• Marcos Alcaraz

Un repaso a... Queens Of The Stone Age: 7- Lullabies To Paralyze (2005)

Aunque todavía somos un medio joven, habréis podido constatar que en Melopea gusta coger la discografía de uno de nuestros grupos favoritos y escucharla de inicio a final sin dejarse una sola nota, siendo con ello la banda sonora de semanas o incluso meses, labor que se ha de hacer con gusto al determinar la música de tanto tiempo. Quizá por eso, para seguir repasando carreras musicales después de haberlo hecho con Pearl Jam, se ha decidido seguir con otra banda idónea para pasar unos cuantos días encerrado en ella: hoy empezamos a repasar el trabajo de Queens Of The Stone Age, uno de los pilares categóricos de la música rock en los últimos 20 años y quizá por influencia en el resto el grupo más importante del género en la actualidad.


La discografía de Queens Of The Stone Age, bajo el juicio de este servidor, no tiene tacha alguna: realmente ordenarlos de peores a mejores no deja de obedecer a simple diversión del autor. Como podéis imaginar, los únicos motivos para clasificar los trabajos en un listado serán bajo mi propia opinión, con la que podréis estar o no de acuerdo -seguramente en varias posiciones haya disconformidad- pero en todo lo que conforme el repaso se intentará ser lo más ecuánime y magnánimo posible dentro de la propia subjetividad.



LULLABIES TO PARALYZE: EL PUNTO INTERMEDIO DEL CAMINO


No nos equivoquemos: colocar a Lullabies To Paralyze en este listado como el último no significa ni mucho menos que no sea un disco a la altura o que estemos hablando de un mal trabajo. Realmente, Queens Of The Stone Age no cuentan con álbum menor: todos ellos son disfrutables e incluso notables, y este Lullabies es un largo por el que soñarían contar muchas bandas a las que les encantaría estar en una posición como en la que se encuentran Josh Homme y compañía. Muchos habrá que señalen a este trabajo como uno de sus favoritos y ni mucho menos les podrá faltar razón: durante buena parte de mi tiempo como seguidor del grupo lo colocaría muy por encima de donde está ahora mismo en esta clasificación. Pero con el tiempo y a mi modo de ver, Lullabies se ha colocado históricamente como un álbum de transición.


Songs For The Deaf había terminado de definir a Queens Of The Stone Age como grupo en el que había sido el mayor éxito tanto crítico como comercial de la banda hasta la fecha, lo que les había embarcado en una exitosa gira que empezó a reflotar algunos problemas entre Josh Homme y la actitud de Nick Oliveri: tras una serie de desencuentros a lo largo del extenso tour, la noche que todo cambió tuvo lugar en la Razzmatazz de Barcelona. Allí, Nick Oliveri comenzó a lanzar botellas al público visiblemente borracho, alegando a Homme a comportarse de manera “más divertida”. Si el cantante no le partió la cara esa misma noche fue por puro milagro: milagro en forma de suelo encharcado que impidió que ambos llegasen a las manos.


Una mañana Josh Homme se pasó por la casa de Nick Oliveri, le dijo que no sabía si podía aguantar más tiempo con todo eso y se marchó. Oliveri quedó pensando que se estaba refiriendo a tirar la toalla con la misma banda, pero lo que no entendió es que realmente se refería a él: se enteró a través del comunicado oficial que dispuso en Internet el grupo que ya no era parte de este. Se ha dado muchas vueltas a esto, y aunque no le faltaban razones a Josh Homme para mandar a paseo a su compañero se apunta que el principal motivo de ruptura fueron las acusaciones que recibió Oliveri de maltratar a su novia, acusaciones que con el tiempo se verían refrendadas y que Homme marcaría como el punto y final para su relación con el bajista.


Lo cierto es que hasta ese entonces, Queens Of The Stone Age tenía dos líderes a los mandos y con la ausencia de Nick Oliveri todo cambiaba de la noche a la mañana: el mismo Josh Homme consideró si seguir o no con el grupo tras su marcha, no en vano había compuesto con él la gran mayoría de los temas de Rated R y Songs For The Deaf, canciones de autoría firmada a la par. No sería Oliveri la única baja sensible para la banda, ya que Mark Lanegan rechazó unirse al proyecto de manera regular y se centró en su propia carrera, aunque siguió colaborando en tres canciones de este Lullabies To Paralyze que hoy reseñamos, siendo además quién lo introduce al ser quien canta el primer tema del disco. Tenemos pues a Josh Homme de nuevo solo en su camino, uno donde partió por su propia cuenta, se fue rodeando de buenos compañeros y socios y donde ahora se encontraba como principal cabeza pensante. El único referente en el momento más delicado posible: tras tocar las mieles del éxito, parecía que todo iba a desmembrarse.



Tras publicar el álbum debut de su otra banda Eagles Of Death Metal en 2004, Homme se asocia con Troy Van Leeuwen, exmiembro de A Perfect Circle y quien ya había entrado a formar parte de la banda en la gira de Songs For The Deaf para que sea su gregario en la continuación de su proyecto estrella. También se suma Joey Castillo, quien también giró con Queens Of The Stone Age en la anterior gira supliendo a un Dave Grohl que no podía participar en todas las fechas que tenían programadas al también tener a Foo Fighters. Aquí es obligado apuntar que es difícil considerar que el proyecto sea de una banda “completa”, tal y como ha sido en los dos precedentes álbumes: no es descabellado colocar todo el peso de la banda en Josh Homme y en todo lo que gira a él, y será su interés musical el que marque el desarrollo del devenir del grupo en los siguientes años. Homme de nuevo es QOTSA y QOTSA es, de nuevo, Josh Homme.


El tiempo nos ha demostrado que con Lullabies To Paralyze nos encontrábamos ante un trabajo de transición: este retorno, especialmente alabado por la prensa especializada quienes dieron su visto bueno a la continuación de la banda después de su cisma, era el primer paso en un camino que Homme emprendería a partir de aquí y que cambiaría en buena parte la imagen y el sonido del propio grupo sin traicionar los cimientos donde se edificaron las ideas que dieron forma a Queens Of The Stone Age. De este modo Lullabies recoge a la vez todos los inicios de sendero que ha tomado Homme en ese momento: continuar una senda más melódica sin dejar de lado los sonidos potentes como así también enfatizar en su exploración de lo que él mismo denominó “robot rock” -rock que pudiera ser bailable- y a lo que dio pinceladas desde el mismo álbum debut.


Que sea el primer paso de un nuevo camino se nota en que, pese a ya tener dominado el clásico sonido Queens Of The Stone Age, todavía no se vislumbre el cambio de producción al que Homme va a llevar al grupo en el siguiente y que se remarcaría todavía más en los dos posteriores: Lullabies es sin duda el trabajo de la banda de producción más homogénea en un disco donde se toman varios y diversos caminos, pero que todos mantienen el mismo trato sonoro. No es que sea algo negativo -realmente la mayor parte de Lullabies suena como una apisonadora, y eso siempre es positivo- pero sí que enfatiza en esa visión de trabajo de transición entre los QOTSA que fueron más banda y los que están por venir.


Respecto al trabajo en sí, una de sus principales virtudes es lo bien secuenciado que está, al menos en sus diez primeros temas, ordenados de manera inteligente dándole forma y sentido como conglomerado completo, principal motivo por el que siempre mantiene la energía: es sorprendente que nos encontremos ante un trabajo tan denso y que en su mayor parte fluya tan bien para propios y ajenos al estilo que le caracteriza. Y por otro lado, la mayor crítica que podemos realizar es encontrarnos ante el que pueda ser su trabajo más irregular, con tres o cuatro canciones que deslucen un conjunto hasta entonces muy atractivo -coincide que todos los temas menos destacados están en la cara b- en una banda que suele ser bastante regular en la calidad de sus lanzamientos. Lullabies To Paralyze fue muy útil para mantener a la banda tras una división que podía haberla herido de muerte, en especial después de haberse acercado más que nunca al éxito, y donde Homme se asienta como ya cabeza definitivo del que ahora es más que nunca su proyecto.


LULLABIES TO PARALYZE, TEMA A TEMA


Lullabies To Paralyze comienza de forma anticlimática: la voz sinuosa de Mark Lanegan, quien ha mantenido a lo largo de su carrera una lucha constante por acercar su rango vocal al de Tom Waits, tan sólo acompañada de una guitarra clásica es la que nos abre paso en This Lullaby, pieza de poco más de un minuto cuyo fin es introducirnos en el contexto tenebroso y oscuro del álbum, lo que consigue con nota, especialmente cuando sirve de contrapunto a la también breve pero especialmente intensa Medication, pieza punk que se despacha a toda velocidad y que sirve como chute de energía para el oyente. Dos buenos temas por separado y cuya mayor virtud reside en el contraste que forman juntas.


Tras dos temas tan fugaces, es momento de entrar materia: es algo que logramos con una de los mejores momentos del álbum y un claro disparo nada indirecto al miembro del grupo que ya pertenece al pasado. Es inevitable pensar en Oliveri en Everybody Knows That You’re Insane, una de las principales joyas minusvaloradas con las que cuenta Lullabies To Paralyze y donde Homme llama chalado con mucha precisión a su excompañero bajista, incluso acomodándose en el falseto para enfatizar su mensaje. Aquí pillamos carrerilla, porque a Everybody le sucede la no menos notable Tangled Up In Paid, desarrollada a partir de un ritmo casi militar y de un riff marca de la casa que acaba estallando en un estupendo estribillo. De terminar de alzar el tema a lo más alto se ocupa el duelo de guitarras, como así también son destacables los lóbregos coros que la cohesionan.



Aquí aparece de nuevo la voz de Lanegan, esta vez susurrándonos de forma serpeante y logrando una atmósfera de pelicula de terror antes de que los golpes secos de la guitarra -en esta canción de Billy Gibbons, de ZZ Top- abran Burn The Witch, una de las canciones que más resuenan a Cream de todo el conjunto y donde Homme clava la voz de Jack Bruce. Es muy interesante tanto el estribillo mezclando registros graves y agudos del vocalista como así también la parte final de la canción, donde el desarrollo melódico cae en la instrumentación de las guitarras. Un aparente single menor que se convierte en uno de los principales puntos a destacar. En un álbum de pocos contrastes, de sonido tan homogéneo entre sí, es palpable la diferencia de tono que emite In My Head, quizá la más melódica hasta el momento y donde se mezclan a los omnipresentes Cream -ya hemos dicho que a partir de aquí van a ser especialmente notorios- con Foo Fighters. Segundo single del álbum, entre el buen riff inicial y el pegadizo estribillo se desarrolla un tema de claros ecos power pop que acaba perdiendo algo de fuelle en su reiteración. Lo bueno, si breve, dos veces bueno, como demuestra justamente la siguiente y principal single de este Lullabies: no hace falta ni llegar a los tres minutos para crear un hit tan redondo como es Little Sister, conformado a partir de un cencerro que remarca su tono bailable y que estalla con el que puede ser, sin lugar a dudas, el mejor estribillo de todos los que estamos comentando. El último minuto, con ese formidable que acaba en un enfático riff, termina por convertir a Little Sister en una bomba programada para explotar en directo.



Llegados hasta este momento, donde hemos valorado positivamente cada parte del álbum, tocaría esperar que este empiece a decaer. Si no, ¿por qué lo hemos colocado como el último en el repaso? Lo cierto es que una vez llegados hasta aquí, lo que da comienzo realmente son los diez mejores minutos de todo Lullabies To Paralyze: los que conforman las dos canciones siguientes a Little Sister. La primera, una de las mayores joyas ocultas en la discografía de Queens Of The Stone Age, una pieza que merecería mayor reconocimiento ya que tiene mimbres para estar a la altura de los mejores momentos melódicos de la banda y que tiene por nombre I Never Came, un medio tiempo que maneja a la perfección su timing y donde se luce Josh Homme, de nuevo logrando mejorar la canción usando su ya característico falsete. Y tras un breve reposo, llega el estallido de Someone’s In The Wolf, un receso a la idea más primigenia de Queens Of The Stone Age o ya del propio Homme en Kyuss, que no dejaba de ser mezclar a los Black Sabbath de Masters Of Reality o Vol. 4 con un enfoque más noventero. Los siete minutos más crudos a reseñar, con guitarras que se clavan como cuchillos y un tono que por momentos roza lo doom de tanta oscuridad que desprende. No sólo podemos estar hablando del mejor momento de Lullabies To Paralyze, sino también uno de los puntales de la propia discografía del grupo. Las guitarras aquí son, simplemente perfectas: la sucesión de buenos riffs es notoria y el tono psicodélico envuelve todavía más en oscuridad una canción que pese a su extensión acaba por hacerse corta. Sin duda alguna nos encontramos ante la cúspide, lo más alto de lo hasta ahora reseñado.



Tal y como apuntamos, Lullabies To Paralyze acaba por tener varias canciones irregulares y por desgracia para su parecer, se suceden todas en esta segunda cara del álbum. Este período de menor calidad da comienzo en la repetitiva The Blood Is Love, que si bien su precedente había logrado crear una atmósfera inquietante y desarrollarse a la perfección sin dar la sensación de que sobre un solo segundo, aquí un riff bastante menos inspirado rodeado de ecos de Screaming Trees acaba por cansar en un tema que no merecía nada más allá de ser cara b de alguno de los singles. Tampoco merece muchas concesiones Skin On Skin, experimento con gaseosa con alguno de los sonidos que van a tocar en Era Vulgaris y que aquí ni proceden ni tienen ningún viso de categoría. Alzamos un poco más el vuelo después de tal descenso con Broken Box, simpática canción de contagiosa melodía de nuevo fortalecida por el falsete de Homme y que te hace bailar de nuevo, tras la densa senda en la que nos había sumergido el álbum en los anteriores minutos.


Es probable con una duración menor, el medio tiempo bluesero “You’ Got a Killer Scene, Man” destacaría más de lo que hace finalmente, a pesar de que tiene algunas buenas líneas de guitarra, pero su excesivo minutaje acaba provocando que sus defectos se hagan más visibles. Algo mejor, aunque tampoco sobresaliente, es el cierre oficial del álbum, Long Slow Goodbye, que mejoraría si a estas alturas no llegásemos algo hastiados del camino y pidiendo la hora al colegiado. Aún así, hablamos de una pieza notable de interesante atmósfera y buenas melodías. Por si no era menester la longeva duración del disco, Lullabies To Paralyze tiene una pieza oculta instrumental que da una vuelta a Long Slow Goodbye dominada por los sonidos de viento.


VEREDICTO


Lullabies To Paralyze es en su mayor parte un trabajo notable, llegando hasta la décima canción a un nivel elevado y que cuenta con momentos brillantes. Un trabajo indispensable para consolidar a Queens Of The Stone Age como proyecto tras vivir sus momentos más turbulentos como banda: tras abandonar el barco -o ser directamente lanzados al agua como en el caso de Oliveri- varios de sus puntales, Josh Homme queda como absoluto capitán de nuevo en el que ya nunca dejará de ser su propio proyecto. Sin embargo, la excesiva duración del largo enfatiza que varias de las canciones que se encuentran en su cara b no están a la altura del resto, defecto con el que puede que el mismo Josh Homme esté de acuerdo, ya que todos los siguientes trabajos del grupo serán más cortos que este.


MEJOR CANCIÓN DEL ÁLBUM


Este título a mi juicio tendría tres luchadoras en la disputa y como curiosidad, las tres van seguidas en Lullabies To Paralyze -y todas en su trayecto central, lo que ayuda a elevar la consideración del disco. El estupendo single Little Sister podría merecer el premio, como así la maravillosa I Never Came, la joya olvidada de este trabajo. Pero vamos a considerar al momento más denso de un trabajo ya denso de por sí como la más destacada del conjunto: Someone’s In the Wolf, una formidable sucesión de riffs pesados con una de las atmósferas más trabajadas del largo y donde logran un sonido grave y vigoroso, a unos niveles a los que nunca más volverán.



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