• Marcos Alcaraz

Un repaso a... Pearl Jam: 4- Yield (1998)

Continuamos con nuestro repaso a la discografía de Pearl Jam de su peor a su mejor disco. Antes de entrar en el podium, nos encontramos frente al cuarto puesto, el álbum que supuso la madurez de la banda y que asentó de forma definitiva su carrera: Yield (1998)


Por si acaso te los perdiste, aquí están los repasos anteriores:


10- Lightning Bolt

9- Backspacer

8- Riot Act

7- Binaural

6- Pearl Jam (“El Aguacate”)

5- No Code.



YIELD: LA LLEGADA AL REPOSO DE LA MADUREZ


Es importante entender para repasar Yield cómo se encontraba la banda tras el divisivo No Code: eran los últimos coletazos de los Pearl Jam en contra de todo, los que se habían peleado con Ticketmaster y como consecuencia directa habían preparado su propia gira apartados del gigante norteamericano; los que estaban enfrentados incluso a la propia industria musical, rechazando entrevistas en radio y televisión o impidiendo la realización de videoclips de presentación de sus singles. Todas estas disputas públicas abiertas mientras, en su seno privado, teníamos a Eddie Vedder controlando hasta el último punto del proceso creativo del grupo en su búsqueda de recuperar el control que creía perdido con la llegada de la fama, provocando que el resto de sus compañeros, quemados por la excesiva monopolización de su cantante, adquirieran una sensación de inferioridad frente al torbellino musical y artístico de Vedder. Todo parecía a punto de estallar, y los momentos previos y posteriores a 1996 fueron donde más cerca estuvieron de cerrar de forma definitiva su legado llegando a la separación. Pero todo cambió a partir de Yield.


Fue necesario que Eddie extirpara sus propios demonios, bien puede que fuera en sus continuos viajes por Europa en 1997, donde vivió principalmente en Roma aunque también una breve temporada en Barcelona. Tal vez fue en el Viejo Continente donde encontró la redención a sus problemas internos con la fama y donde recapacitó su posición en el seno del grupo. Sea como sea, Vedder llegó al estudio con otra actitud. Al término de la grabación de No Code, el cantante explicó a Jeff Ament que le quitaría bastante presión que el resto trajera canciones más completas al estudio. Por lo general, el proceso compositivo de Pearl Jam se había realizado de la misma manera: los miembros del grupo llegaban con ideas que desarrollaban junto a Vedder, quien realizaba la letra y terminaba por ende de convertir estas ideas en canciones, siendo quien mantenía siempre la última palabra sobre la propia composición. Como averiguamos en No Code, Vedder había aumentado el control sobre la producción musical de Pearl Jam conforme empezó a recelar de cuánto de sí mismo dejaba expuesto: al ser quien ponía siempre la letra, consideraba que las canciones le exhibían en demasía. En Yield dio un giro a su posición: ofreció al resto escribir para quitarse tanto peso de encima.



Que Vedder delegara responsabilidades en sus compañeros mejoró el ambiente general en una banda que precisamente necesitaba sentirse más valorada. Y de este modo sus compañeros le hicieron caso a Vedder: la mayoría de las canciones de Yield llegaron prácticamente conclusas al estudio, dándoles más tiempo para perfeccionar su resultado final en este mismo. Esto acarrea otra consecuencia: Pearl Jam vuelven a disfrutar haciendo música. El resultado de siete años de carrera con sus cinco álbumes de estudio ha convertido a sus integrantes en músicos con todas las de la ley, estabilizados ya como intérpretes, pasan a profesionalizarse como artistas. Encontrado su estilo y su sonido, también han encontrado su sitio. Por ello, podemos decir sin ambages que Pearl Jam encontraron su madurez en la grabación de Yield.


También en Yield sentaron las bases de su presente y futuro. Tras luchar contra todo, llegó el momento donde se dieron cuenta que la mayoría de obstáculos en su carrera habían sido impuestos por ellos mismos. Darse cuenta de su posición como banda y aceptar su éxito como tal llevó que Pearl Jam terminaran aceptando ciertas obligaciones que conllevaba la profesionalización de su trabajo: no tenía sentido cargar contra la industria musical si a la misma vez se estaban sirviendo de ella. Aceptada su esencia, abandonar ciertos combates no era claudicar, sino reconocer que lo realizado hasta la fecha no era únicamente un viaje intenso de un par de años mágicos, sino la profesión que ejercer durante una vida. No abandonaron su postura crítica de facto -como vimos en nuestro repaso a Riot Act- pero admitieron que no todas sus luchas llevaban a buen puerto. Así, en Yield encontramos entrevistas en televisión, un breve documental de su grabación -Single Video Theory, que podéis ver aquí- o incluso el primer vídeo musical de la banda desde Ten.


Todos los caminos llevan a la madurez. Y por ello es entendible por qué Yield se convierte, sin ser su mejor álbum, en el clímax de la carrera de la banda: se siente como la consecución final a un largo, tormentoso y esplendoroso viaje, al punto de encuentro de muchos frentes abiertos a lo largo de convulsos años. Esto desembocó en que, si bien no podríamos entender Yield sin la experimentación dada en Vitalogy y No Code, se recupere cierto sonido abandonado en Vs. No en vano en su época se celebró Yield como un regreso a sus orígenes, si bien es cierto que la perspectiva nos hace ver que es la consecución final de un camino.


YIELD, TEMA A TEMA


Si bien en No Code apostaron por un comienzo fuera de lo convencional, la apertura de Yield, Brain Of J, vuelve a la energía mostrada en Vs (Go) o Vitalogy (Last Exit). Esta vez no hay contemplaciones: la bienvenida es con un derechazo directo a la mandíbula, como bien saben hacer en esta casa: rápido, conciso y sin hacer prisioneros. Puede parecer aislado cuando escuchamos el inicio onírico de Faithful, más cerca del folk, pero esa ilusión desaparece con la entrada de McCready, compositor de ambos temas -sus tres composiciones para Yield serán tres de los mejores temas de este- en un tema que recuerda en forma a Over The Hills And Far Away de Led Zeppelin, abriéndose en capas como una muñeca con un gran estribillo capitaneado por Vedder y llegando a su clímax en un duelo de guitarras bien engrasado. Una de mis favoritas personales de la banda.


Tercer tema en el listado y el nivel no decae ni por asomo: No Way ostenta el título de ser la primera obra en estudio de Pearl Jam donde Eddie Vedder no compuso la letra, ya que como hemos apuntado antes, delegó más en estas tareas. En este caso será Gossard quien estrene este curioso marcador en un tema puramente suyo y de lo más experimental del conjunto aunque se siente como una hermana marciana de Not For You. Con un riff monótono y un Vedder fuera de su zona de cónfort, No Way nos lleva exactamente por dónde quiere en un punto diferente, y por ello especial, antes de llegar al himno del álbum. Tercera y última canción de un McCready enrachado que aporta uno de los temas más recordados de la banda: Given To Fly, donde se fusila sin pudor alguno a Led Zeppelin -el parecido con Going To California es más que notorio- sin que eso pese al resultado, nos asciende de la mano de Vedder paulatinamente hasta llevarnos a lo más alto, y ahí, nos zambulle en el mar como si fuéramos una ola gigante. Given To Fly llega a tu vida y no se marcha nunca más, en uno de esos ejemplos perfectos de cuán fácil es para Pearl Jam llegar a la emotividad: aquí es imposible que no sientas que son gente como tú, que toca para ti, con el único objetivo de provocarte un nudo en la garganta y erizar hasta el último pelo de tu piel. El tacto melódico de Given To Fly es palpable. ¿Por qué? Porque es una obra maestra.


Puede que en alguna escucha Wishlist se haga pelín cargante al ser tan repetitiva -puede que hasta la fecha hablemos de su canción más simple- pero es evidente que hablamos de un tema mayor, cercano por momentos al power-pop y que funciona en su desnudez. De este modo llegamos a uno de los puntos más discutidos de Yield: Pilate es, a la vista, un claro descenso de calidad respecto a las cinco canciones anteriores. Debe su rechazo a un choque entre su lánguida estrofa y su chirriante estribillo. A mí me funciona mejor este segundo, pero es evidente que no estamos frente a los Pearl Jam más inspirados. Este descontento se olvida rápidamente una vez llega el cortante riff de Gossard en Do The Evolution, una de las piezas aceleradas más celebradas de su repertorio y que retrae a aquellos tiempos --aquí no tan lejanos- donde componían himnos del rock con una facilidad fastuosa. Do The Evolution es, simplemente, magnífica: con uno de los estribillos más poderosos que se les recuerda, contrastando al Vedder melódico con el que se desgañita como en sus inicios: estamos, pues, frente a una genialidad.


Una leve introducción casi hawaiana llamada Red Dot -aunque en plataformas digitales se hace llamar Red Bar, aunque es difícil de aseverar pues en el tracklist del álbum es un punto rojo- abre paso a MFC, un tema donde el riff que lo vertebra es mejor que el resultado final, un intento de realizar otro Corduroy con Vedder relatándonos sus viajes en motocicleta por Italia que funciona bien sin llegar a la excelencia. Más atino tendrá Low Light, que de nuevo recuerda a Led Zeppelin en una preciosa tonadilla de aires folk compuesta por Ament en tono acústico que cuenta con una estupenda progresión. Puede que de primeras no sea la canción que te cautive pero sí la que más crece a cuantas más escuchas reciba el álbum.


Paren las máquinas: ¿qué es ese riff de guitarra? ¿Se nos ha colado una canción del Ten en el listado? ¿Por qué me está haciendo cosquillas la forma de cantar de Vedder? No hay compositor dentro de la banda que sea más capaz de crear el sonido Pearl Jam que Gossard e In Hiding, la gran tapada de Yield, es uno de los mejores ejemplos: es imposible que no admires a los de Seattle y no te derritas con una canción donde confluye todo. Suena a clásico de sus orígenes a la par que muestra la madurez recogida durante el camino: suena a Ten y a No Code a la par.


Es habitual encontrar el punto experimental en cada álbum del grupo y como habréis podido constatar a lo largo de este repaso, el spoken-word y los ruidos son una constante en dicha experimentación, en muchos de estos mismos casos a todas luces innecesaria: Push Me Pull Me no es uno de ellos, siendo una interesante muestra de art rock más atinada de lo normal en este tipo de experimentos, ayudada por un estribillo que se te clava para no marcharse jamás. Cerramos álbum con All Those Yesterdays, pieza in crescendo que inevitablemente rememora a los Beatles -más en concreto a All You Need Is Love- con voces dobladas de Vedder, quien le da un punto ensoñador con la letra para acabar en un final acorde a lo esperado: un estupendo cierre con la guitarra de McCready acompañada de unos coros tremendamente Beatlerianos. Una magnífica manera de cerrar un álbum a la que sigue un breve track oculto de sonidos tribales.


VEREDICTO


Descontando la trilogía inicial, no cabe duda de que estamos ante el álbum más importante de la carrera de Pearl Jam, donde encontraron la definitiva madurez como grupo -la estabilidad llegaría un poco más tarde, ya que Irons abandonaría la banda en la gira de presentación de este Yield provocando la llegada de Matt Cameron- y confluyeron todos sus frentes artísticos abiertos en un trabajo menos conceptual y experimental que sus dos anteriores entregas. Aunque no llegue a las cotas de sus primeros discos, estamos en el clímax de su carrera, en el momento donde más atinados están como artistas, y se nota.


La valoración estaría entre el ocho y medio y el nueve: hoy tras terminar el repaso me movería más cerca de este último.


MEJOR CANCIÓN DEL ÁLBUM


Hay varias que podrían recibir tal galardón sin problema alguno: está claro que el himno es Given To Fly; que Do The Evolution es perfecta; que Brain Of J es uno de sus mejores inicios de álbum… Podría proponer perfectamente Faithfull, como ya he dicho uno de mis fetiches en su discografía. Sin embargo, creo que In Hiding es donde Yield toca techo: en el tema más Pearl Jam de todo el álbum, con ecos de clásico perdido y con todo lo que puede gustar de la banda unido en tan solo cinco minutos de duración. Todo por lo que hemos pagado entrada en este viaje está condensado en In Hiding, una maravilla muy Gossard -no en vano el compositor del grupo donde más reside el sonido de este- espoleada por la voz de Vedder en uno de esos ejemplos de cuán bien saben mezclar la emotividad con la grandilocuencia.




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