono (con Vedder) y es una persona que me gusta mucho, es muy agradable”- y su muerte marcaría a sus integrantes: en el citado documental, Vedder también asegura que piensa en él a menudo, como también Gossard señala que tuvieron muy en cuenta sus críticas. Pero su pérdida especialmente enfatizaría sus problemas con la presión mediática del éxito: si a la presión de Ticketmaster sumamos la de los propios seguidores, entenderemos con facilidad de que se trataba de un momento muy tenso para todos ellos. No en vano fue por aquel entonces cuando un fan estrelló su coche contra la casa de Vedder.


Debido en buena medida a esto, el ambiente en la banda no era precisamente el mejor: todos estaban al borde de la extenuación y esto desembocó en disputas internas. Gossard, hasta entonces líder musical de la banda, ve por dónde van los derroteros y piensa en abandonar el barco mientras Ament intenta ser quién lo controle. Al dejar de ser el nexo de unión Gossard, todos quedan más expuestos, y las rencillas aparecen: toda esta confrontación acaba con la expulsión de Dave Abbruzzese, batería aquí y en Vs -seguramente el mejor que hayan tenido- que acabó chocando con varios integrantes de la banda, provocando la llegada de un Jack Irons que, como vimos en nuestro repaso a No Code, fue vital para mantener la fina línea de la estabilidad del grupo. Por si fuera poco, McCready tuvo que ausentarse en buena parte de la grabación del álbum al entrar en rehabilitación por su consumo prolongado de alcohol y cocaína, quizá la explicación de por qué Vitalogy no tiene prácticamente solos de guitarras.


Bien producto de la necesidad de poner firmeza entre las desavenencias pero especialmente por su afán de tener un mayor control de la música al sentirse más expuesto que el resto, Vedder da un paso al frente en el proceso creativo. Más que un paso, un salto, pues tendrá la voz final en cada tema. Receloso por el contenido íntimo de las letras del grupo y aterrado ante la pérdida de libertad que ha provocado el ascenso al estrellato, Vedder pasa a controlar cada parte de la composición. Exceptuando los cuatro interludios, seis de los diez temas que componen Vitalogy están compuestos en su totalidad por Vedder. La gran mayoría de Vitalogy se compuso en el estudio poco antes de iniciarse la grabación tras un proceso de largas y caóticas jams donde Brendan O’Brien, repitiendo por segunda vez como productor, puso orden entre la anarquía.


Todo parece apuntar al fracaso y así les hizo parecer a los mismos componentes -Gossard apunta en Twenty que “parecía que no estábamos haciendo un buen disco”- pero sin embargo esta explosión, esta bomba de racimo particular de la historia de la banda desembocca en uno de sus mejores trabajos, un álbum sobresaliente que incluso acaricia en varias ocasiones la matrícula de honor. Un largo anárquico, irregular y oscuro, con momentos de pura furia mezclados con otros de reposo y con instantes donde todo acaba siendo ininteligible: tanto convulsiona en Vitalogy que al final acaba resplandeciendo. Gran parte de su extraño brillo en su resultado final se lo debemos en buena medida a Vedder, quien en su nuevo papel de líder autoritario del grupo da cauce a su evolución musical y vertebra gran parte de ese cambio, con Neil Young y The Who como banderas de este nuevo caminar. En Vitalogy Vedder encuentra su rango de voz perfecto, abierto ya definitivamente a la amplitud final de su registro; se convierte en el tercer guitarra de la banda; y como compositor logra varias de las cimas de su carrera como así de los propios Pearl Jam como veremos ahora.


En conclusión, bien gracias a su cuidada producción y llevado en volandas por la que quizá es la mejor etapa de Vedder como intérprete vocal como así también como compositor, y con una base rítmica enriquecida por Abruzzesse, el batería que mejor encajaba musicalmente en Pearl Jam, Vitalogy supera todos sus inconvenientes para convertirse en un trabajo que ha envejecido mejor que algún otro que, sobre el papel, le supera.


VITALOGY, TEMA A TEMA


Una serie de ruidos de introducción dan paso al golpeo de una caja: Last Exit, un inicio acorde a lo esperado del grupo con un estupendo riff y con un Vedder excelso, espoleado por un buen trabajo del resto de integrantes y que da paso al que seguramente sea el mejor himno acelerado de la discografía de la banda: Spin The Black Circle, una oda al viejo vinilo, de los temas más rápidos y afilados que jamás hayan parido y que es capaz de levantar a cualquiera, es sin duda uno de los puntos fuertes de este Vitalogy: con prácticamente todos desgañitándose, Pearl Jam lograrán su mejor acercamiento de los muchos realizados a la música punk y al hardcore: por momentos parece propia de Black Flag.


Cambia completamente el ritmo Not For You, tema in crescendo que acaba con un espectacular clímax y que suena por todos sus costados a Neil Young. El ritmo que impone el riff y la batería de Abruzzesse es especialmente hipnótico, hasta explotar en ese “This Is Not For You” del estribillo, donde Vedder señala que la juventud no debe ser usada como objeto de comercialización y donde también trasladan sus quejas respecto al culto y a la presión que reciben ellos mismos. Que fuera sacada como single puede parecer extraño, pero no circunstancial. Le sucede Themor Christ, medio tiempo donde empieza a aflorar el lado experimental del grupo, que parte de un único riff y cuyo ritmo recuerda inevitablemente a los Beatles. A mí me apasiona, especialmente por un Vedder, que, para variar, está superlativo. Está escrita a medias entre McCready y Ament, quien también es responsable de la mucho más reposada Nothingman, de las más recordadas de este Vitalogy gracias en buena medida a una portentosa interpretación de Vedder, quien logra emocionar hasta la médula cuando sube el tono en ese “she once believed in every story he had to tell”, transportando tanto a la canción como al oyente a lo más alto.


Volvemos a la furia y a la rapidez con Whipping, junto a Spin el tema más acelerado del conjunto y que recuerda inevitablemente al sonido de Vs ya que se escribió en las sesiones de aquel álbum, quedando finalmente fuera para acabar siendo un buen contrapunto en el ritmo más cadencioso de Vitalogy. Hay varios interludios en Vitalogyl: aquí nos encontramos el primero, Pry To, a priori producto de una jam pero que juega con un mensaje oculto con una frase de agradecimiento a Pete Townshend si la escuchas al revés. Sirve como introducción a la que sin duda se ha conformado como uno de los grandes momentos del álbum como así también de la propia banda: Corduroy es sin lugar a dudas uno de los grandes temas de Pearl Jam, un himno de estadios de extraordinaria apertura in crescendo desembocando en la estrofa que rompe Vedder con ese “The waiting drove me mad” para luego pasar por uno de los estribillos más atinados que jamás hayan realizado: desde luego estamos ante una obra mayor, llena de matices y de compleja elaboración, llegando finalmente a ese interludio donde la introducción se repite desembocando en un final apoteósico. Corduroy es Pearl Jam en estado puro y una demostración clara de que Vedder se encuentra en su cima compositiva: no en vano compondrá al completo ésta, Better Man y Immortality.


Hay que admitir que la cansina Bugs se puede llegar a hacer odiosa y que fue una de las primeras canciones con las que generaron rechazo en su carrera: una experimentación de la banda que se acerca, literalmente, al ruido. Vedder cantando como si estuviera alcoholizado perdido acompañado de un viejo acordeón repitiendo una y otra vez la misma melodía. Con el tiempo se le pilla no ya sólo cariño, sino que empieza a entenderse como una broma con más enjundia de la que parece a primeras. Vedder suele contar que la propuso como primer single del álbum. Habría estado divertido. Satan’s Bed sale favorecida de romper esa naturaleza irritante de Bugs con quizá la canción más convencional de Vitalogy, composición de Gossard que se desarrolla a partir de un interesantísimo riff y que viene introducida por el sonido de unos latigazos.


Llegamos a la que sin duda se ha convertido en la canción más recordada de Vitalogy: cuenta la leyenda que Vedder compuso Better Man cuando estaba en el instituto para una banda que tenía por aquel entonces. Cuando la rescató y la llevó al resto de integrantes de Pearl Jam, ellos rehusaron a utilizarla dada su accesibilidad -O’Brien dijo que era “descaradamente pop”- pero finalmente Vedder les convenció. Y así tenemos el que se ha convertido en uno de los grandes himnos del grupo, una canción que hiela y conmueve especialmente cuando es interpretada en directo y que millones de cantantes han intentado emular en esquinas de calles en todo el mundo. No se puede decir mucho más de ella a día de hoy: si estamos aquí escribiendo estas líneas es, en buena parte, gracias a canciones como Better Man.


El ritmo tribal de Aya Dayanita, un interludio curioso ya que se alarga a los tres minutos, es realmente adictivo: yo directamente la trataría como canción. Además se lamenta que no la alargaran, o al menos que jugasen más con ella antes de introducir su versión final en este trabajo. Le sigue, y acaba realmente el álbum al menos tratando lo que son canciones completas, Immortality, otro tema que se ha convertido en un himno para los seguidores de la banda y donde Pearl Jam hacen lo que mejor saben hacer: medios tiempos de tonos grandilocuentes que son capaces de poner la piel de gallina. Se comentaba en su tiempo que estaba dedicada a Kurt Cobain cuando realmente se compuso antes de que este cometiera suicidio: aún así, a fuerza de los oyentes ha quedado ligada a la imagen del cantante de Nirvana. Aquí acaba realmente el álbum sin descontamos Stupid Mop, siete minutos de ruidos que mezclan las voces de un hospital psiquiátrico, siendo de lejos el corte más perturbador del álbum. A mi juicio siete minutos de ruido es pasarse de pedante y afea el resultado final del conjunto, pero no se puede negar que no cumpla su función de estremecer.


VEREDICTO


Tanto aquí como en las dos obras que nos quedan en nuestro repaso no hay mucha valoración que hacer que no sea rendirnos ante el talento sin igual de una banda en su mejor momento compositivo. Los continuos devaneos vividos por sus integrantes al final desembocaron en un trabajo tan complicado como especial y que marca el momento donde Pearl Jam se empiezan a alejar del sonido “grunge” -si existe como tal- de sus dos primeros largos para ahondar en otros sonidos, vertiente que explotaría en sus siguientes trabajos. En definitiva, Vitalogy es excepcional: en su imperfección, desorden y mezcolanza se dibuja un magnífico disco con varias de las mejores canciones que jamás hayan compuesto.


La nota es un sobresaliente alto, entre el nueve y el nueve y medio.


MEJOR CANCIÓN DEL ÁLBUM


Llevamos ya varios álbumes en este repaso donde es realmente complicado quedarnos con un único corte como el mejor, y más cuando en este que repasamos hoy tenemos temas como Spin The Black Circle, Not For You, Nothingman, Themor Christ o Better Man. Bajo mi opinión, si hay que dar esa estúpida valoración de “mejor”, estaría entre Corduroy y Immortality, dos canciones inmortales -valga la redundancia- que están escritas con letras de otro dentro de la leyenda de Pearl Jam. La primera es quizá junto a Rearviewmirror su mejor himno de estadios y una lección de cómo cambiar de ritmo a total antojo; la segunda es la perfección dentro del tipo de canción que mejor se le da a la banda: ese tono grandilocuente, esa capacidad para emocionar elevada por la voz de Vedder y potenciada por un trabajo rítmico perfecto del resto de integrantes simplemente intachable. Immortality es, a todas luces, todo lo que nos gusta de Pearl Jam.




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