• Marcos Alcaraz

Un repaso a... Pearl Jam: 7- Binaural (2000)


Continuamos nuestro repaso semanal a la discografía de Pearl Jam de su peor al mejor álbum. Hoy toca el séptimo disco de los diez que vamos a valorar -no estamos contando todavía Gigaton- que en su día fue minusvalorado e incomprendido: el oscuro Binaural (2000).


Por si te los perdiste, aquí tienes los repasos anteriores.


10- Lightning Bolt (2013)

9- Backspacer (2009)

8- Riot Act (2002)




BINAURAL: OTROS LLEGARÁN QUE BUENO TE HARÁN


Si hay un álbum de Pearl Jam difícil de reseñar es este que nos abarca hoy. En su día, Binaural fue el trabajo peor valorado del grupo, índole que muchos siguen manteniendo. Pifia estrepitosa para la crítica e incomprendido para un público que pasó de él, muestra clara que sus ventas no llegaron siquiera al millón de copias. Visto con perspectiva, tampoco era para echarse las manos a la cabeza. Si que a esas alturas, principios del año 2000, podíamos hablar del peor álbum de Pearl Jam, pero los años han demostrado que ese no era, ni mucho menos, su nivel más bajo compositivo.


Cómo se fragua un trabajo tan oscuro como Binaural puede imaginarse fruto de situaciones convulsas en el seno del grupo o tras largas disputas entre compañeros. Sin embargo, antes del entrar al estudio Pearl Jam vivía un momento dulce en su carrera. El anterior Yield había sido muy bien recibido, y en directo había funcionado especialmente bien, ahora ya acompañados de Matt Cameron a la batería, ya que después de que Soundgarden anunciase su separación encontró cobijo con sus amigos de Pearl Jam, camaradas habituales muchos años atrás. Y ahí está, hasta el día de hoy, siendo el batería que más tiempo ha pasado en la banda y dando estabilidad a la formación. Aparte de eso, 1999 había sido un buen año dado a que la versión de Last Kiss había sido un pelotazo, pasando de su entrada en listas del puesto 49 al 2 y convirtiéndose en su mayor éxito comercial. Buenos tiempos entonces para la que ya era confirmada como una de las bandas más grandes de su época.


Pero cuando todos llegan al estudio para empezar a trabajar en la continuación de Yield, la mayoría de ellos sufre de un proceso de bloqueo creativo, en especial Eddie Vedder. La parálisis creativa tendrá muchas referencias en Binaural, equiparada al bloqueo del escritor: no en vano el álbum cerrará con el sonido de una máquina de escribir. Lo único que tenían claro en todo esto es que querían cambiar de aires en este nuevo paso, por lo que comunican a su productor habitual Brendan O’Brien que esta vez van a prescindir de sus servicios, siendo el primer disco hasta la fecha con el que no contarán con O’Brien.


En su lugar, contratan al productor Tchad Blake, responsable de la mezcla de artistas como Sheryl Crow, Suzanne Vega o Ani Difranco. ¿Y qué pega un productor de estas caracteríasticas con el sonido tan propio de la banda? En ese afán por experimentar en este nuevo paso de su carrera, Pearl Jam estaban interesados en probar la grabación binaural, un sistema de reproducción que trata de imitar la forma en la que el oído humano descompone el sonido. Se graba con dos micrófonos on la intención de lograr una sensación de audio estéreo en tridimensional. Muchas veces este proceso se realiza con el busto de un maniquí con micrófonos colocados en su interior, buscando la reproducción más exacta posible de la forma del oído humano para intentar captar el sonido de la misma forma que lo hace este. La idea final del grupo era que el oyente sintiera que está en la misma habitación donde Pearl Jam graba el álbum.


Sin embargo, el sonido binaural tiene un problema: escuchado con auriculares tiene muchas matices, pues al fin y al cabo está diseñado para eso, pero sin embargo en altavoces suena apagado y sin fuerza. Y muchas de las canciones más rockeras del conjunto no funcionan en este nuevo sonido. Otra dificultad: Matt Cameron es uno de los mejores baterías de su década, tremendamente versátil y de estilo impactante, pero su llegada se produce con un trabajo donde él no ha colaborado prácticamente y con un estilo de producción que no le da protagonismo. En palabras del propio Gossard, “es uno de los mejores baterías de la historia y sin embargo hemos escrito canciones que no le tienen en cuenta”. Surgen las dudas en el grupo, no tienen claro que hayan acertado con su elección y, atemorizados por un posible fracaso, recurren de nuevo a Brendan O’ Brien para que mezcle las pistas trabajadas. La llegada de O’Brien cambiará por completo la concepción de Binaural, remezclando más de la mitad de las canciones y eliminando varias del tracklist inicial que serán finalmente publicadas en el recopilatorio de caras B Lost Dogs. Sería el caso de canciones como Sad, Education o In The Morning -en el caso de la primera es especialmente doloroso, ya que es superior a la mayoría de temas acelerados del conjunto- e introduciendo God’s Dice.



Hablábamos antes de bloqueo creativo: nadie lo acababa de creer estando el grupo en uno de sus mejores momentos comerciales, con una agenda de conciertos que ya la quisiera cualquiera. Vedder pasó largas noches sin dormir intentando componer sin éxito. No era precisamente el único de sus miembros con problemas: McCready llega de un momento muy complicado, ya que en su lucha con la enfermedad de Crohn se había aficionado a las pastillas, teniendo finalmente que recurrir a la rehabilitación. Por tanto, y en palabras del mismo McCready, “no estaban todos en la misma página”.


Sin embargo Eddie Vedder, que jugueteaba con su ukelele entre intento e intento de componer, realiza la canción que descorcharía el resto: Soon Forget, en realidad una minucia pero que acabaría con el bloqueo creativo de Vedder y descubriría a éste un camino que empezaría a explorar en solitario. Podemos estar hablando del punto más flojo de Binaural pero a la misma vez uno de los más importantes de este ya que soluciona la parálisis creativa del grupo y da pie al inicio de la carrera por libre de Vedder.


Con todas estas piedras se forja Binaural, un álbum que no fue presentado en ningún programa, que no tuvo vídeos musicales y que simplemente se editó y lanzó, siendo como hemos dicho antes el mayor fracaso en ventas de Pearl Jam hasta la fecha. En cierto modo justificado pues hablamos del álbum más experimental hasta ese momento -Riot Act dará un paso más- y, por encima de todo, más oscuro. En su interior no se encuentran singles como tal. Y tampoco tiene sentido que hablemos de un paso alejado de lo que cabe esperar de Pearl Jam, porque al fin y al cabo Binaural es una continuación directa de su precedente Yield, que mantiene a los de Seattle en esa madurez sonora que habían encontrado, más cercana al rock de Neil Young que al sonido grunge de sus inicios. Incomprendido entonces, lo cierto es que Binaural no es para nada el sonoro fracaso que anunciaron en su día. Incluso en su interior podemos encontrar momentos que son un claro acierto. Aunque, tal y como ocurrirá en Riot Act, da cierta impresión de que han olvidado cómo componer canciones aceleradas acertadas, son los momentos más reposados en gran medida lo mejor de un trabajo al que le ha sentado bien envejecer.



BINAURAL, TEMA A TEMA


Binaural se abre con tres canciones aceleradas de escasa duración -ninguna de ellas supera los tres minutos- que fueron en su momento muy discutidas. De ellas, la que tiene una mayor vocación de single es la Breakerfall que abre el álbum, una canción rápida con la clara referencia de The Who sobrevolando encima de ella. Un inicio claramente prometedor, que palidece si lo comparamos con otras aperturas como Last Exit, Go, Once o Brain Of J, y que sin embargo destaca si lo comparamos con otras que le precederán. Le sigue God’s Dice, pieza rápida compuesta por Jeff Ament que pasa volando provocando una sensación agradable pero sin dejar mucho poso en su camino. Pero sin duda alguna la más discutida del lote es Evacuation, la primera composición de Matt Cameron del grupo, con esa estructura tan quebrada característica de un batería. El mismo Cameron admite que es una de las canciones más odiadas por los seguidores de Pearl Jam. No es tampoco desdeñable: el estribillo es chirriante y algo mundano, pero sus continuos cambios y su buen puente hace que se llegue a estimar en parte con sucesivas escuchas.


A estas alturas cabe esperarse un descalabro, pero justamente lo mejor de Binaural llega a partir de ahora. El comienzo del mejor trayecto del disco lo da una de las canciones más recordadas de éste, Light Years, una muestra clara de lo bien que se le da a Pearl Jam parir medios tiempos marca de la casa. Todo lo que cabe esperar de ellos está aquí, creando una melodía que puede convertirse con facilidad en una favorita personal de cualquiera de sus oyentes. En ella Vedder canta a un amigo fallecido, y no será la única canción que verse sobre la muerte en este álbum. Y después de dejarnos gran sabor de boca, llega el momento culmen: la obra que da sentido a toda la publicación y que por sí sola ya premia la escucha de Binaural. Hablamos de Nothing As It Seems, compuesta por Ament en una clara intención de juguetear con el sonido de Pink Floyd y que en esta búsqueda de emular a Gilmour encuentra a Mike McCready, quien se la lleva a su terreno realizando absolutas maravillas con su guitarra, llegando a la explosión en uno de los mejores solos de su carrera. Una pieza oscura y fascinante, realmente maravillosa, que invita a ser escuchada una y otra vez. Entre Light Years y Nothing As It Seems Pearl Jam regalan diez minutos de pura ambrosía musical.



No decae la calidad en Thin Air, primera de las composiciones de Stone Gossard para Binaural y por ello muy de su cuerda. Se trata de un medio tiempo acústico que Vedder se encarga de hacer emocionante cuando más lo necesita. Y si bien decíamos antes que por norma general son las canciones aceleradas las menos acertadas de Binaural, Insignificance es una clara excepción, una muestra del mejor rock de estadios que tan bien son capaces de facturar: puede que no estemos hablando de Rearviewmirror, pero no le anda tampoco muy lejos, bien en parte por un estupendo Vedder -otra vez- que con su fuerza la convierte en algo muy poderoso, especialmente una vez llega su estribillo, y que McCready se encarga de rematar con un sencillo pero efectivo solo. Continua Gossard dando el toque acústico en la siguiente Off The Girl, medio tiempo algo alargado pero de sinuoso avanzar con miras a Led Zeppelin y con un buen duelo de guitarras entre la acústica de Gossard y el toque sucio y casi funky de McCready.


Grievance es la hermana pequeña de Insignificance y todo apunta a que su concepción tuvo lugar a la par que ésta. Siendo estimable, no está tan inspirada como su hermana mayor, pero aún así es apreciable. Como decíamos antes, los momentos rockeros no son lo más destacado de Binaural -pero aún así son estimables, más que los de su continuación Riot Act, a las que ya hicimos mención. Una muestra de esto es Rival, una debilidad personal desde el primer momento con una guitarra entre Zeppelin y Neil Young acompañada de un repetitivo toque de piano, uno de los momentos aparentemente menores del conjunto pero que dan lustre a este mismo. Un tema novedoso que, eso sí, queda en convencional si tenemos en cuenta a la posterior Sleight Of Hand, sin duda alguna el punto más experimental a tratar y por ello una canción que busca ser amada como acaba incitando a ser odiada. En mi terreno personal, me costó muchas escuchas llegar a apreciarla, curioso en mi proceder ya que suelo valorar aquellas ocasiones donde llevan más allá su arquetípico sonido. En todo caso, considerarla fallida sería un error.


Llegamos de este modo a la canción que lo desencadenó todo: me encantaría ver las caras de los aficionados de Pearl Jam escuchando por primera vez a Eddie Vedder cantando sobre la melodía de su ukelele en esta Soon Forget. Animalitos, lo que les espera. Finalizamos con Parting Ways, de estilo arquetípicamente propio de la banda, igual incluso por encima de lo que cabe esperar, un tema que llega hasta donde su producción le marca y de los que más favorecidos salen del sonido binaural buscado en un inicio, pero que sin embargo finaliza cuando cabe esperar que se alce.


VEREDICTO


Durante mucho tiempo, probablemente inducido por las malas críticas, Binaural fue el disco al que menos me acerqué de Pearl Jam y han sido los años los que me han ido mostrando que para nada es el paso en falso que apuntaron en su día. Un álbum de índole experimental, de tono oscuro y no comercial, donde a las canciones aceleradas les falta un par de puntos en su mayoría -sin llegar tampoco a la mediocridad- pero de grandes momentos especialmente en su tramo central, con grandes canciones que son gemas ocultas en una mastodóntica carrera.


Su valoración numérica es evidente a mi parecer: hablamos de un claro siete, un notable bajo.


MEJOR CANCIÓN DEL ÁLBUM


Aunque Binaural regala varios buenos momentos, no tengo dudas en que el mejor momento de su conjunto está entre Light Years y Nothing As It Seems, siendo cualquiera de las dos una estupenda elección para reflejar lo mejor de un conjunto minusvalorado. La primera es tal vez más conservadora al ser tan marca de la casa, pero lo bien que se le da a Pearl Jam este tipo de temas es inapelable. La segunda es más arriesgada y oscura y por ello hipnótica. Dos enormes composiciones que por sí ya dan sentido a un álbum.



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